Menú
Cultura / 24 de mayo de 2019

Flâneurs y literatura: se hace camino al narrar

En “Caminantes” (Godot, 2019), Edgardo Scott reflexiona sobre la importancia del paseo a la hora de escribir y también en la vida cotidiana. Cómo perderse en la ciudad y encontrarse.

Por

flaneurs poe baudelaire
Edgar Allan Poe y Charles Baudelaire, claves para pensar la figura del flâneur.

¿Cuál es la función social de caminar? Algunos lo limitan a una cuestión utilitaria, otros a simplemente ejercicio. Sin embargo, a la hora de pensar en la literatura, la figura del flâneur -aquellos hombres que se perdían en paseos sin destino fijo y que surgieron de la mano de las primeras grandes ciudades modernas europeas- resulta importante y productiva, y así lo refleja Edgardo Scott en su libro Caminantes (Godot, 2019).

A través de reflexiones breves pero precisas, profundas en su pensamiento y sensibilidad, como aquellas que se hacen cuando se camina de manera distendida durante un viaje turístico o una excursión de fin de semana, Scott hace un recorrido por distintos autores y artistas. Así, estos micro ensayos casi hechos al pasar (o al pasear), van tejiendo una línea de pensamiento  que nos seduce con su ritmo sereno pero continuo.

(Te puede interesar: Literatura: ¿Por qué todos quieren escribir?)

“Lo cierto es que no se camina nada o se camina poco y mal. Se camina sin ver, sin contemplar, sin abandonarse al paseo”, escribe el autor en la introducción a esta segunda edición ampliada, en donde no tiene miedo de afirmar que “ya no se vaga y, mucho menos, se peregrina”. A partir de esa premisa, se abre la puerta a pensar una serie de escritores, así como también músicos -el propio autor advierte que dicha lista no es exhaustiva- que a partir de la figura del caminante pudieron trazar un estilo particular. 

flaneurs edgardo scott

Siguiendo lo planteado por Scott, Edgar Allan Poe aparece como uno de los tres pilares -junto a Charles Baudelaire y Walter Benjamin- con su cuento “El hombre de la multitud”. Una suerte de “mellizo horrible, gemelo absurdo y desfigurado del flâneur parisino”, define el escritor nacido en Lanús en 1978. Esta hipótesis, a su vez, refuerza un pensamiento de Julio Cortázar: la idea de que Baudelaire y Poe eran un doble. “Es inquietante y fascinante pero yo creo (y muy seriamente, le repito) que Poe y Baudelaire eran un mismo escritor desdoblado en dos personas”, afirmaba el autor de Rayuela.

(Te puede interesar: Rayuela, ¿una novela eterna o envejecida?)

Volviendo a Caminantes, se puede leer: “Baudelaire captura la fugacidad del amor a primera vista, el encanto del cruce de miradas, la seducción y sensualidad que la ciudad ofrece a cada paso. Y por lo tanto, la seducción de la ciudad”. Sobre ese personaje tan bien retratado por el escritor francés, Scott va a recuperar lo planteado por Benjamin: “El flâneur sabotea el tráfico. Y es que no es comprador. Es mercancía“.

Así entonces, en un mundo donde todo tiende a la homogeneización disfrazada de productos cada vez más “customizados” para el cliente, la idea de perderse en una ciudad, de dejar de lado la constante demanda del entorno, parece anacrónica y a la vez necesaria. Reconectarse con lo que nos rodea y ver nuevos ángulos, que en el fondo es una de las funciones esenciales de la literatura en general. Pasear sin rumbo, al igual que leer de manera profunda y trazar nuevas líneas de pensamiento, son formas de hacerle trampa al capitalismo del siglo XXI, y eso queda reflejado en este libro.

(Te puede interesar: Gioconda Belli: “Sé lo que es reinventarse para sobrevivir”)

Otros paseantes. Hacia la segunda mitad del libro, Scott se centra en otras ideas alrededor los caminantes, más allá de la idea del flâneur: Walkmands, vagabundos y peregrinos. Mientras los walkmans son aquellos que necesitan de la música para caminar, para perderse en el entorno de una ciudad cargada de estímulos. Nick Cave, Jonni Mitchell y Lou Reed, son algunos de los personajes que propone el autor dentro de su recorrido literario-ensayístico.

Por su parte, los vagabundos y los peregrinos son el par que se opone entre sí. El primero solo busca errar, perderse sin destino ni fin ocioso o espiritual como el flâneur, pero mantiene algo único: su originalidad, su forma de existencia ligada a lo incierto y a los impulsos. En tanto, los peregrinos son hombres de fe, que tienen una meta y un camino preestablecido, que saben que el horizonte es una causa.  Para Scott, Roberto Arlty su Jueguete Rabioso prefiguran un ejemplo de la literatura del vagabundo, mientras que Roberto Bolaño y su vida dedicada a la literatura, es el caso moderno del peregrino.

De esta manera, pensar la literatura como una diferencia de estilos de caminata, de atravesar nuestro entorno, es sin duda una definición filosófica que Scott sostiene con lucidez y encanto. Parafraseando a Antonio Machado, se puede afirmar sin dudas que después de leer este libro, ya no hay camino, se hace camino al narrar.