Noticias Uruguay / 14 de octubre de 2018

Pablo Fabregat: “Si viviera solo no tendría televisión”

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CALLADITO. El personaje y el conductor dicen otra cosa, pero su mujer aún se enoja porque estando en familia habla poco y no opina. // Foto: Diego Ituño

Noticias: Tiene varias actividades muy diferentes. ¿Cuál es la realmente vocacional?

Pablo Fabregat: Todo empezó con las ganas de ser periodista deportivo. Ese fue el deseo vocacional desde la infancia. Jugaba al fútbol y era espantoso, en básquetbol espantoso, entonces toda mi frustración la canalizaba en el periodismo deportivo. Cuando tuve que tomar decisiones, me inscribí en una facultad para tener una formación mayor que la de un periodista deportivo común. Pero sucedió algo raro: todos los trabajos que nos mandaban en la facultad, en lugar de hacerlos de deportes, los hacía de otra cosa para tratar de meterme en temas sobre los que supuestamente no tenía conocimiento. Cuando terminé la carrera, ningún docente sabía lo que yo quería ser. Nunca trabajé como periodista deportivo hasta este Mundial de Rusia, en el que me disfracé de Kesman (risas).

Noticias: ¿Tiene algún referente en esa área?

Fabregat: Nunca fui de escuchar programas. Nunca me colgué con Hora 25 o Deporte Total. Nada. Era de escuchar las previas y los post partidos por radio. Mi modelo era (Enrique) Macaya Márquez en Argentina, amaba “Fútbol de primera”. La dupla (Marcelo) Araujo- Macaya me piraba, maravillosa. Aquí le tenía estima al Toto (Jorge da Silveira), que era amigo de mi viejo y lo veía muy esporádicamente en alguna reunión. Soy hijo de un padre muy futbolero que me llevaba al estadio,  siempre enfermo de Nacional. Desde los 13 años voy solo a ver a Nacional. De niño recuerdo que los amigos viejos de mi padre, en la tribuna, me preguntaban a mí las alineaciones de los equipos, hasta con los bancos de suplentes. Fue una época en la que miraba abundante fútbol argentino y coleccionaba la revista El Gráfico.

Noticias: La Universidad le permitió conocer otros aspectos de la comunicación…

Fabregat: Antes de terminar la carrera, sin que yo hubiera pedido nada, Gustavo Rey, a quien tenía de profesor, me dice que en Océano saldría un programa que se llamaría “Sonamos”, que conduciría Ma. Noel Álvarez. Creían que yo podía ser el segundo o crear algún personaje. La radio en aquel momento era un monstruo con Petinatti y con el comienzo de “Justicia infinita”. Pero como no me quería cortar la carrera -cursaba tercero, me quedaba un año más- me dijo que quizás podría hacer algo en su programa nocturno, “Caras y más caras”. En ese programa había cuatro psiquiátricos que se hacían llamar “los primos de Caras y más caras” y pensó que yo podría ser un familiar, que tuviera algunas salidas, que hablara de noticias. Para noticias estaba en la radio Darwin Desbocatti, así que imaginé un personaje bizarro, que en lugar de primo fuera tío, y como a mí de chico me decían Aldo por “pelado”, “dolape”, “aldope”, quedó finalmente Tío Aldo. Así empezó, hablando todos los jueves, por teléfono, el primer año gratis.

Noticias: ¿Cómo armó el personaje?

Fabregat: Gustavo Rey me dio muchas pautas. Iba a ir por el lado de la ironía y el sarcasmo. De comentarios fuertes y muy graciosos, pero esporádicos. Después armé mi propia descripción, detallada como si fuera para cine. Por ejemplo, el Tío Aldo vive en tal lugar, tiene padres, tiene tal o cual costumbre. Desde la radio lo llamaban a la casa, yo atendía a Gustavo, un amigo de toda la vida del Tío. Con el tiempo el personaje fue mutando, deformando, empobreciendo, por un lado, pero enriqueciéndose por el otro. En 2004, con algunos cambios que hubo en la radio, entré como productor y como tercer conductor. Fue una tremenda escuela, porque trabajar de noche es una maravilla; cuatro horas de programa, de interacción, con Rey que es un docente “full time”, y los oyentes son buena onda. Fue increíble. Después me di cuenta de que en eventos y en la tele hago al Tío Aldo gracias a la radio. La radio es el gran aprendizaje. Por algo, antes, todos los conductores de TV hacían radio. El fogueo de tantas horas de aire es imposible lograrlo de otra manera. Las llamadas en vivo te obligan a estar siempre atento, tener gran agilidad mental.

