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Personajes / 28 de noviembre de 2018

Rafael Spregelburd: “Querer gustar es nocivo para el artista”

El actor, dramaturgo, traductor y director teatral estrena la película “Unidad XV”. Paternidad, reconocimientos, faltas y contradicciones.

Foto: Juan Ferrari

Tiene un apellido largo, difícil de pronunciar y mal escrito en origen, cuando su abuelo llegó a la Argentina. Dice la leyenda que el hombre pronunció en su alemán nativo: “No hablo palabra” y en la aduana de Buenos Aires interpretaron ese sonido como su firma. El Spregelburd parece haber nacido del error y del misterio. Aunque reconocía su pasión por las matemáticas y las lenguas, Rafael intentó entrar al Conservatorio de Arte Dramático. Lo bocharon. Piensa que fue su primer gran fracaso pero lo agradece, no estaba programado para el recorrido lineal de una institución académica. El trabajo arduo bajo la guía de Ricardo Bartís y de Mauricio Kartún lo transformó en actor y dramaturgo.

Escribir, actuar y dirigir hacen que le crezcan alas y sobrevuele la realidad cotidiana. Como lo hizo en “La terquedad”, la última de siete piezas con las que buceó su ideario a partir de un cuadro de El Bosco. Ahora acaba de estrenar “Unidad XV”, película de Martín Desalvo en la que encarna a John William Cooke cuando en 1957 fue detenido por la Revolución Libertadora y encarcelado en el penal de Río Gallegos junto a Héctor Cámpora, Jorge Antonio y Guillermo Kelly. Su análisis sobre la estructura del film ejemplifica el modo en el que elige pensar la vida. “Me preocupo por explicar la organicidad de lo complejo y creo que lo complejo, de acuerdo con físicos y biólogos, sigue más la estructura geométrica de lo fractal que el cálculo lineal newtoniano. Esta película podría haber sido lineal o, como hace, reflejar dentro de sí misma los aspectos de sus contradicciones sin necesariamente solucionarlos”.

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Noticias: ¿Cómo fue componer a este personaje histórico?
Rafael Spregelburd: Lo primero que pensé fue alejarme del cliché. Su vida es de una gran intensidad, fue diputado a los 24, tal vez el más joven de la historia. Haber caído en la misma celda que la extrema derecha del peronismo y haber sobrevivido a eso y a la fuga, lo ponen en un lugar de cruce de fuerzas poéticas. La historia hubiera sido otra si él hubiera heredado el movimiento peronista y no López Rega.

Noticias: Cuesta definir al peronismo, justamente en esa celda hay visiones opuestas.
Spregelburd: En mi generación, decir peronismo es como decir nanananana, una melodía en la que entran casi todos los sonidos. Lo fascinante en la película es que, con nobleza y espíritu militante, el director no le escapa a este bulto de que el peronismo está constituido de contradicciones extremas.

Noticias: Así como Cooke fue diputado a los 24, usted fue un joven destacado.
Spregelburd: (Se ríe). No hay punto de comparación.

Noticias: En el sentido de consagración temprana. ¿Cómo le impactó que a los 19 años, su primera obra fuera premiada y se montara en el Teatro General San Martín?
Spregelburd: Relativicemos las cosas porque, sí, llegué a los 19 , pero ahora que lo pido o tengo obras, me tengo que ir a estrenar a Francia o Frankfurt porque no me lo dan.

Noticias: ¿Por qué?
Spregelburd: No es a mí a quién hay que hacerle la pregunta.

Noticias: ¿Pero qué análisis hace de eso?
Spregelburd: Que hay mucha gente talentosa y que todos merecen el espacio, nadie tiene un encono particular conmigo.

Noticias: ¿Cuándo se asumió talentoso?
Spregelburd: Nunca.

CREATIVO COMPLEJO. Nunca se asumió talentoso. No terminó su carrera universitaria, Artes Combinadas, y dice que tiene la sensación de una cantidad de deudas no saldadas.

Noticias: Como amante de las ciencias duras, tiene datos concretos que confirman el talento.
Spregelburd: (Sonríe) Uno está en pelea permanente con los motivos por los cuales crea, los motivos que te llevan a hacer una nueva obra cuando tenés las anteriores que te representan perfectamente. Cada vez que empiezo a escribir una obra, siento que no tengo idea de cómo se hace ni por qué me dedico a esto. Precisamente porque me gustan tanto las ciencias duras, lo comparo con la medición objetiva del éxito o el talento en otras áreas: lejos estamos los artistas de encontrar una vacuna o un invento de eficacia única. Más bien siento que cada estreno es un enfrentamiento. Siempre veo el vaso medio vacío… (sonríe). Los premios a los que me nominan, no me los dan; ya dejé de ir porque me siento muy mal corriendo una carrera de caballos con mi musa. Afortunadamente no tomé nunca conciencia de estos aspectos de la mirada externa, estoy activo y tironeando de un pedazo de creación que se me resiste. Ni siquiera terminé mi carrera universitaria (Artes Combinadas)… Tengo la sensación de una cantidad de deudas no saldadas.

