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Política / 19 de julio de 2019

La intimidad de Alberto Fernández, el candidato de Cristina Kirchner

Desorganización en la campaña y en la comida. La historia desconocida del romance con su novia periodista. Catarsis de su hijo drag queen.

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“Tomemos un café”, le dijo Alberto Fernández a Fabiola Yáñez en los primeros meses de 2013. La frase fue la misma que usó hace semanas para convencer a Sergio Massa de sumarse al Frente de Todos. Pero entonces, la usó para acercarse a su actual pareja, con quien lleva cinco años de relación y un compromiso con anillo sellado en París.

La primera vez que se vieron, Fabiola tenía 32 años y trabajaba en el área de Comunicación Institucional de la Universidad de Palermo, donde también estudiaba periodismo. “Él fue como invitado a varias charlas de la Universidad y así se conocieron y quedaron en contacto”, cuentan hoy en el entorno de la periodista misionera, que el 14 de julio cumplirá los 38, 22 menos que el precandidato a presidente.

El primer café lo tomaron el 30 de abril de 2013. En modo alumna, Yáñez lo entrevistó para su tesis de grado “Análisis de la tensión interdiscursiva entre Néstor Kirchner y Clarín durante el período 2003-2007”. La entrevista a Alberto fue una de las dos que realizó la estudiante para el trabajo de 81 páginas: la otra fue a la periodista Graciela Mochkofsky, ex pareja de Jorge Lanata. En el estudio, Yáñez analiza los editoriales de ese diario en los primeros meses de la presidencia pingüina, habla de “amenazas” del medio al Gobierno y niega cualquier tipo de “amistad” entre el ex presidente y Héctpr Magnetto. “A lo mejor se buscaron o estudiaron uno a otro, pero sólo en eso consistió tal acercamiento”, concluye Yáñez. La tesis fue calificada con un 10.

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Románticos. Tres años después, llegó el compromiso y el anuncio en Instagram en francés: “Engagé dans París, immensément heureux” (comprometidos en París, inmensamente felices), escribió Fabiola el 14 de mayo de 2016. La foto que publicó mostraba dos copas de vino blanco, sostenidas por las manos izquierdas de cada uno, y en el dedo anular de ella, un anillo de oro.

“No fue algo a lo que le dimos importancia, es un símbolo”, contó Fabiola recientemente, sobre ese compromiso que todavía no se tradujo en casamiento. “Me gustaría tener hijos, lo hablamos, pero los momentos no se han dado, por las ocupaciones”, siguió sobre la posibilidad de formar una familia con el ex jefe de Gabinete de Néstor y Cristina Kirchner, al que asegura que “siempre” admiró.

Esa vez fue una de las pocas en que Yáñez habló de su relación con Fernández, desde que se conoció su candidatura en mayo pasado. Lo hizo en el programa “Incorrectas”, en el que participó varias veces como panelista, después de recibir la bendición mediática de la conductora del ciclo, Moria Casán.

“Un día Fabiola acompañó a Alberto al programa ‘Debo Decir’, donde Moria también estaba como invitada, y cuando la vio le gustó”, cuentan a NOTICIAS quienes trabajan con ambas. Desde entonces, Yáñez forma parte de la agencia de prensa de los hermanos Maxi y Noelia Cardaci, que representan también a Casán. Ellos manejan la imagen de la posible primera dama, reciben los pedidos de entrevistas y, por ahora, la mantienen alejada de la prensa.

Solo. En el entorno de Alberto cuentan dos versiones sobre la ausencia de Fabiola en la campaña: “No la dejan hablar”, dicen algunos, mientras que otros explican que “ella no quiere aparecer porque está muy concentrada en su trabajo y Alberto la respeta”. Los domingos a la tarde, aunque cada vez menos, Yáñez participa del programa “Común y corriente” en Radio 10 y, ocasionalmente, publica notas en Infobae. Su CV periodístico incluye el trabajo para CCN+ de España, el diario La Razón y una nota en Página/12 titulada “Comunero Pro con denuncias de acoso”. El tema la afectó personalmente en su carrera como actriz, cuando denunció a Fabián Gianola por acoso sexual.

En octubre de 2018, Yáñez lo contó en “Intrusos”, también ante Moria Casán: “Me sentí incómoda trabajando tres meses con él (Gianola), pero pude poner un freno”. “¿Por el nombre de tu marido?”, le preguntó la diva. “A veces esas cosas suman”, respondió.

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Hasta hace unos meses, Fabiola también se ocupaba de algunas tareas domésticas, como hacer las compras en el supermercado, cocinar y cuidar a Dylan, el collie de Alberto que debe su nombre al músico Bob Dylan (que, según Fernández, influyó más en su vida que el propio Juan Domingo Perón). En junio pasado, cuando el ex funcionario K se olvidó de tomar una pastilla anticoagulante y terminó internado en el Sanatorio Otamendi con una inflamación pleural, Fabiola sólo lo abandonó para ocuparse del perro.

