Viernes 19 de agosto, 2022

POLíTICA | 04-07-2022 14:20

Sergio Massa en jaque: rebelión en el Frente de Todos

Había pedido la jefatura de Gabinete, Economía y otras áreas, pero se quedó sin nada. En el massismo le piden romper. Trastienda de una crisis en ciernes.

Sergio Massa estuvo activo todo el fin de semana. Quería, aunque no la esperaba para el sábado, la renuncia de Martín Guzmán. De hecho, quería algo más que eso: enterado de la dimisión, buscaba finalmente imponer su idea de “repensar” el Gobierno, un rearme que lo tendría a él al frente. Jefatura de ministros y el control de varios resortes del Ejecutivo -AFIP y Central-, entre ellos el del vacante Economía. Era algo que había hecho cuando sucedió la renuncia de Matías Kulfas, un mes atrás. “Le expliqué y le expliqué, pero Alberto Fernández no comparte la idea. Lo entendí, pero no coincidí”, explicaba en esos días. Ahora la situación, con el gobierno y el dólar en llamas, se volvió a repetir.

En la mira. El sábado 4 de junio, Sergio Tomás Massa no pudo pegar un ojo en toda la noche. Y eso que había sido un día largo. Su jornada de descanso, siempre acotada, se había visto interrumpida por una visita fuera de agenda a la Quinta de Olivos. Esa tarde Alberto Fernández había decidido echar a Matías Kulfas y, rápido de reflejos, el tigrense había ido al lugar de los hechos para ver si podía torcer el rumbo de la historia. Mientras daba vueltas en la cama que comparte con Malena Galmarini, al presidente de la Cámara de Diputados lo perseguía una idea que empieza a serle familiar: la sensación de que, aunque todos lo escuchan, aunque muchos le dicen que tienen razón, son pocos los que le hacen caso. Ese día -esa noche- el responsable del insomnio era el Presidente, a quien le había comentado durante horas la necesidad de “repensar” el Gobierno entero, no hacer un simple cambio de nombre por nombre. Cuando se enteró de que el reemplazo era Daniel Scioli se dio cuenta de que todo el esfuerzo había sido en vano, y luego tuvo que aceptar la realidad. Esa noche no iba a poder dormir.

Sin embargo, no es Massa el único que está perdiendo el sueño. A contramano del clima, dentro del Frente Renovador la temperatura no para de subir. Es una bronca generada por el rumbo del Gobierno, la impotencia que les produce ver la gestación de ese agujero negro electoral que promete tragarse a todos en el 2023, y que, apurada por el reloj, empieza a buscar con insistencia algún norte. La tropa massista apura al propio Massa a que defina su futuro y el del resto de su espacio. Que se rompa, que se doble, o cualquier cosa que corte con la inercia. Nadie dentro del Frente Renovador duerme tranquilo en estos días.

Qué pasa, General. El celular de Massa fue un hervidero en las últimas semanas. “¿Cuándo venís?”, “¿por qué no presentás la ley de alivio a los monotributistas o la de Ganancias acá?”, eran algunos de los mensajes de los propios que le estuvieron llegando, invitándolo a mostrarse en recorridas por el territorio. Hubo también algunos menos amables. “Sergio, tenés que salir de la caja”. “La caja” es la Cámara. Varios en el Frente Renovador piensan que su trabajo en Diputados lo tiene encerrado al tigrense, que no puede o no quiere salir de esa agenda. En verdad, la inquietud de fondo ahí apunta no solamente a su tarea institucional, sino a su rol dentro del Frente de Todos. Muchos entienden que Massa está desgastando su capital político, sus votos, su figura y su tiempo intentando enmendar y acercar a las otras dos partes del oficialismo, que se desangra en una guerra a cielo abierto. Siguiendo esa lógica, el miedo es que, si el Gobierno se va a pique, hunda con él al tigrense y a su tropa, aún cuando estos estén intentado sacar el agua del barco. En ese barco son cada vez más los que empiezan a mirar con interés la idea de abandonar el Frente de Todos. “A Sergio le dicen que tiene razón cuando habla, cuando propone cambiar alguna cuestión, pero después eso no se traduce en la realidad. Se hace urgente crear una mesa de conducción, institucionalizar el Frente para resolver nuestros diferencias ahí y diseñar una hoja de ruta”, le dice a NOTICIAS Jorge D’Onofrio, ministro de Transporte bonaerense y uno de los alfiles del massismo en esa provincia.