Noticias: De cosas que le faltan.
Spregelburd: Que me faltan y que es tarde para saldarlas. Doy clases en universidades a alumnos que van a tener un título que no tengo. Me podría haber dedicado a las matemáticas –mi verdadera pasión– y a las lenguas. Me parece una aberración que un chico a los 17 deba decidir su vocación. Además yo venía de una familia donde mi mamá empezó Arquitectura y se pasó a Psicología.

Noticias: ¿Y su padre?
Spregelburd: Mi papá venía de un mundo diferente, proletario, era técnico en televisión y terminó como taxista. Murió joven, a los 50.

Noticias: O sea que el reconocimiento profesional temprano coincide con la pérdida de su papá.
Spregelburd: (Sus ojos se llenan de lágrimas, sonríe y dice) Sí, mi padre no llegó a saber quién era (se le quiebra la voz).

Noticias: ¿Ser padre modificó su mirada creativa?
Spregelburd: Sí. La paternidad te quita de tu centro, el eje está en un desconocido, en un par de desconocidos en mi caso, Frida (2) y Antón (6). Eso te hace dudar muchísimo de tus creencias. Al mismo tiempo hay una suerte de testigos que, si todo sale bien, te sobrevivirán y serán tus observadores. Sos el modelo de comportamiento de unas personas que no tienen otro, que necesitan de tu entereza, integridad, nobleza, cariño y alegría. Los hijos necesitan que los padres sean felices sino lo que entienden del mundo es muy oscuro. Hay una cantidad de piezas mías de juventud donde el ejercicio es una especulación lingüística y cuando aparecen los hijos, todo empieza a ser posible. Soy mucho más pudoroso desde que tengo hijos.

Noticias: ¿En el sentido de ser más responsable creativamente?
Spregelburd: Sí, sobre todo ciertos temas eternos, como la muerte. Un día mi hijo se puso a llorar sin que nada le pasara, estábamos hablando de dinosaurios. Le preguntamos por qué lloraba y nos dijo: “¿Es que yo también me voy a extinguir?”.

Noticias: Su pareja con Isol lleva 25 años, ustedes crecieron juntos.
Spregelburd: Sí, nos fue bien en lo nuestro. Muchas veces mi mujer me dice, sobre todo después de que ganó el premio Astrid Lindgren (la mayor distinción en la literatura infantil), que se despierta pensando que fue un sueño (se ríe).

VIDA EN FAMILIA. Hace 25 años que está en pareja con Isol, la reconocida ilustradora y autora de libros infantiles. Es padre de Antón (6) y de Frida (2).

Noticias: ¿La construcción conjunta también se les da naturalmente?
Spregelburd: Sí y no, una pareja está armada de mucho amor y de mucho trabajo. Tenemos que lidiar con nuestras pasiones laborales y cómo hacer para ser una familia ante todo. Tener una pareja talentosísima y a la que le va muy bien, te da una enorme seguridad, te vuelve menos histérico. Antes de estar en pareja con Isol, había que histeriquear y este deseo de gustar es muy nocivo para el artista.

Noticias: Está hablando del artista, no del hombre.
Spregelburd: El entorno te vende una falsa ilusión de que hay que hacer productos que gusten y eso está ligado a la seducción. Cuando uno tiene su vida sentimental afianzada, esa seguridad se traduce en cero histeria, no hay que gustar. Lo artístico está ligado a la búsqueda. Uno tiene que ser fiel a la propia inestabilidad creativa que es precisamente ese motor que por ser irregular y estar en permanente explosión de pistones, te obliga a seguir en movimiento. Si llevara una vida de sinsabores, es probable que la tradujera en mero resentimiento. Lo veo en muchos artistas; utilizan su obra como un detonador de una sociedad que es su enemigo. Sí, la sociedad está muy mal, pero tenemos la obligación de ser felices. Es probable que nuestra creatividad no sea la mejor herramienta para esa modificación, pero no podemos dar discursos acerca de cómo podríamos ser libres, sólo podemos ser libres cuando tomamos nuestras decisiones y esperar que eso pueda ser visualizado por los demás.

Dice que no es militante, pero que está lejos de ser apolítico y que encontró en la creación su mejor manera de transitar por el mundo de manera trascendente. “Estamos aquí de paso, es poco lo que podemos hacer y sería una pérdida enorme de tiempo y de energía hacerlo con frivolidad y con tibieza”.

Noticias: Habiendo estrenado “La terquedad” en Alemania diez años antes, ¿el éxito en el Teatro Cervantes fue una revancha, la demostración de que en Buenos Aires se podía hacer?
Spregelburd: Nunca lo sentí como revancha sino como una reconciliación. Realmente creía las cosas que se decían en mi país sobre mi teatro: que era de elite, que era complicado. No me parecía que estuviera mal que fuera de elite, sabía que no estoy hablándole a todo el mundo pero sí estoy hablándole a cualquiera. Pero se estrenó “La terquedad”, una de mis obras más complejas, y ese cualquiera pareció transformarse en un todos. Entonces fue una reconciliación y nos fue muy bien pero no se puede volver a estrenar la obra y eso es determinante. Hay una zona de premio y de castigo que es la suposición de que de cualquier manera siempre hay un pero. A mí me importan poco, yo me sigo manteniendo en movimiento.

Valeria García Testa
@valgarciatesta