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Opinión / 16 de abril de 2014

La retaguardia conservadora

A juzgar por los resultados de sus esfuerzos, la elite política nacional difícilmente podría ser más reaccionaria.

Por

Hugo Moyano. Ilustración de Pablo Temes.

Virtualmente todos los políticos, sindicalistas e intelectuales del país se creen progresistas. Hablan con fluidez envidiable el dialecto apropiado y raramente dejan pasar una oportunidad para aludir al amor entrañable que sienten por el pueblo. Pero solo se trata de un simulacro. A juzgar por los resultados concretos de sus esfuerzos, la elite política nacional difícilmente podría ser más reaccionaria.

Así y todo, parecería que pocos se dejan guiar por el principio resumido por la frase bíblica “por sus frutos los conoceréis”; al celebrarse elecciones la mayoría suele dejarse convencer por las palabras exculpatorias de los máximos responsables de una debacle nacional que continúa desconcertando a aquellos norteamericanos y europeos que se interesan por las vicisitudes del exótico populismo argentino. Como sucede con cierta regularidad, afirmarse sorprendido por las excentricidades políticas y económicas nacionales se ha puesto de moda últimamente en los medios principales del “Primer Mundo”.

Desde hace muchos años, una parte importante, por lo común mayoritaria, de la clase política del país está librando una guerra contra el desarrollo en nombre de “lo nuestro” que, según parece, consiste en un orden corporativo extraordinariamente corrupto dominado por personajes reacios a adaptarse a los cambios que, en otras latitudes, han permitido a centenares de millones de hombres, mujeres y niños disfrutar de un nivel de vida que aquí es propio de una minoría reducida.

Desgraciadamente para el grueso de la población que, según las pautas del mundo occidental, está hundido en la pobreza, la gran coalición conservadora, en el sentido recto de esta palabra, sigue anotándose triunfos.Tal y como están las cosas, una facción, la kirchnerista, estará por perder el lugar privilegiado que se ha acostumbrado a ocupar, pero se alista para tomar el relevo otra, la conformada por el sindicalismo peronista y sus aliados.