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Salud, Sociedad / 22 de noviembre de 2018

Envejecimiento: no hay una, sino tres edades

La cronológica o temporal, la biológica y la autopercibida, son las que actualmente reconocen la ciencia y la medicina.

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Foto: Depositphotos

Hacia el año 2050 la población mundial de mujeres y hombres con 80 años y más se triplicará, llegando a los 400 millones de personas. A medida que la población envejece, la carga mundial de enfermedad y discapacidad aumenta, y ya a partir de la quinta década de vida los investigadores vinculados a diferentes disciplinas médicas advierten que la incidencia de enfermedades crónicas aumenta de manera exponencial.

Sin embargo, hay algo que surge en cada vez más estudios: la edad cronológica (esa que está marcada por la fecha en la que una persona nació) no coincide con la biológica (la de su cuerpo como organismo vivo, según el grado de fragilidad del mismo) y, a veces, ni siquiera con la autopercibida, la edad que esa mujer, ese hombre, sienten que tienen. El caso del holandés Emile Ratelband no resulta, en ese sentido, una rareza. Cada vez es más pronunciada la tendencia de las personas de más de 60 años a sentirse (y a autopercibirse) como mucho más jóvenes de lo que su documento nacional de identidad declara. La brecha entre el ser, el parecer y el sentir es cada vez más profunda. Tanto hacia abajo (viejos cuyo espejo les devuelve una imagen mucho más joven), como hacia arriba (maduros que andan por la vida al ritmo de ancianos), según los estilos de vida y, en particular, del estado emocional.

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Si la edad biológica está determinada por el nivel de envejecimiento de un individuo según los cambios anatómicos y químicos ocurridos en su cuerpo, que a su vez determinan el grado de deterioro a nivel físico como intelectual, la edad cronológico es una “simple” suma de años calendario.

En general, las investigaciones muestran que la mayoría de las personas tienen una edad biológica que es más antigua de lo que debería ser. Cuatro de cada cinco, por ejemplo, poseen una edad cardíaca mayor que su edad actual. Pero puede suceder lo contrario, y de hecho es lo que los científicos expertos en gerontología, psicología y genética notan con más frecuencia: que las personas de entre 65 y 75 años se sienten, en promedio, diez años más jóvenes, con picos incluso de veinte años. Y que las mayores de 75 se autoperciben como mucho más viejas de lo que realmente son. Un megaestudio patrocinado por los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de los Estados Unidos, publicado este año, da cuenta detallada de esa realidad.

¿Cómo medir? La búsqueda de indicadores confiables de edad biológica, en lugar de edad cronológica, es algo que se investiga desde hace más de tres décadas. “Los avances en los campos de la biología molecular han aumentado la variedad de posibles biomarcadores candidatos a funcionar como predictores de la edad biológica”, explican Juulia Jylhävä, Nancy Pedersen y Sara Hägg, del departamento de Epidemiología Médica y Bioestadística del Instituto Karolinska, de Estocolmo, Suecia. “Entre los hallazgos actuales más recientes se puede mencionar la longitud de los telómeros”, advierten. La longitud de los telómeros (esto es, los extremos, las puntas de los cromosomas) tienen la función de evitar que los extremos de los cromosomas se deterioren o fusionen con un cromosoma vecino, lo que afecta la rapidez con que las células envejecen y mueren. Cada vez que una célula se divide, una mínima porción de telómero se cae desde el extremo del cromosoma. De acuerdo con las investigaciones científicas más recientes, hay una correlación directa entre la longitud del telómero y la edad biológica. Dicho simplemente: cuanto mayor sea la edad biológica de una persona, más corta es la longitud total de sus telómeros.

Las personas con telómeros más cortos o con mutaciones genéticas que los afectan, tienen más probabilidades de experimentar una muerte temprana o de desarrollar enfermedades y trastornos neurodegenerativos. Sin embargo, el medio ambiente influye, siempre, así es como mantener cierto estilo de vida, que por ejemplo incluya una dieta saludable, ejercicio regular y que regule los niveles de estrés puede ayudar a mantener la mejor longitud de los telómeros.