De hecho, de todo esto se iba a hablar en la cumbre que iba a hacer el Frente Renovador en Mar del Plata el 15 de julio. El encuentro, planteado como bonaerense pero que en verdad iba a ser con figuras de todo el país, ya había sufrido tres suspensiones en el pasado. La fecha original era el 23 de abril, pero se había pasado al 30 porque coincidía con el primer aniversario de la trágica muerte de Mario Meoni, el anterior ministro de Transporte que había sido uno de los fundadores del espacio. Pero luego se volvió a posponer, aduciendo problemas de agenda. Ahora, la excusa para dejar en stand by el encuentro es que coincidía con el arranque de las vacaciones de invierno, y que conseguir alojamiento en esos días para 6000 personas -el mínimo que el massismo espera trasladar a la ciudad balnearia- iba a ser casi imposible. Pero, con el grabador apagado, varios popes de los renovadores admiten otra razón. “Está difícil el ánimo y en este tipo de encuentros, tan amplios, puede saltarle la chaveta a alguno. Hasta no tener una línea más clara va a estar complicado hacerlo”, dice un político de trato cotidiano con Massa.

Pero el miedo a algún posible exabrupto -como el que tuvo el diputado bonaerense del massismo Rubén “el Turco” Eslaiman, que tuiteó quejándose de la designación de Scioli porque entendía que había sido “el peor gobernador de la historia”, publicación que duró poco antes de ser borrada- no es la única explicación. También está la justificación política: un congreso así tendría que venir junto a alguna definición. Por ejemplo, la que se pidió en el anterior congreso bonaerense, a principios de marzo en Las Heras, en el que la tropa massista salió con la idea de buscar instalar, al menos para las PASO, un candidato propio en cada concejo y cada intendencia de la Provincia. El problema, entonces, está a la vista. ¿Qué pasaría dentro del oficialismo si en ese futuro congreso los soldados del tigrense le piden a este, en público y a viva voz, que compita para la interna presidencial del 2023? ¿O si le piden a D’Onofrio que busque ser el próximo gobernador? No sólo eso. ¿Cuántos creerían, si esto sucede, que ese pedido no fue producto de una jugarreta política del siempre movedizo Massa? En ese espacio todavía retumba, como el fantasma de las navidades pasadas, el apodo “Ventajita” con el que lo bautizó Mauricio Macri, una de las pocas medidas del ingeniero que resisten el paso del tiempo.

Massa, en estos días, intentó cortar esas especualaciones de cuajo. En un mensaje que envió al grupo que nuclea a los popes del Frente Renovador, fue contundente. “Muchachos, estamos adentro de una coalición. Si toca apretar los dientes lo vamos a hacer, pero nadie se va a ir del Frente de Todos. Estamos para ayudar. Si quieren plantear algo vengan con soluciones, no con críticas”.

¿Mañana es mejor? Esta semana volvió a aterrizar en Buenos Aires el todoterreno Antoní Gutiérrez Rubí, el consultor catalán que trabaja para Massa pero que desde las últimas elecciones extendió su influencia a Alberto y a CFK. Los números que trae el español, para el massismo, son contundentes: un 80% de los votantes del Frente de Todos quiere que la unidad se mantenga, mientras que el 60% dice querer ver al tigrense en una posición “de más protagonismo en la toma de decisiones”. Algo de todo esto viene dando vueltas en la cabeza de Massa.

