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Sociedad / 4 de marzo de 2019

Nueva encuesta de Durán Barba: Los argentinos y el carnaval

Nuevo sondeo exclusivo de la consultora fundada por Durán Barba sobre cómo somos los argentinos. Hoy: los festivales nacionales.

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Cada año muchos argentinos esperan la llegada del carnaval. Algunos no se perderán los desfiles típicos al ritmo de las comparsas, otros participarán de los festivales y mostrarán el resultado de su trabajo de varios meses preparando los trajes, las carrozas y ensayando las coreografías del desfile. Otros, aprovecharán el fin de semana largo para descansar o realizar algún viaje fuera de su lugar de residencia. El carnaval en Argentina y, particularmente en la Ciudad de Buenos Aires, es muy importante.

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El origen de los carnavales data de muchos años atrás. Estas festividades tal y como las conocemos ahora, son, en su mayoría, derivaciones de las famosas fiestas en honor al dios Baco: los famosos bacanales. Estas fiestas tenían abundante vino y la consigna de beber sin límite. Las celebraciones también se asociaron con orgías en ciertos momentos del Imperio Romano y por ello fueron objeto de escándalos por los excesos que se acostumbraba.

Con la venida del cristianismo, los bacanales fueron “cristianizados” y llamados carnavales, cuyo nombre significaría quitar la carne. Celebrados antes del Miércoles de Ceniza, a partir del cual comienza el período de Cuaresma de abstinencia y ayuno, que finaliza con el domingo de Pascua y resurrección en la Semana Santa. Durante estos días, la vida licenciosa estaba mal vista con lo cual el carnaval acostumbró ser una celebración en la que se podría hacer todo aquello que luego estaría prohibido. Para guardar el anonimato de sus participantes se ideó la utilización de máscaras y disfraces en muchas culturas. Ciertamente, era una fiesta para romper las reglas. En Venecia, se dice que el carnaval era una fecha en la que los nobles utilizaban máscaras para esconder sus rostros mientras se mezclaban con los plebeyos.

En Brasil y también en Argentina, el carnaval fue traído por portugueses y españoles y fue alimentándose de otras culturas para formar la festividad actual. La cultura popular afrodescendiente convirtió al de Río de Janeiro en el colorido festejo que hoy es el más famoso de la región. En Argentina, las fechas de carnaval no siempre fueron feriados nacionales y fueron prohibidos en distintos momentos de su historia. En años muy recientes volvió a ser feriado nacional hasta el día de hoy. Hay carnavales famosos por su esplendor como el de Corrientes o el de Gualeguaychú en Entre Ríos. Otros más autóctonos como el del desentierro del diablo en la quebrada de Humahuaca. Quisimos saber un poco de cómo la gente lo vive en estos días y realizamos una investigación que arrojó resultados interesantes:

A nivel nacional, el 35% de los argentinos indica que hay desfiles de carnaval en el lugar donde viven. Este porcentaje se reduce a 26% cuando nos referimos a la Provincia de Buenos Aires, mientras que en la Ciudad de Buenos Aires, la mitad de los porteños afirma que hay desfiles en sus barrios. Este, sin dudas, es un porcentaje altísimo y es que muchos barrios lo viven y lo vibran de manera dispersa por toda la ciudad. Algunos desconocen el tema, pero desde la Boca hasta Mataderos, desde Flores hasta Palermo, desde Saavedra a Boedo, pasando por Villa Devoto, San Telmo, Villa Urquiza, Avenida de Mayo, entre muchos otros barrios se organizan corsos y murgas en los días de carnaval. De hecho desde 1997 las actividades de la fiesta de carnaval son consideradas patrimonio cultural. La mayoría mencionan al de su barrio y se les hace más difícil mencionar otro lugar de la Ciudad donde se lo celebre.

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También hay quienes aprovechan este último feriado, previo al año escolar en muchas ocasiones, para salir de sus rutinas y disfrutar de un viaje. Así el 21% a nivel nacional, el 26% en la Provincia de Buenos Aires y el 35% en la Ciudad nos dicen que prefieren hacer un viaje. Casi siempre son los más jóvenes los que se muestran más tendientes a viajar en estos días, mientras que a medida que el encuestado es mayor, prefiere quedarse en su lugar de residencia.