Viernes 30 de septiembre, 2022

POLíTICA | 28-03-2022 06:48

El dilema de la oposición: ¿qué hacer con Mauricio Macri?

No quieren pegarse a él, pero lo necesitan para el 2023. Acuerdo de paz con Rodríguez Larreta y pelea con Gerardo Morales. Bridge y otras razones no reveladas de los viajes del ex presidente.

El planteo sorprendió a más de un dirigente de Juntos por el Cambio. El ex presidente, en persona, los intentaba convencer de que la oposición no debía acompañar al oficialismo en el acuerdo con el FMI. Argumentaba que tenía voces calificadas que le indicaban que la negociación era decepcionante y aseguraba que, si todo se derrumbaba, el kirchnerismo los iba a colocar en el lugar de cómplices: “Nos van a joder y me van a echar la culpa a mí”, les decía. A pesar del default, que estaba a la vuelta de la esquina, Mauricio Macri no cedía al pedido del radicalismo y la Coalición Cívica de no complicar más a Alberto Fernández.

Su visión cambió el 9 de marzo, cuando los diputados lograron reducir el proyecto de ley a un artículo, que le permitiría al Gobierno refinanciar la deuda pero que no avalaba el programa político que habían anexado al borrador inicial. A través de un Zoom en el que participaron las principales figuras de la oposición, Macri llamó a la concordia: “Debemos acompañar”, sentenció.

El torbellino político hizo que la primera reacción del ex presidente pasara casi desapercibida. Pero entre los dirigentes de Juntos por el Cambio reflotó un dilema que tienen desde el 10 de diciembre de 2019: ¿qué lugar ocupa Macri?

El acuerdo con el Fondo hizo que el líder del PRO volviera al centro del ring. Cansado de recibir críticas e insultos del oficialismo, reclamó a viva voz que desde Juntos por el Cambio lo defendieran. Siente que sus pares están en una carrera despiadada por ser candidatos a Presidente en el 2023 y que nadie le reconoce su lugar. Ahora organiza reuniones y está involucrado en cada aspecto de la coalición opositora. Se debate entre volver a ser candidato o limitarse al rol de fiscalizador de su espacio, pero no duda de que va a participar activamente de la interna. Si no se lanza, va a bendecir al dirigente que le presente al mejor equipo de gobierno. Macri está recargado.

Días de furia. Con el paso de las jornadas, el ánimo del ex presidente se fue moderando. Charlas con economistas y el intercambio de opiniones con el embajador de Estados Unidos, Marc Stanley, lo hicieron recapacitar: entendió que el default era un costo político demasiado alto, no sólo para este gobierno sino para el próximo. Las esquirlas de la bomba alcanzarían a Juntos, si regresan al poder en el 2023.

Al inicio del debate, Macri encabezaba “la posición más dura”, tal como la define un legislador. Los halcones del PRO lo secundaban, estaban convencido de que “cuanto peor, mejor”. Hasta llegaron a pensar en un 2001, una refundación. Sin embargo, nadie admite públicamente que las opiniones del ex presidente fueron, en un momento, las de no acompañar al Gobierno.

Incluso un dirigente que en off the record reveló que el líder del PRO lo intentó seducir con su posición extrema, horas después aseguraba en un programa de televisión que “cuando se debatió el tema, Macri dijo que había que honrar las deudas”. Nadie quiere dispararse en los pies.

Por el momento, los tiros que recibe el ex presidente son por elevación. Como el dardo que Facundo Manes le envió a los halcones, tras votar la media sanción en Diputados: “Celebro que muchos de los dirigentes en Argentina hayamos pensado en el país y no en su proyecto político personal. La UCR siempre discutió pensando en el país”, indicó.

El único que le apuntó con nombre y apellido es Gerardo Morales. A pesar de que a principios de marzo se habían reunido en un bar de Martínez para acercar posiciones, el jefe de la UCR lo ajustició apenas vio la oportunidad. “No quisiera que vuelva a ser presidente. Esa es mi opinión. Eso no le gusta a él y por eso se enoja conmigo. Yo digo lo que pienso y otros hablan por abajo”, opinó. Tras el debate, el gobernador de Jujuy agradeció a todas las fuerzas políticas opositoras. A todas, menos al PRO.

