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Economía / 17 de marzo de 2019

La inversión en la era Macri cae debajo de los (bajos) niveles de la K

La compra de maquinaria y la construcción bajan en el sector privado. Leve reducción de la obra pública pero con menores precios.

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En economía, la inversión real, en máquinas y construcción, se llama inversión bruta interna fija (IBIF). Este concepto no incluye la compraventa de empresas. Tampoco discrimina por origen, si es capital nacional o extranjero, o si es estatal o privada. Y esa inversión real en la era Cambiemos ha caído.

Con el kirchnerismo ya se encontraba en niveles bajos, de menos del 20% en relación con el PBI, lejos del 25% necesario para asegurar el crecimiento futuro, y fue bajando hasta el 15,6% en 2015, si se la mide con pesos corrientes, o al 19,5%, si la toma con pesos constantes (ajustados por inflación). En los primeros tres años de gobierno de Mauricio Macri, siempre se ubicó en el 14%, con unos decimales más o menos, según el cálculo elaborado a precios corrientes por la consultora de Orlando Ferreres, ex viceministro de Economía de Carlos Menem, a partir de datos oficiales (ver gráfico).

A precios constantes, promedió el 19,7% anual, apenas por debajo del 19,8% del segundo gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.
“Si se quiere saber cuánto se destinó del ingreso del país a la inversión hay que tomar a precios corrientes”, explica Fausto Spotorno, del estudio Ferreres. “Si se quiere analizar qué impacto tiene la inversión sobre el crecimiento económico futuro, valen los precios constantes”, continúa.

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¿Y qué pasó con la inversión pública? ¿Quién hizo más obras, Macri o su antecesora? Después del bajo nivel de los 90, inferior al 2% del PBI casi todos los años, comenzó a subir hasta alcanzar el 4,2% en 2011 y 2015, medido en dólares constantes por Ferreres. En el segundo gobierno de la ex presidenta promedió el 3,9%. En los primeros tres años de Cambiemos, el 3,7%, con el pico del 4,1% en 2017. Claro que Macri dijo al inagurar las últimas sesiones ordinarias del Congreso que las obras públicas “hoy cuestan un 40% menos en promedio que en 2015” y eso “permite hacer mucho más que antes”.

Motivos.La inversión total no aumentó nada sobre la época K porque los impuestos a las empresas y las cargas patronales son tan altas o más que en esa época”, opina Ferreres. De hecho, las retenciones a la exportación industrial alcanzan al 7%, frente al 5% del kirchnerismo. “Lo mismo ocurre con la escasez de capital local y las altas tasas de interés”, añade el consultor. Eso sí, se muestra concesivo al evaluar la obra pública: “Con menor esfuerzo inversor, ahora hay más trabajos públicos porque no hay sobreprecios”.

Fernando Navajas, académico y economista jefe de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), opina que es la combinación de las tasas altas con las devaluaciones (como la de diciembre de 2015 y las de 2018) la que afecta la inversión privada y el gasto en bienes durables. “De repente el capital deseado se vino abajo y la duda es si es por una dinámica macroeconómica de corto plazo, de ajuste de inventarios, o por malas expectativas en la demanda de, por ejemplo, el sector manufacturero. Hay una lección para Guaidó y compañía: no se crean que, porque se reemplaza un modelo populista, la inversión privada regresa”, alerta Navajas.

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Lluvia de inversiones. “La inversión privada fue un gran ausente en el programa económico de 2016, que asumía que la promesa de una reducción gradual de impuestos y la eliminación de trabas burocráticas la impulsaría”, advierte Eduardo Levy Yeyati, decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad Di Tella. “Las razones de este desencanto son varias: el déficit fiscal de 2016-2017 restó credibilidad a la promesa y, salvando los sectores primarios, la competitividad de la Argentina es muy baja, más aún si se permite una apreciación del peso para contener a la inflación”, agrega Levy Yeyati.

Aunque reconoce la baja de precios de la obra pública, el decano de la Di Tella advierte: “La inversión pública bajó por la necesidad de cerrar el desbalance fiscal. Se intentó reemplazarla con participación público-privada, las PPP, que delegan el fondeo en el privado a cambio de asumir una deuda contingente a través de garantías o repagos futuros, muchas veces mayores a la deuda original, pero el FMI, precisamente por eso, las contabilizó como gasto, por lo que siguieron la misma suerte que la inversión pública”.

Levy Yeyati, que asesoró un año al Gobierno en políticas de largo plazo, se preocupa por el futuro: “El reciente incremento de deuda pública y las dificultades para crecer reducen la posibilidad de bajas importantes de impuestos, incluyendo los que se introdujeron de manera transitoria. Esto a su vez inhibe la inversión y el crecimiento, cerrando el círculo vicioso”.

Para Marina Dal Poggetto, de la consultora Eco Go, no sólo importa el número de la inversión sino hacia qué sectores se dirige: “Durante el kirchnerismo las señales eran una economía muy protegida, con poca rentabilidad en los sectores que exportaban con crédito subsidiado. No era sostenible. En 2017, Cambiemos intentó girar en el sentido correcto de darle señales a la exportacion quitando líneas subsidiadas y bajando los costos laborales, pero esta agenda terminó desviada por la política en un año electoral. En 2018 la agenda fue impuesta por el corte al crédito”. El electoralismo también se hizo presente en la obra pública, según Dal Poggetto: “En 2016 frenaron revisaron contratos y frenaron mucho. En 2017 arrancaron con todo y con precios más bajos, aunque seguían más direccionadas a cambiar el voto que a aumentar la productividad de la economía. El gadoducto troncal casi no avanzó”.