Dylan tiene 30 mil seguidores en su cuenta oficial de Instagram -su dueño tiene 180 mil-, y que maneja el equipo de campaña de Fernández. Y fue el único integrante de la familia que apareció en un spot del candidato. “La relación con Dylan es una faceta más de su vida personal, a Alberto le gusta su perro y a la gente le interesa saber de él. No es algo que persiga fines electorales solamente, nadie te va a votar porque tengas un perro lindo, pero te acerca a tus seguidores y por eso va a seguir estando”, cuenta a NOTICIAS un integrante del equipo de campaña.

Por ahora, Fabiola y Estanislao Fernández (el hijo de Alberto con su ex Alejandra Luchetti) no aparecen en los planes. “La campaña no está para globos”, se le escuchó decir al consultor Juan Courel, el ex funcionario sciolista y asesor de Felipe Solá que se hizo cargo de la estrategia de comunicación de Alberto a pocos días de su abrupta candidatura.

La única vez que Yáñez acompañó a su pareja a una recorrida de campaña, en la que se puso zapatillas para visitar a una organización social, fue durante una visita a Misiones, la provincia de donde es oriunda. Al resto de los viajes, Fernández suele ir con su jefe de prensa, Juan Pablo Biondi, y el coordinador de campaña, Santiago Cafiero. Para el nieto del histórico peronista se creó ese novedoso cargo, el de “coordinador”, que no llega a ser un jefe de campaña aunque se le parezca.

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Entre los dos se reparten el manejo del auto de Alberto cuando el viaje es corto, para que él pueda hablar por teléfono. Cuando la distancia es larga, toman aviones de línea porque el candidato “no quiere saber nada con los aviones privados ni con la gente que le ofreció prestárselos”, dicen en su entorno.

Cansado. “Las recorridas lo desgastaron, pero está activo pese al problema de salud que tuvo”, revelan en su entorno. “Tose como tosemos todos”, minimizan los que comparten horas de trabajo con Fernández, que por sus antecedentes familiares de tromboflia y trombosis tiene que estar atento a cualquier cambio en el cuerpo.
Su médico de cabecera, Federico Saavedra, le recomendó “continuar con los controles habituales que se venía realizando” antes del pico de adrenalina que le provocó ser el elegido de Cristina Kirchner hace dos meses. Pero Alberto a veces se olvida de las indicaciones, o prefiere no hacer tanto caso.

Las comidas también son un problema. Fernández come a destiempo, cuando puede, y lo que le acercan. No controla la dieta para nada. El tema preocupó hasta uno de sus amigos más íntimos, que hace unas semanas se acercó al candidato y le confesó: “Alberto, estás muy gordo, tenés que cuidarte un poco”.

El hombre, importante en el acercamiento entre él y CFK, asegura que desde su consejo lo ve mejor y más flaco, aunque todavía lo nota “algo pálido”. También dice: “Creo que lo de su salud tiene que ver con esto de que de repente se encontró siendo candidato. Se le vino todo de golpe”. A la tos que lo persigue, sus íntimos la asocian con el estrés, el cansancio y la desorganización por el trajín de la campaña.

Enojado. El miércoles 10 de julio fue un día de furia para Alberto. Se peleó con la periodista Mercedes Ninci a la salida de Comodoro Py, cuando fue a declarar como testigo por sus antiguas críticas hacia el Memorándum con Irán, y luego se cruzó con su colega Jonatan Viale por el mismo tema. Un par de horas después, llegó a Córdoba y fue para peor.

Apenas aterrizó, se trenzó con un periodista local por una pregunta inocente, y luego tuvo una “fría” reunión, según trascendió por aquellos pagos, con el gobernador Juan Schiaretti. La poca sintonía tuvo que ver con la cada vez más aclarada afinidad del cordobés con el macrismo. Desde la provincia hasta lanzaron un comunicado que le cayó pésimo a Alberto: “Del mismo modo en que días atrás el gobernador estuvo con Miguel Ángel Pichetto, hoy recibió a Fernández”.

En el círculo del candidato del kirchnerismo se sintió como una tomada de pelo y la ira llegó al punto de que el Gobierno cordobés borró el texto y lanzó uno nuevo, sin la presencia del senador neo-oficialista. La bronca de Fernández con el periodismo sorprendió a varios: se suponía que él representaba la versión “moderada” del kirchnerismo, algo que él le aseguró en persona a Jorge Rendo, uno de los gerentes del Grupo Clarín, en la reunión privada que tuvieron a fines de mayo. “Fue con él que se reunió, no con Magnetto”, juran desde el albertismo.