Por eso Morales está en la mira de Macri: el estilo del radical le genera mucha desconfianza. “Ojo con Gerardo que se turna: una vez me pega a mí y otra a vos”, le advirtió a Horacio Rodríguez Larreta en una de sus últimas comunicaciones.

La relación entre el ex presidente y el jefe de Gobierno porteño mejoró este verano, durante las vacaciones de ambos en el country Cumelén. Compartieron varias reuniones sociales y charlaron a solas. Macri le recriminó lo mismo que al resto: la falta de reconocimiento. El alcalde se disculpó y desde ese momento la conversación entre ambos es mucho más fluida. Se puede interpretar como señales de apaciguamiento, como enseña la etología, el estudio científico del comportamiento humano y animal. Rodríguez Larreta lo consiente, le lleva calma, aunque luego hace lo que más le convenga.

Es que el alcalde necesita a Macri de su lado en su aventura hacia la Presidencia. Si hay una interna del PRO, su apoyo será condición necesaria para avanzar a las generales. Pero además, porque garantiza un amplio número de militantes que puedan fiscalizar durante las elecciones. Un detalle abstracto que resulta de gran importancia el día de los comicios.

A la figura del ex presidente se la disputan todos. Patricia Bullrich también quiere su bendición y está convencida de disputarle el protagonismo a Larreta, a pesar de una versión que indicó que podía competir por la gobernación de Buenos Aires. En su entorno se apuraron a desmentirla: va por todo.

El hecho de que Macri esté otra vez en el centro del ring lo evidencia el cambio de proceder en su agenda. Según un dirigente de Juntos, antes para encontrarse con el ex presidente había que llamar a su secretaria, Amparo García Blesa, una mujer de confianza de Fernando De Andreis que desde el año pasado reemplaza a la histórica Anita Moschini, quien se jubiló. Ahora, es el líder del PRO el que pide las reuniones a diputados y senadores. “Se decidió a retomar el protagonismo”, aseguran.

De viaje. Cuando el Senado terminaba de debatir la ley del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, Mauricio Macri ya estaba lejos, a más de 7 mil kilómetros de distancia.

El ex presidente hizo pública una parte de su agenda en Estados Unidos: contó que había brindado una masterclass en el Adam Smith Center de la Florida International University. Pero no sería la única conferencia pactada en suelo norteamericano: también fue contratado por la Universidad de Georgetown para dar dos charlas más.

Allí, en la prestigiosa casa de estudios de Washington, es profesor Alejandro Werner, el ex director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, que fue una de las figuras clave en el acuerdo por US$ 57 mil millones firmado durante la gestión de Macri.

Entre ellos hay una buena relación. Por eso, el ex presidente presta especial atención a las consideraciones que hace el doctor en economía mexicano, que estuvo una década en el FMI y hasta llegó a reunirse con funcionarios de Alberto Fernández en el inicio de esta última negociación. En un artículo de la publicación Americas Quarterly, Werner calificó el trabajo del ministro Martín Guzmán como “un acuerdo débil, decepcionante”. Sus fundamentos llevaron al ex presidente a oponerse, en principio, al proyecto que Alberto Fernández había enviado al Congreso.

Macri estará poco en la Argentina cuando regrese de Estados Unidos. Por estar procesado en la causa de supuesto espionaje ilegal a los familiares de los fallecidos en el hundimiento del submarino ARA San Juan, el ex presidente debe pedir permiso para salir del país. Y allí va dejando las huellas de sus viajes: solicitó viajar a Italia entre el 25 de marzo y el 9 de abril. El motivo es que jugará un torneo internacional de bridge (ver recuadro). Pero en el medio seguirá sumando millas: desde el viejo continente irá a Qatar durante tres días para estar presente en el sorteo del Mundial, que se realizará el 1 de abril.

El ex presidente no necesita estar en Capital Federal para recuperar el protagonismo. De hecho, desde que inició el año, pasó la mayoría del tiempo afuera de Buenos Aires. En el verano, hizo de su casa de Cumelén el lugar de encuentro de muchos dirigentes políticos y de otras personalidades. El exclusivo country de Villa La Angostura se transformó en una pasarela de legisladores, pero allí también recaló un político y empresario de Arabia Saudita. Macri fue el anfitrión de Yasir Othman Al-Rumayyan, el asesor financiero del príncipe heredero árabe Mohamed Bin Salmán. Jugaron al golf, comieron asado y pasearon juntos en el helicóptero de Joe Lewis. Martín Migoya, CEO de Globant, también fue de la partida.

