Domingo 22 de mayo, 2022

POLíTICA | 28-03-2022 05:53

Santiago Cafiero, el canciller que se volvió meme

De su discurso viral en inglés al insulto contra Lanata. Sus otros papelones internacionales.

Habían pasado pocas horas desde que Santiago Cafiero insultara en inglés a Jorge Lanata cuando el canciller publicó una columna de opinión en un periódico web militante. “Nos une la patria”, la tituló paradójicamente. Aunque no le hablaba al pueblo en general, sino a su propia coalición de gobierno que amenaza día a día con terminar de resquebrajarse.

Así es el ministro de Relaciones Exeriores: un hombre capaz de provocar una afrenta a un periodista que lo criticó y luego implorar que “no haya una ruptura de nuestro espacio político”. Cafiero pide mesura, pero él no tiene paz.

Agitado. La última fue una semana de furia para el canciller. Un discurso pronunciado en un precario inglés en la Expo Dubai 2020, llevada a cabo en los Emiratos Árabes, lo expuso. El hombre de confianza de Alberto Fernández leyó, con muchas dificultades, una carta cuyo objetivo era mostrar las bondades argentinas al mundo. Terminó por ponerlo en el centro de la escena.

“Yo tenía un discurso en español y cuando llegué ahí no había traducción simultánea, entonces me tiré a hacerlo en inglés”, argumentó después. Y completó de manera confusa: “Era parte de mostrarse humilde y de alguna manera mostrar lo que es la misión diplomática nuestra; que no es agradarle a la pronunciación de quienes han quebrado al país”. El canciller podría haber leído en español y evitado todos estos inconvenientes, pero eligió mal. No fue la primera vez.

El ex jefe de Gabinete habla inglés, aunque su pronunciación no es fluida, evidentemente. Tiene reuniones completas en lengua anglosajona y se ocupó de aclarar que había estudiado idiomas, aunque su nivel no era el adecuado para la circunstancia que le tocó.

Más allá de la traducción, la decisión de insultar a un periodista por las críticas vertidas fue la gota que rebalsó el vaso. “Lanata es un dickhead”, dijo. Y la oposición le saltó al cuello: “Es una vergüenza para el país. Debe renunciar hoy”, pidió el jefe de bloque PRO en Diputados, Cristian Ritondo. “En medio de una crisis, Cafiero se hace el vivo. Patético”, consideró la aliada de “Lilita” Carrió, Paula Oliveto. “El Presidente debe pedirle que dé un paso al costado”, completó el radical Rodrigo de Loredo.

No fue el único motivo por el cual la oposición pidió su renuncia, en estos últimos días: el lunes 21, diputados del PRO, acompañados por Javier Milei, pidieron el juicio político al ministro por “mal desempeño en sus funciones”. Lo acusan de no haber activado las alertas rojas para la detención de uno de los iraníes acusados por el atentado contra la AMIA. En la Cancillería niegan que eso haya sucedido.

Lo cierto es que Cafiero no está ocupando ese ministerio por su capacidad para representar al país ante gobiernos extranjeros. Fue la mano derecha de Alberto Fernández desde el inicio de la gestión. Y lo sigue siendo. En su oficina, como cuando trabajaba en la Casa Rosada, se siguen reuniendo los albertistas.

“Hubiese sido un buen secretario privado del Presidente. Uno con poder para manejar su agenda. Pero no está preparado para ser canciller”, protesta un diplomático de carrera del Palacio San Martín, donde hubo enojo por lo sucedido. Lo consideran un grave error protocolar, pero además aseguran que el ministerio tiene su propio cuerpo de traductores, que podrían haber sido útiles.

De todas maneras, en la Cancillería están acostumbrados a que dirigentes políticos lleguen como paracaidistas a un ambiente que, muchas veces, les resulta ajeno. De hecho, desde la recuperación de la democracia, solo dos ministros de Relaciones Exteriores tenían carrera diplomática: Susana Ruiz Cerruti, durante la gestión de Raúl Alfonsín, y Jorge Faurie, en el mandato de Mauricio Macri.

Disputa interna. El lunes 21, cuando el discurso en inglés y el agravio a Lanata seguían estando en el centro de la escena mediática, Cafiero ya había dado vuelta la página. En la cena de esa noche en la quinta de Olivos, junto al Presidente y a los ministros Gabriel Katopodis, Jorge Ferraresi, más algunos diputados, se habló menos del exabrupto que de la manera de no salir tan heridos de esta avanzada kirchnerista hacia el propio Gobierno.

Cafiero ya había pedido clemencia a través de la carta abierta en la que imploraba no llegar “al divorcio de nuestra fuerza política”. Pero no había surtido efecto. Por eso cambiaron de estrategia: el primer mandatario saldría a confrontar. En una entrevista con El Destape, horas después de la cena, disparó: "Escucho a todos, pero el Presidente soy yo y eso hay que entenderlo. Valoro a Máximo y a Cristina, lo que digo es cómo funciona un gobierno. No existe la presidencia colegiada”. Bomba.

Cafiero es un gran consejero de Alberto Fernández. Por eso muchos le achacan a él los errores no forzados que comete el Presidente. Como su gira por Rusia, donde le abrió las puertas de la Argentina a Vladimir Putin, días antes de que provocara la invasión a Ucrania. O los malabares infructuosos que realizó para mantener la neutralidad, a pesar de ir a contramano del mundo.

El currículum vitae del canciller lo deja en evidencia. Licenciado en Ciencias Políticas en la UBA, apenas fue concejal de San Isidro y funcionario de tercera línea en Buenos Aires, antes de saltar a las grandes ligas. De hecho, su CV, que ocupa menos de una página, hace referencia a su militancia social, pero también deja en evidencia su poca instrucción formal para lo que el cargo que ocupa requiere. De trabajar en una librería familiar a canciller. Un salto tan grande, que lo hace tropezar una y otra vez.

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Carlos Claá

Carlos Claá

Periodista político

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