El presidente de la Cámara comenta estas ideas con Alberto. Lo hizo en ese sábado largo en Olivos, lo hizo durante la gira a Estados Unidos para la Cumbre de las Américas, y también en el viaje de regreso del encuentro del G7 en Alemania, donde viajaron solos ellos dos durante una hora y media en un auto, hasta al avión que los trajo de regreso. Lo volvió a hacer este fin de semana de furia, tras la salida de Guzmán.

El gran tema que ocupa hoy al tigrense es el de “repensar” el Gobierno, una idea que también habló y confeccionó con Rubí. La idea sería replantearlo al Ejecutivo desde tres pasos: primero elaborar un programa con los puntos en común entre todos los sectores del oficialismo, luego diseñar un perfil de los requisitos que deberían tener los que puedan llevar ese programa a la realidad, y por último elegir los nombres. El hecho de que Alberto haya hecho exactamente lo contrario a esto cuando designó a Scioli y a Silvina Batakis -cambiar pieza por pieza sin tocar nada más- es lo que desvela a Massa. Ese rearmado, además, vendría con una transformación total del Gabinete: armar grandes ministerios temáticos, en lo posible menos de diez, que a su vez tengan cuadros políticos importantes como segundas líneas. También entra la idea de terminar con los ministerios loteados entre las distintas fuerzas. A esta altura, parece claro que Alberto no comparte esta idea.

El Presidente, además, sabe que tiene que tener a Massa cerca. Por eso lo subió, a pesar de que no estaba en los planes originales, a sus últimos dos vuelos. El presidente de la Cámara es uno de sus últimos tres puentes -los otros dos son el ministro “Wado” de Pedro y el diputado Eduardo Valdés- con Cristina. De hecho, el tigrense mantuvo una larga reunión con ella antes de viajar a Los Ángeles, y tiene un diálogo cotidiano. La vicepresidenta está muy activa: también volvió a hablar, hace dos semanas, con Martín Redrado, en una charla en la que intercambió sus preocupaciones por la falta de dólares. El economista está dentro de la escudería massista, y es uno de los que siempre suenan para ocupar el sillón de Economía.

Futuro cercano. “Si quieren empujar a Scioli no sabés el quilombo que vamos a armar”. La frase es de uno de los armadores de Massa. Está hablando del 2023 y a su vez del pasado no tan lejano, en el que la relación entre el flamante ministro y el tigrense se rompió en pedazos. Y, aunque no lo dice, también hay de fondo otra verdad: Scioli ocupa, en el imaginario político, el lugar del político más allá de la grieta, que le habla a la clase media, que trabaja mucho, es decir, exactamente el mismo que Massa. Difícil que haya lugar para los dos.

El tigrense dice no querer hablar del tema. Su imagen positiva tuvo un pequeño repunte y la negativa una leve caída, pero todavía “no terminó de recomponer su relación con la sociedad”, frase que se escucha seguido por los pasillos del Congreso. Sin embargo, está haciendo algunos movimientos que dan cuenta de una idea nacional: eligió confrontar discursivamente con Mauricio Macri, y también con Javier Milei, con el que ya tuvo varios cruces en la Cámara. De hecho, ya hay stickers circulando por Whatsapp que muestran a Massa señalando al liberal, con la leyenda “pórtate bien”. También, en estos días agitados después de la renuncia de Guzmán, intentó mostrarse como el mediador de la coalición. Al menos en la retórica, el presidente de la Cámara ya se subió al ring. Por ahora, los resultados no son favorables: tanto en la renuncia de Kulfas como en la de Guzmán jugó fuerte -y de manera muy visible- para imponer su posición. Las dos veces se fue con las manos vacías, mientras que su propia tropa le pide tensionar más y algunos incluso romper. Ahora es Massa quien está entre la espada y la pared.

 

 

 

 

 

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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