El descanso en la Quinta de Olivos fue cualquier cosa menos tranquilo. Mientras el país procesaba una agenda económica asfixiante, el presidente Javier Milei decidió volcar toda su energía en su "campo de batalla" predilecto: la red social X (ex Twitter). Un análisis exhaustivo de su actividad digital reveló una cifra que asusta a propios y ajenos: casi mil interacciones en apenas 48 horas.
No se trató de una actividad protocolar o informativa. El "fin de semana salvaje" del mandatario estuvo signado por una virulencia dirigida, principalmente, contra el periodismo. Con más de 900 posteos —entre tuits propios, retuits y "likes"—, Milei descargó una artillería de insultos y descalificaciones que pusieron en la mira a medios y comunicadores específicos, con el Grupo Perfil y su fundador, Jorge Fontevecchia, como blancos centrales.
La teoría del "cartel"
Lejos de la moderación que se espera de la investidura presidencial, Milei utilizó su cuenta para difundir y validar teorías de "asociación ilícita" y conspiraciones de "sobornos" (la ya clásica "pauta") para explicar las críticas a su gestión. En su lógica digital, cualquier cuestionamiento no es un ejercicio de la libertad de prensa, sino un ataque coordinado por lo que él denomina un "cartel de periodistas" que añora privilegios perdidos.
La narrativa de la "asociación ilícita" no es menor: el Presidente no solo opina, sino que acusa de delitos desde una plataforma que llega a millones de personas, saltando cualquier intermediario o control institucional.
Frenesí en Olivos
La cronometría de su actividad arroja datos que bordean lo obsesivo. Durante el sábado y el domingo, el ritmo de posteos promedió casi una interacción cada pocos minutos durante sus horas de vigilia. Esta dinámica plantea interrogantes en el círculo político sobre el tiempo que el Jefe de Estado dedica a la gestión directa versus el tiempo que consume en la construcción de su propia "realidad paralela" en las redes sociales.
Para Milei, el algoritmo es el termómetro social definitivo. Sin embargo, este nuevo récord de hiperactividad digital deja al descubierto una faceta de gestión que prioriza el conflicto permanente y el señalamiento público por sobre el diálogo, marcando un hito en la comunicación política argentina: el primer presidente que gobierna, y ataca, a golpe de "scroll".














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