Paradojas de la política, Mauricio Macri está enamorado de la Patagonia, el “lugar en el mundo” de Cristina Kirchner. A más de un interlocutor le habló de las bondades del sur, cada vez que tuvo oportunidad. Allí festejó su cumpleaños, el 8 de febrero: Juliana Awada, “Toto” Caputo, Gustavo Arribas y el actor Martín Seefeld comieron sushi y celebraron los 63 años del creador del PRO.

En el ring. Que Macri haya recuperado la centralidad en la escena política generó la algarabía de algunos en Juntos por el Cambio, pero la preocupación de otros que tienen aspiraciones de liderar el espacio y para los que el ex presidente podría transformarse en un escollo. Donde se celebra, sin fisuras, es en el oficialismo.

Para el Frente de Todos, la figura de Mauricio habilita la crítica constante. “El Gobierno está mal, pero del otro lado está Macri”, asegura con tono de ironía un consultor muy cercano a Alberto Fernández. La última que le apuntó fue la presidenta de la asociación Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto. Le pidió a Alberto Fernández y a Cristina Kirchner que sean “más severos” con el ex mandatario. “No entiendo cómo no está preso y se va tranquilo de viaje a Europa habiéndonos dejado en la miseria”, protestó.

Una de sus últimas actividades públicas en la Argentina, antes de partir a Estados Unidos, fue la visita a Expoagro, la feria relacionada al campo más grande del país. Se paseó entre los stands junto a su ex ministro de Producción, Francisco Cabrera, entre aplausos y otros gestos de afinidad. Le sirvió para levantar el ánimo.

Sin embargo, Macri está desilusionado. Entiende que el acuerdo del Gobierno con el Fondo le dará la chance de llegar hasta el final del mandato sin mayores sobresaltos, pero que no habrá margen, ni intenciones, de realizar ningún tipo de reformas. Y sin eso, la situación del país seguirá en estado de coma durante los siguientes años. La idea de que no haya cambios importantes lo frustra.

En el debate por el acuerdo con el FMI, Macri se sintió utilizado por el oficialismo, pero también desprotegido por los propios. Se enojó con la cantidad de veces que el proyecto del Gobierno lo nombraba en calidad de máximo responsable de la situación. “La deuda es de Macri”: ese argumento lo puso en pie de guerra.

Esa situación lo colocó en un lugar incómodo. De repente, las posiciones del ex presidente y del líder de La Cámpora, Máximo Kirchner, se parecieron demasiado. Los extremos, las opiniones más duras de cada lado de la grieta, se tocaban y mostraban disconformidad con el proyecto oficial. En el Congreso fue un triunfo de los moderados y eso los expuso.

Sin embargo, a diferencia de Máximo, Macri volanteó a tiempo. El hijo de la vice quedó visiblemente aislado tras no participar del debate y bajar al recinto a último momento para votar en contra, junto a una minoría de la Cámara baja. Al ex presidente, en cambio, lo convencieron a tiempo de que debía apoyar. Cuando la oposición consiguió reducir el proyecto sólo al pedido del crédito, excluyéndose de la responsabilidad del memorando político, dio el brazo a torcer. Incluso le costó convencer a alguno de sus halcones de que desistieran: querían ir por todo. “Quedó bastante enojado, pero entendió que era lo mejor”, revela un dirigente que participó del Zoom y de la negociación interna.

Mauricio Macri está de vuelta. Y con él reaparecen en escena muchos de los funcionarios de su gestión. De hecho, en los primeros días de marzo el ex presidente se reencontró con su jefe de Gabinete, Marcos Peña, en su oficina de Avenida Libertador. La relación se está reconstruyendo.

Como ningún otro dirigente, el líder del PRO tiene plena potestad para torcer el rumbo de muchas voluntades. “Si Mauricio decide jugar, se tienen que bajar todos”, exagera un legislador de óptima relación con el ex mandatario. Si no juega, los candidatos requerirán su beneplácito. Por esa razón esperan que para fin de año este gran dilema esté resuelto. Mientras tanto, la oposición deberá convivir con la incertidumbre.

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Carlos Claá

Carlos Claá

Periodista político

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