Noticias: El Tío Aldo, al comienzo era virtual, un personaje radial, pero llegó un momento en que se corporizó.

Fabregat: Un día, el Tío Aldo fue a la radio, con la caracterización que yo ya había imaginado, salvo algunos detalles. Empecé a usar lentes de sol, que debió ser inconsciente, inhibición por mis ojos, algo que no me había dado cuenta hasta que lo pensé después. Eran unos lentes que tenía tirados mi vieja. Tenía una peluca afro que me habían regalado unas compañeras de facultad de una fiesta de disfraces, y me la puse, aunque después lo asocié al pelo de Kesman como un homenaje. Durante un par de años nunca se supo quién hacía de Tío Aldo. Todo se descubrió cuando un día, el choto del Piñe (Jorge Piñeyrúa) y Mariano (López) en el programa “Segunda pelota” comentando quién los hacía reír, dijeron “a mí el que me mata es Pablo Fabregat haciendo de Tío Aldo.” Gustavo casi lo cuelga de las bolas, porque eso era un secreto de la radio. Hasta ahí era el Tío Aldo con mínimas cosas de Pablo, para después ser Pablo, que hacía un personaje.

Noticias: Se trata de un personaje sin filtros.

Fabregat: Era más transgresor al principio. Nunca fue un boca sucia. Es más, un oyente hace algún tiempo me comentó que en la Facultad de Comunicación de la Udelar una docente me había usado como ejemplo de cómo alguien puede decir las peores aberraciones sin usar una mala palabra. Era muy fuerte, de cómo salía de noche, en lo sexual, pero sin ser soez ni irse a la cuneta. Era transgresor hace quince o diez años. En la radio en la que trabajo hay un humor tan fuerte que el humor del Tío Aldo es casi blanco. Empecé a hacer eventos con la sexóloga Carolina Villalba con una obra de teatro y eventos de café concert sobre sexo. Cuando me empiezan a invitar empresas utilicé mucho de esos monólogos sobre posturas sexuales y juguetes. Nunca me imaginé que iba a escribir pseudo obras o monólogos. En los primeros años sí se asociaba mucho el personaje a lo guarango y a lo sexual. Fueron muchos años gracias a Movie, que me llamó a actuar y me obligó a escribir pero sin ser guarango, salvo alguna puteada leve. Hoy el personaje está más blando, y no es porque ahora que estoy en la tele me haya suavizado o me haya vuelto más puritano. El personaje hoy va por el lado de lo bizarro, de lo grotesco.

Noticias: Ese personaje de culto terminó siendo un éxito teatral.

Fabregat: Debe haber sido por la masividad de la radio, que la gente de Movie me llama. Yo no quería, no tenía intención de ir a una sala. Entonces pensé un monólogo sobre el comportamiento del uruguayo como turista, que todavía lo sigo usando y es un golazo. En el teatro, a mi inseguridad, llevaba invitados. Hacía cincuenta minutos de monólogo y media hora final de entrevista de algún “campeón de la vida”. Ahí pasaron Alberto Kesman, Naná, Nano Folle, Américo Signorelli, Lucho Malvárez, fueron más de cuarenta. Fue impresionante el éxito sin ninguna promoción, salvo la manija de la radio y el boca a boca. Se agotaban las entradas dos semanas antes, días con doble función, increíble. Fueron cinco años, casi 18 mil espectadores. Una demencia. Nunca me animé a pasar a sala grande o hacer algo más elaborado, porque para mí el personaje tiene algo de glamoroso, que en realidad es decadente; de ganador, que en realidad es perdedor. Algo más grande necesita más producción y yo creo que el Tío Aldo tiene que ser pobre, que haya errores. Se tiene que trancar la casetera, que el sonidista le pifie, en esos errores está la decadencia, la cosa pobre del Uruguay que tenés que sacarle el jugo a todo. Cuando pasan cosas malas, a mí me rinde más que cuando pasan cosas buenas.

