La salida de Darío Leandro Genua de la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología de la Nación terminó de concretarse a fines de julio, después de varias semanas de versiones, negociaciones internas y una pérdida progresiva de poder dentro de la estructura del Gobierno de Javier Milei. Aunque formalmente el funcionario presentó su renuncia luego de ser notificado de su desplazamiento, distintas fuentes de la Casa Rosada coincidieron en que la decisión fue tomada por el jefe de Gabinete, Diego Santilli, y que el vínculo entre ambos había llegado a una “distancia irreconciliable”.
El recambio, que durante semanas estuvo atravesado por la interna entre distintos sectores del oficialismo, finalmente quedó definido este jueves con la designación de Adriana Baravalle, una especialista que proviene del ámbito privado y está más enfocada en inteligencia artificial, ciencia de datos y ciberseguridad, a diferencia de su antecesor, con un perfil político-administrativo. El desplazamiento no puede comprenderse sin tener en cuenta la reestructuración de la Jefatura de Gabinete que se produjo durante esas semanas. Genua había quedado identificado políticamente con Santiago Caputo, uno de los principales asesores de Milei, mientras Santilli avanzaba sobre distintas áreas que hasta entonces estaban vinculadas al esquema del asesor presidencial.
En ese proceso, la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología perdió parte de las competencias y organismos que tradicionalmente habían estado bajo su órbita. El Decreto 581/2026 trasladó el Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM) y la Agencia de Acceso a la Información Pública a la órbita directa de la Jefatura de Gabinete, mientras que ARSAT y el Correo Argentino pasaron a depender de la Vicejefatura de Gabinete del Interior, conducida por Gustavo Coria, un hombre de confianza de Santilli.

Ese movimiento significó una reducción concreta del poder institucional que tenía Genua. La Secretaría conservó, de todos modos, organismos centrales para la investigación y el desarrollo tecnológico argentino, entre ellos el CONICET, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), el Banco Nacional de Datos Genéticos, la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Centro Nacional de Ciberseguridad y VENG, la empresa vinculada al desarrollo de tecnología espacial.
La pérdida de ENACOM y ARSAT tuvo, por lo tanto, una lectura política además de administrativa. Esos organismos concentraban buena parte del poder sobre las telecomunicaciones, la infraestructura tecnológica y las comunicaciones estatales. El traspaso redujo el margen de maniobra de la Secretaría y reforzó simultáneamente la posición de Santilli. El perfil de Genua también había sido objeto de cuestionamientos desde el comienzo de su gestión. Licenciado en Administración de Empresas por la Universidad Católica Argentina, no provenía del ámbito científico o tecnológico.
Las críticas más fuertes provinieron de organizaciones científicas y de investigadores. Según las proyecciones del Grupo de Economía, Política y Ciencia (EPC), la Función Ciencia y Técnica (FCyT) de la Administración Pública Nacional alcanzará en 2026 apenas un 0,155% del PBI. Esta tasa representa el mínimo histórico absoluto desde 1972, superando incluso los peores momentos de desfinanciamiento de las últimas décadas.

La controversia no desapareció con la salida de Genua. Por el contrario, se profundizó durante las semanas inmediatamente anteriores y posteriores a su renuncia. El vencimiento de contratos de 374 becarios posdoctorales del CONICET, cuyos vínculos no fueron renovados al 31 de julio, generó una nueva movilización de investigadores, docentes y trabajadores del sistema científico. Este miércoles 12 de agosto, la Mesa Federal por la Ciencia y la Tecnología realizó una concentración en el Obelisco bajo la consigna “Ponete la camiseta”, en reclamo de mayor presupuesto y contra el ajuste.
La deriva del sistema científico-tecnológico y el conflicto con todos los sectores que lo componen se convierte así en el principal desafío que deberá enfrentar la nueva secretaria, Adriana Baravalle, designada oficialmente este jueves mediante el Decreto 730/2026, firmado por el presidente Javier Milei y el jefe de Gabinete Diego Santilli, designándola como la nueva secretaria de Innovación, Ciencia y Tecnología de la Jefatura de Gabinete. La funcionaria llega al cargo con un perfil marcadamente técnico y especializado en inteligencia artificial. Es magíster en Ciencia de Datos y Gestión del Conocimiento por la Universidad Austral y doctora en Inteligencia Artificial por la American Andragogy University. Además, es docente universitaria y es directora académica de synapsIA, una red regional de especialistas en inteligencia artificial

Según información de la Universidad Austral, se especializó en ciencia de datos, data mining, big data, inteligencia empresarial, planificación estratégica, prospectiva y criptología. Fue directora de Data Science and Processing en Eclypsium, Chief Data Officer de Zentricx y consultora independiente en estrategia de datos para sectores como petróleo y gas, finanzas, seguros, banca, salud, ciberseguridad y Gobierno. También ocupó funciones académicas y de gestión en la Facultad de Ingeniería de dicha universidad.
Su extenso currículum incluye además experiencia vinculada con la ciberseguridad y criptomonedas. Pero, siempre hay un pero, en el mundo de la academia y la investigación científica no es demasiado conocida, y eso se debe a que, desde el punto de vista científico, su producción ha sido casi nula. Según el ïndice Scopus, que es una de las mayores bases de datos de resúmenes y citas de literatura científica, nunca ha sido citada por otros investigadores, en ningún paper. Y solo publicó dos. Complejo, para tener a su cargo un sistema en el que la producción de investigación y publicación de papers es central.

Otro dato, no menor, es que su doctorado en IA fue realizado en una universidad prácticamente desconocida. La American Andragogy University (AAU) es una institución privada con sede en Hawái, Estados Unidos, que "opera bajo una modalidad ciento por ciento virtual y autodidacta orientada a adultos". Pero, de acuerdo con una demanda realizada contra la institución en 2009, no cuenta con acreditación de agencias reconocidas por el Departamento de Educación de los Estados Unidos, lo que limita la validez oficial y la convalidación de sus títulos en muchos países.
Sin embargo, la Casa Rosada la presentó como una especialista capaz de articular “los mundos de la academia, la tecnología aplicada y la política internacional” y vinculó su incorporación con una nueva etapa de la agenda de inteligencia artificial. De acuerdo con el anuncio oficial, sus objetivos serán profundizar la innovación y la transformación tecnológica del Estado, impulsar la adopción de nuevas tecnologías y fortalecer la relación entre el sector público, las empresas y el ecosistema científico y académico.
Su designación también tiene una dimensión política. Diversas fuentes afirman que Baravalle fue presentada a Santilli por Martín Migoya, CEO de Globant, una de las principales compañías tecnológicas argentinas. La elección refuerza la idea de que el nuevo esquema pretende acercar la gestión estatal al sector tecnológico privado. Sin embargo, el desafío de Baravalle será mucho mayor que la incorporación de nuevas tecnologías al Estado. Deberá conducir una Secretaría que conserva bajo su órbita al CONICET, la CONAE, el Banco Nacional de Datos Genéticos y otras instituciones estratégicas. Habrá que dejar pasar los días, pero las dudas y la desconfianza entre el sector científico-tecnológico nacional son abundantes.















Comentarios