“Hoy la inteligencia argentina se mandó una a lo Mossad engañando a prácticamente todo el planeta y la verdad que da bastante orgullo”. El posteo de Agustín Antonetti, analista de la Fundación Libertad con casi medio millón de seguidores, resumió en una línea el clima que se respiró en el ecosistema libertario tras la salida de Flavio Bolsonaro de Brasil a través de la Argentina. Lo que en Brasilia se leyó como una fuga, en las redes oficialistas se celebró como una hazaña.
Los hechos son, hasta ahora, estos. Flavio perdió el balotaje del domingo frente a Lula da Silva. Al día siguiente, la Justicia brasileña, con la firma de Alexandre de Moraes, le ordenó entregar sus pasaportes y le prohibió salir del país. El lunes por la noche, un Gulfstream G400 de la empresa Baires Fly aterrizó en Puerto Iguazú. Mientras medios de todo el mundo informaban que el senador ya volaba hacia Estados Unidos, Migraciones aseguraba no tener registro de su ingreso. Finalmente, el mismo organismo confirmó que a las 22.50 del 27 de octubre Flavio, su esposa y sus dos hijas cruzaron el Puente Tancredo Neves y abordaron el avión, con plan de vuelo a Guayaquil. Según la versión oficial, entró “sin ningún impedimento legal”.

Antonetti fue más lejos. Sostuvo que una “pista falsa” engañó al New York Times, Reuters, AP, CNN y la BBC, “incluido los propios brasileños”, y que la inteligencia argentina “despistó a todo el planeta en una jugada maestra” para sacarlo rumbo a un exilio en Estados Unidos. Fue retuiteado por el diputado Agustín Romo, cercano a Santiago Caputo.
Desde la Casa Rosada, en cambio, negaron cualquier participación. Nadie, hasta ahora, presentó pruebas de que el Estado argentino haya organizado el operativo. La contradicción no es menor. Si la versión de las redes es cierta, el Gobierno habría usado su inteligencia para burlar una orden judicial de un socio estratégico. Si es falsa, el oficialismo digital celebra una operación que nunca existió. Hay un nombre que conecta las piezas. Según La Nación, Santiago Caputo, el estratega de Javier Milei y jefe político de la SIDE, estaba en Misiones cuando se concretó la partida. Su presencia no prueba que haya participado. Pero sus posteos sí marcaron el tono.

“La cobertura periodística del día de hoy debe haber sido probablemente uno de los papelones más grandes del periodismo mundial de la historia. Dijeron cualquier cosa. Se desdijeron. Lo volvieron a decir. Todo con el mismo nivel de certeza y animosidad. En todas partes del mundo”, escribió. Y cerró con una frase que muchos leyeron como un guiño: “No sé quien es el que los sacó a pasear en chota pero toda mi admiración”. El blanco no fue la fuga, sino quienes la cubrieron. Y la admiración, dirigida a un autor anónimo, alimentó la sospecha que el Gobierno se esfuerza en desmentir.
Minutos antes, Caputo había avalado con un escueto “Buen tweet” el mensaje de Lucas Morando, que ironizaba sobre los diarios “más serios de Brasil” por asegurar que Bolsonaro ya estaba en Estados Unidos, con visa y con el Departamento de Estado “organizando todo”. La consigna era la misma: la noticia no era la fuga, sino el error de la prensa.
La diputada Marcela Pagano refrendó por su parte: “Si entró, alguien lo dejó entrar”. En Brasil la respuesta fue política. Lula calificó la salida como “vergonzosa”. Donald Trump, en cambio, dijo que aprobaría su ingreso: “Yo creo que son buena gente”. Queda por saber si la Argentina fue un simple paso fronterizo o una pieza activa del operativo. El Gobierno lo niega. Sus voces más entusiastas en redes, en cambio, lo festejan.
por M.S.














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