Noticias: En el humor, ¿hay algún límite que el Tío Aldo no pase?

Fabregat: No me burlaría de la muerte. Quizás alguna mínima referencia. No me meto nunca con la gente. Alguien podrá hablarme y yo tomar lo que dijo, pero jamás para descansarlo o agarrarlo de pinta. Una empresa a veces me dice “a este agarralo”, podré hacer referencia, pero jamás lo arruino. Eso siempre me lo felicitan como plus de los eventos, que está bueno que no me meta con nadie. O si te metés siempre es con respeto. Aunque también ya tengo el músculo de calibrar el tono. No es lo mismo hacer el show en el Oro del Rhin con un público de señoras de setenta años promedio que una despedida de soltero. Me ha pasado de saltar en una noche de un cumpleaños de una señora de ochenta a una despedida de hombres mamados. Obviamente, no es el mismo monólogo.

Noticias: ¿Cuántos shows ha hecho en un año? ¿Jamás pensó que eso iba a darse?

Fabregat: Hice arriba de 200 shows. Todo se dio sin difusión. Ni yo ni el personaje tenemos redes sociales. No me hice nunca tarjetita, nunca me publicité en ningún lado, era solo boca a boca, y hasta hace un par de años para que la gente llegue más directo a mí, tengo la página www.tioaldo.uy. Todo creció exponencialmente. Después del trabajo con la sexóloga, y de algunos fracasos estrepitosos, me di cuenta de que tenía que hacer monólogos de frente y mano, sin juegos ni interacción. Sin mirar Youtube, sin tomar a nadie como referencia. Fue como me salió. De tener un año diez eventos, a los cuatro años pasé a tener 250.

Noticias: ¿Qué quedó del Fabregat tímido?

Fabregat: Sigue estando un poco. En el fondo sigo siendo callado e introvertido. A veces mi mujer me caga a pedos porque no opino, no hablo, mi madre siempre se quejaba de eso. Esto de los medios me ha obligado a hablar mucho más de lo que pensaba. Sigo siendo así. Por algo tuve una novia, una sola mujer. Un tiro solo (risas). No he chiveado mucho en la vida.

Noticias: ¿Y el periodismo deportivo?

Fabregat: Es algo de lo que siento que más preparado estoy por “background” por decir una palabra aberrante, por conocimiento de leer tantas cosas al pedo, pero como que ya me ubiqué en otro lado. Capaz que en algún tiempo podría dedicarme. No sé si a los cincuenta años voy a seguir haciendo medio de pelotudón como hoy. En “Desayunos informales” (programa del que se retiró hace algunas semanas) pude hacer una cosa distinta, con un tono distinto, sin intentar pasarme de pavo. Demostrar que se puede hacer algo de información y periodístico con un tono más descontracturado, sin ser bobo ni faltarle el respeto a un invitado.

Noticias: Estuvo en un programa de archivo de televisión como Sonríe y el Tío Aldo hace referencias permanentes a la TV uruguaya. ¿Cómo la ve?

Fabregat: Hace mil años que no miro televisión. Si yo viviera solo capaz que no tendría televisión. Lo único que sé es por leer y por junar en Internet y en la radio. No soy de llegar a casa y prender la tele. Ni siquiera el informativo, el informativo no lo miro jamás. En quince años debo haber mirado un informativo. No es por hacerme el esnob o el culto que está en contra de la TV. Para mí la televisión es un muestrario de lo que es Uruguay. Mucha gente dice que la televisión es un desastre. Y bueno, es lo que es nuestra ciudad, es representativo de su gente.

Noticias: ¿Puede adelantar algo del nuevo programa de TV que va a conducir en La tele?

Fabregat: Va a ser un programa semanal, los viernes de noche, junto a Cecilia Bonino otra vez, de entrevistas a cuatro invitados por programa. Habrá charla de noticias de actualidad, “tapes” para cada invitado, buscando cosas que los unan, y algún juego entre ellos.