Leandro Martín Ottone, del Instituto de Trabajo y Economía de la Fundación Abdala, señala que en el último trimestre de 2018 la inversión llegó a los niveles de 2009 pero “sin ninguna crisis internacional de las magnitudes de la crisis del aquel año”. “La inversión pública está en franco retroceso desde la finalización de las elecciones de medio término, es decir, noviembre de 2017. El Estado nacional y las provincias ajustaron su gasto de capital, con el objetivo de reducir el déficit fiscal. Pero, la velocidad del ajuste se aceleró con la implementación de la meta de deficit fiscal cero, solicitada por el FMI después del acuerdo realizado a mediados de 2018. ¿Por qué hay ajuste en obra pública? Porque es una de las pocas partidas donde los desembolsos de dinero no están estipulados con base en una fórmula o están fijados por ley, como son las prestaciones sociales. El ajuste en obra pública es mucho más fuerte que en la privada. La obra privada en 2018 se vio afectada principalmente por la devaluación, que frenó los créditos hipotecarios. El salto inflacionario puso al descubierto el gran error de política habitacional llamado UVA. Y finalmente la suba de la tasa de interés aumentó el costo de financiamiento de las obras no residenciales. En cuanto a las maquinarias y equipos tenemes que la capacidad instalada de la industria está operando en niveles cercanos a los de 2001, con lo que empresa que no vende ergo no produce y no está pensando en la ampliación de su capacidad. Uno de los dos sectores que invirtió en 2017, como fue el sector agrícola, en 2018 se vio afectado primero por la sequía y, segundo, el salto del tipo de cambio, que aumentó el costo de importación de la maquinaria agrícola. El único sector que mantuvo niveles de inversión en 2018, pero que ya en el último trimestre fue moderando el crecimiento, fue el petrolero, que se vio fuertemente beneficiado con las políticas nacionales de exención impositiva, que fue direccionado en gran medida a Tecpetrol (Techint)”, analiza Ottone.

Rodrigo Álvarez, de la consultora Analytica, opina que “la inversión privada no es posible sin un contexto de estabilidad macroeconómica y la inversión pública tampoco en este contexto de consolidación fiscal”. “Si bien uno de los estandartes de Cambiemos fue la famosa lluvia de inversiones, lo cierto es que desde la asunción de este gobierno la tasa de inversión como porcentaje del PBI se mantuvo relativamente estable. Entre 2016-2018 fue de 19,8% promedio e incluso se mantuvo en el mismo porcentaje que la registrada en el promedio de las presidencias de CFK. Esto se debe a que si bien Cambiemos se propuso reorientar el modelo de crecimiento a uno impulsado por la inversión y las exportaciones, la persistencia de la volatilidad macroeconómica impidió que la inversión despegara de los niveles heredados. Por ejemplo, la suba del tipo de cambio es la mayor desde 2001 y la inflación alcanzó el registro más elevado desde 1991. Este efecto se potencia debido a que la estrategia oficial fue delegar la inversión pública al sector privado a través de los PPP, los cuales carecieron del financiamiento necesario, tanto por el contexto recesivo como por la causa de los cuadernos. Para 2019, esperamos un ratio de inversión/PBI todavía más bajo: cercano al 17,2% y sería el menor nivel desde 2009. Atribuimos esto a los efectos de la crisis, que dejará en 2019 un PBI en dólares 30% más chico que en 2017 y un financiamiento más caro”, completa Álvarez.

Lorenzo Sigaut Gravina, de la consultora Ecolatina, señala que diferencia el periodo 2016-2017 respecto de 2018. “Al comienzo, el Gobierno hizo algunas cosas bien para promover la inversión productiva. Por ejemplo, removió el cepo cambiario, dio señales más claras de inversión en Vaca Muerta, minería y otros sectores. Es cierto que abrió mucho la economía, lo que en el corto plazo te puede llegar a destruir algunas industrias antes protegidas. Pero simplificó las reglas de juego, lo que es importante. Pero por el lado de la demanda nunca tomó medidas y necesitás un mercado pujante, que crezca, para invertir. Para tener una política antiinflación, siempre puso las tasas de interés muy altas y eso privilegia la inversión financiera sobre la productiva. En el kirchnerismo tenías tasas subsidiadas. En 2018 todo se desmadró. Hoy nadie invierte porque no hay demanda. Tenemos políticas fiscal y monetaria muy contractivas. Y al fuerte ajuste del gasto público de capital se suma la inviabilidad de las PPP por el elevado costo de financiamiento para el sector privado, mayor aún que para el público. O sea, hasta 2020, cuando haya pasado la incertidumbre electoral, no veo recuperación de la inversión. 2018 y 2019 son años perdidos“, lamenta Sigaut Gravina.

“La baja de la inversión del año pasado y de este responde a varios factores”, explica Irina Moroni, de la Fundación Capital. “ Por un lado, se observaron menores gastos de capital, en línea con la exigente meta fiscal acordada con el FMI. También está relacionado con los altos costos de financiamiento, que afectan principalmente a pequeñas y medianas empresas. A esto hay que sumar la baja competitividad, sumado a un año con mayor incertidumbre frente a las elecciones presidenciales”, resume Moroni.