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Opinión, Sociedad / 9 de agosto de 2019

Sorry para todos: el duelo tilingo entre Macri y Cristina

Las muletillas en inglés para cancherear son lo de menos. El limbo ideológico y las arengas más insustanciales de la historia.

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macri cfk

Después de aquel grito desaforado  de Héctor Alterio: “La puta que vale la pena estar vivo”, no se había oído algo parecido hasta la vehemente celebración presidencial del “No se inunda más”, un clamor que -admitió- se anticipa por varios años a la victoria final sobre el agua y que cerró con un criollísimo “carajo”, para ponerle garra a lo Mirtha Legrand. Pero a diferencia de la diva, que asume sus derrapes sin culpa, tras el raptus pasional de cierre de campaña Mauricio Macri, se retractó entre bailoteos y simulación de orejas del Topo Gigio. “Sorry por el carajo, me fui un poquito”, le dijo a su auditorio con un pudor exagerado.

La debilidad por el anglicismo no le es exclusiva. Cristina, su contrincante electoral (porque Alberto abdicó de todo liderazgo simbólico al jurarle a la hinchada que lo aclamaba presidente que nunca más se va a pelear con la jefa), los adora más que Susana Giménez, que es bastante decir.

Always (siempre), My god (mi Dios), too much (demasiado), frecuentan el kilometraje discursivo de Cristina. En su versión más reciente, el pedido de disculpas en inglés a modo de canchereada vino a cuento del hambre regional. “Sorry –dijo desde la tribuna- con la comida estamos peor que en Venezuela”. Y con ese final de frase nos olvidamos del arranque.

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Porque es cierto que la recurrencia a mechar palabritas foráneas como guiño aspiracional  es uno de los tópicos de la tilinguería, esa categoría ontológica argentina que resume la impostura. Pero lo peor es que nuestros presidenciables ranquean en un sentido más profundo que esas monerías del lenguaje.

Según el diccionario del lunfardo lo “tilingo” refiere a algo  a bobo e insustancial. Aplica a una persona que suele hablar mucho para decir tonterías. Y en eso están.

Promesas de felicidad, apelaciones al merecimiento colectivo de un futuro mejor, todo en boca de quienes nos trajeron hasta acá.

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Las pymes como marcas cuchuflito, pindonga o cadorna; aquellas cosas que se pueden decir en La Matanza pero no en Harvard, la diabetes como enfermedad de gente de alto poder adquisitivo y tantos otros hits del pasado K, se contrapesan con un presidente que invita a militar su causa sin argumentos ni explicaciones. ¿Por si no las hay? Y repite la arenga de técnico futbolero del descenso: “Juntos somos insuperables”.

El tilinguismo, habrá que coincidir con un viejo pensador, no es otra cosa que la tontería con cascabeles.

*Editora ejecutiva de NOTICIAS.