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Pruebas. El envejecimiento ha sido considerado desde siempre como una consecuencia inevitable de la vida. Sin embargo, los avances científicos recientes han revelado que el deterioro físico asociado con el envejecimiento se debe a un proceso biológico subyacente, influenciado por factores genéticos y ambientales. Y si el envejecimiento está gobernado por la biología, dice el consenso actual, entonces es susceptible de manipulación.

Las tasas de envejecimiento entre individuos que comparten el mismo año de nacimiento pueden variar significativamente. Como tal, la cantidad de años que hace que una persona lleva con vida (su edad cronológica) no es necesariamente un buen indicador de qué tan bien (o tan mal) está envejeciendo. En cambio, algunas mediciones de la edad biológica que identifican un cambio relacionado con la edad en la función o en la composición corporal podrían predecir con mayor precisión las posibilidades de desarrollar una enfermedad relacionada con la edad. Dichos biomarcadores podrían usarse para identificar a las personas con riesgo de enfermedad, lo que provocaría medidas preventivas en el estilo de vida o el tratamiento temprano. Pero hasta ahora los biomarcadores para calcular el grado de envejecimiento de los cuerpos y las mentes de seres humanos han mostrado resultados esquivos.

Las pruebas que afirman medir la edad biológica generalmente toman una de dos formas. La Vitality Age, por ejemplo, se basa en una evaluación de la salud y el comportamiento en general de una persona, en la que se toman en cuenta detalles como el peso corporal, los hábitos alimenticios, la cantidad de ejercicio realizado, los niveles de colesterol, el consumo semanal de alcohol. Las respuestas a tales preguntas se comparan con el puntaje promedio calculado de una gran cohorte de personas relativamente sanas de la misma edad cronológica. Finalmente, la edad biológica se calcula como una medida de riesgo y entonces puede suceder que tener lo que los técnicos consideran “comportamienos riesgosos” como fumar o beber aumenten (y mucho) la edad biológica que surge de tales resultados. Y sin embargo, ¿cuántas personas que apenas se apegan a las “reglas” de lo que es recomendable se sienten vitales, jóvenes, y además se ven exteriormente como tales? Muchas.

Hay otras pruebas para calcular la edad biológica con un enfoque más biomédico. Miden algún parámetro biológico que es más frecuente en personas mayores o está sujeto a cambios a medida que los seres humanos envejecen. Un estudio dirigido por un equipo del Kings College de Londres afirmó haber identificado una firma genética del envejecimiento que estaría presente en aquellos individuos que envejecen bien. Para obtenerla midieron la expresión de 54.000 genes en personas sanas de 25 a 65 años, y establecieron que habría 150 genes que permiten distinguir de manera confiable quiénes son los participantes del estudio más jóvenes y más viejos.

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Otra prueba, la GlycanAge, se centra en la estructura de la inmunoglobulina G (IgG), proteína que se encuentra en el suero sanguíneo y está involucrada en la respuesta inmunitaria. La proteína IgG se modifica mediante la adición de glicanos, moléculas de azúcar que decoran la superficie de las proteínas, lo que influye en la forma en que funcionan. Hay investigadores están usando GlycanAge para analizar las estructuras de los glucanos IgG en muestras de sangre de más de 40.000 personas en todo el mundo, y aseguran que los patrones de las estructuras de glicano en las proteínas IgG cambian con la edad y reflejan los efectos de costumbres vinculadas al estilo de vida que afectan el envejecimiento, como fumar. Por otro lado, el consorcio MARK-AGE, proyecto financiado por la Unión Europea compuesto por 26 centros investigación, propone una batería de pruebas biológicas que cubren múltiples aspectos del envejecimiento.

Mientras la ciencia investiga lo que queda en evidencia es que no hay una sola edad, sino que puede haber varias, incluyendo la edad autopercibida. Raramente las tres vayan de la mano, sobre todo teniendo en cuenta que el calendario, la división del tiempo en años, meses, semanas, días, horas, es apenas una convención social. Que alguien se sienta de 45 aunque su DNI diga que tiene 69 no parece algo tan improbable, y que pida se le dé la oportunidad de trabajar y de encontrar pareja según lo que su cuerpo y su mente le dictan suena más que atendible. Las consecuencias sociales y económicas son agua de otro molino.