En el entorno de Fernández esbozan una teoría sobre la razón del fastidio que lo persigue: “Se enteró de que era candidato de un día para el otro. Él siempre fue un tipo humilde que salía a pasear a su perro y a buscar el diario al kiosco todos los días. Estuvimos una semana para convencerlo de que esa rutina ya no la podía hacer más”, explican, y rematan: “Le cuesta caer y aceptar su nuevo rol”.
Es esa rebeldía o incomodidad para aceptar las limitaciones que la política le impone la que descoloca a Fernández o lo enfurece. Es lo que le pasó, por ejemplo, cuando embarcó a Uruguay a fines de mayo para visitar al ex presidente “Pepe” Mujica: como se negó a volar en avión o en una clase preferencial en el barco, tuvo que tolerar los comentarios de “algunos borrachos”, según un amigo K, que lo prepotearon durante el viaje.

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Fernández y Felipe Solá estuvieron a punto de trenzarse en una pelea con los turistas que los increparon y sólo la pronta intervención del presidente del PJ porteño, Víctor Santa María, evitó que el asunto pasara a mayores. “Es que es cabrón, se le salta la térmica”, cuentan los que atravesaron ese viaje junto al candidato.
Campaña. Los que lo tratan todos los días coinciden en que es una persona “inmanejable”. “En todo sentido y en el buen sentido. Eso puede ser una diferencia positiva para contrastarlo con Macri, que invierte una fortuna en propaganda y está híper coacheado”, asegura uno de los dirigentes que mantiene mayor contacto. Cuando Courel lo citó para grabar los primeros spots de la campaña, que comenzaron a circular el 7 de julio pasado, Alberto pidió que fuera rápido para no fastidiarse. “No me traten como un producto”, exige a sus colaboradores.

A los creativos publicitarios los quiere lejos. Sólo acepta memorizar y repetir mensajes que se adecuen a sus palabras, y algunos mensajes de amigos históricos, como Enrique “Pepe” Albistur, quien todavía se muestra contrariado por los consejos que dio el asesor catalán Antoni Gutiérrez Rubi en la campaña de 2017 de CFK.

Sutilmente, el equipo de comunicación avanza con algunas piezas supuestamente novedosas para acercarse a la gente (sobre todo en las redes), sin molestar a Alberto. Una de las últimas creaciones se titula “Las aventuras del Capitán Beto”.

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Es un video que resume las actividades semanales de campaña del candidato, que se publica en la cuenta de Twitter del Frente de Todos, aparece un Fernández pop musicalizado por la canción “El anillo del Capitán Beto”, de Luis Alberto Spinetta. “A Alberto le gusta Spinetta y por eso lo usamos para este tipo de resumen”, reconocen desde el equipo. Cuando apelan al rock, los colaboradores de Alberto saben que tienen más chances de convencerlo. El candidato, que aprendió a tocar la guitarra con su amigo Litto Nebbia, es un amante de la música. Y hasta compone canciones.

Desordenados. En el equipo algunos se sorprenden porque Fernández desconfía de todas las encuestas que le acercan y suele “puentear” a sus asesores. “A veces prendemos la radio y Alberto está hablando”, cuenta un conocedor de la intimidad de la campaña. Una frase suya resume la actitud: “No quiero parecer un muñeco”.
El caos que atraviesa hoy Alberto también se refleja en la campaña. “Avanza, pero muy lenta”, dice un hombre clave del albertismo en la provincia de Buenos Aires, donde tiene que hacer congeniar los deseos del candidato con los de CFK, los de Máximo y La Cámpora, los de Massa, y de las otras fuerzas. “Es difícil, no hay una sola estrategia, sino varias”. Alberto tiene que hacer un equilibrio entre los factores en pugna: La Cámpora copó las listas de Buenos Aires y causó enojos por doquier, mientras que CFK le ganó la pulseada a Máximo y colocó a Axel Kicillof como candidato a gobernador, puesto que su hijo buscaba cederle a Massa.

Hay más problemas. “No hay una estrategia clara, y los candidatos vienen de distintos partidos, y son difíciles de coordinar”, dice un dirigente que siempre viaja con Fernández. En el albertismo la preocupación no es exagerada: todos sienten que la campaña se les está yendo de las manos, y los días pasan. La última preocupación que corrió por el espacio K tiene que ver con los fiscales: el Frente de Todos apunta a conseguir 40 mil para la Provincia y alrededor de 5.000 para la Capital. Ahí también se nota el caos en la organización, ya que al día del cierre de esta edición no estaba claro si en Buenos Aires los fiscales iban a ser guiados por los intendentes, La Cámpora, o alguna de las otras organizaciones del Frente. Para ordenar la estrategia, y a la vez calmar a los intendentes que reclamaban una hoja de ruta, mientras Alberto estaba en Córdoba, Cafiero y Courel reunieron a candidatos y voceros en un salón de San Telmo para bajar línea. Pero la preocupación no cede.

Un sindicalista muy cercano a Fernández se muestra consternado: “Si perdemos las elecciones va a ser por esta desorganización. Ellos tienen a Durán Barba, que sabe muchísimo de estrategia, y nosotros no nos podemos poner de acuerdo en qué campaña queremos hacer”.