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Política / 6 de septiembre de 2019

Fernández – Fernández: quién gobierna (y quién gobernará)

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Desde que Alberto Fernández arrasó en las PASO, una pregunta se repite en todos los ámbitos de la política, los mercados y el mundo empresario. ¿Quién va a Gobernar? ¿Alberto Fernández o Cristina Kirchner? La duda resulta genuina a partir de los hechos. Veamos:

– Cristina ya fue presidenta.
– Fue la jefa política de Alberto.
– Ella definió la fórmula: se puso a sí misma como candidata a vicepresidenta y lo puso a Alberto como candidato presidente.
– Es la que mayor caudal de votos aporta.
– También eligió al candidato a gobernador para la provincia de Buenos Aires.

Estos datos parecerían dejar a Alberto Fernández en una situación de desventaja en la discusión política con Cristina Kirchner, pero además están atados a la memoria histórica nacional con la experiencia de Héctor Cámpora y Juan Domingo Perón (1973) o, con desenlace inverso, la de Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde (2003). En ambos casos, con notables diferencias, prevaleció uno por sobre el otro. Perón era el líder indiscutido y Duhalde terminó fagocitado por Kirchner.

NOTICIAS consultó a voceros de Alberto y de Cristina, quienes coincidieron en que era equivocado pensar que ella le impondría decisiones a él o le pediría ministerios para los hombres y mujeres fuertes de La Cámpora. Para ambas partes las dudas no existen: el que va a gobernar va a ser Alberto.

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Pero si la misma pregunta se extiende a los distintos grupos que conforman el Frente de Todos, las respuestas son más ambiguas y permiten vislumbrar un escenario de poder escindido de cara a un probable gobierno de Fernández & Fernández. La sensación es que Cristina tendrá poder de veto sobre algunas decisiones que quiera tomar Alberto, en especial las que tengan que ver con dar lugares de poder a personajes que Cristina rechace. Es que Fernández tiene colaboradores y aliados que Kirchner desprecia: un ejemplo es Sergio Massa, en los papeles, uno de los miembros más destacados del Frente de Todos.

Garante. ¿Cuál es el verdadero rol de Alberto? Esta pregunta se puede responder con una imagen: el día del cierre de campaña en Rosario, sobre el final, cuando sonaba Mariposa Tecnicolor de Fito Páez, Fernández fue a buscar a Massa a un costado del escenario y lo trajo para que salude a Cristina. Entre ellos hubo un efusivo abrazo, pero entre Massa y Cristina, apenas un beso. Ni una palabra. Fernández, en su afán por buscar armonía dentro del Frente de Todos, se convirtió en el garante de la paz. ¿Se habrá olvidado Cristina de la campaña de 2015 cuando Massa dijo: “los voy a meter presos” y “voy a barrer con los ñoquis de La Cámpora”? El odio a Macri puede más, al menos para imponerse en las urnas. Conviene indagar ya mismo qué pasaría desde el día hipotético en que dejen de ser una exitosa oferta opositora y recuperen el poder.

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Los colaboradores más cercanos a Alberto Fernández sostienen que él y Cristina “cerraron un acuerdo muy profundo, que va más allá de quién pone o saca a un ministro”. Es decir que, interpretando esas palabras más allá de las buenas intenciones, hay intereses superiores al del control de la burocracia de un Gobierno. En principio, Alberto le garantizaría un cese en la persecución judicial, y su oficio de interlocutor de sectores con los que Cristina perdió diálogo hace muchos años, como el Grupo Clarín, el campo, empresarios de la burguesía no K y con la Justicia, entre otros. En este rol, aparece la bipolaridad discursiva del candidato presidencial: un día dice cosas “moderadas” que conmueven hasta el aplauso a la plana mayor del Grupo Clarín, y al rato patea el tablero con declaraciones incendiarias sobre el FMI y la viabilidad financiera de la Argentina.

Poder. Una máxima peronista dice que, al final del día, todos los dirigentes se alinean detrás del que tiene la lapicera. En este caso, se trataría formalmente de Alberto Fernández. Pero dentro del Frente de Todos hay diferentes líneas internas autónomas que custodian sus propios intereses. En primer lugar están los albertistas de la primera hora, encabezados por Eduardo Valdés, Guillermo Nielsen, Jorge Argüello, Santiago Cafiero y todo el Grupo Callao, el grupo de economistas y técnicos que creó Fernández. Por otro lado está el massismo, que además de su fundador, también contiene a Diego Bossio, despreciado por CFK, y Daniel Arroyo, hombre con buena llegada a los sectores sociales. Está también el grupo de los gobernadores, donde el más colaborativo con la campaña de Fernández fue el tucumano Juan Luis Manzur, pero también hay otros como Omar Perotti o Anabel Fernández Sagasti. De repetirse el resultado de las PASO, Fernández Sagasti podría convertirse en la primera gobernadora de La Cámpora en un distrito clave como la provincia de Mendoza.

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Dentro del universo cristinista hay dos grandes grupos. Por un lado está La Cámpora y por otro lado Axel Kicillof, que a esta altura ya se puede bautizar como el “Axelismo”. En La Cámpora el principal referente es Máximo Kirchner, el hijo de la expresidenta y principal aspirante a heredar el poder que ella ha construido. También es parte de este grupo la diputada Luana Volnovich. Eduardo “Wado” De Pedro es otro hombre fuerte de la organización y que en este Frente tomó un rol clave a la hora de articular entre Alberto y La Cámpora. Si hay algo unánime entre todos los integrantes de la alianza es que hay altas probabilidades de que “Wado” quede al frente de algún ministerio. Por ahora, su rol visible es acompañar a Alberto a ciertas reuniones, tal vez como garante de que Cristina dará luz verde a lo que su futuro presidente se comprometa en privado. En público, ciertos cambios de humor albertista respecto de su declarado compromiso con la gobernabilidad de Macri hacen sospechar que no siempre es fácil convencer a Cristina de que el diálogo no es complicidad o al menos ingenuidad. Un rumor que se esparció tras la marcha en apoyo a Macri afirma que Cristina enfureció esa noche: sus voceros salieron a desmentir la escena de nervios llamando a periodistas con los que no hablaban hace una década.

En la Provincia de Buenos Aires habrá un juego menos negociado. Allí comenzaron a levantarse los cimientos del “axelismo”, quien, hasta ahora, carece de un armado propio, pero cuenta con el respaldo absoluto de Cristina Kirchner. Esto también es un problema porque la devoción de CFK por Kicillof provoca resquemores dentro del kirchnerismo, en especial cuando Axel intenta llevarse todo el protagonismo. Un ejemplo de esto fue cuando, en el cierre de campaña en la provincia de Buenos Aires, estaban por tomar una foto a Cristina, Axel y la candidata a vicegobernadora Verónica Magario. El intendente de Merlo Gustavo Menéndez quiso sumarse a la foto, pero Axel lo empujó. Esto no cayó bien.

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Entre las personas de confianza de Kicillof se destacan Augusto Costa, potencial ministro de economía de la provincia; Cecilia Nahon, ex embajadora en Estados Unidos y Carlos Bianco, ex vicecanciller, devenido en chofer. Bianco es el dueño del Renault Clio con el que Kicillof recorrió la provincia de Buenos Aires. El exministro de Economía tendrá un desafío similar al de Alberto ¿Con quién completará el organigrama de su eventual Gobierno? Cristina también estará ocupada “sugiriendo” funcionarios para la provincia.

¿Qué rol tendrán los intendentes? Hay quienes especulan con que los jefes distritales ya están pidiendo algunos lugares para ubicar personas propias. El rumor más fuerte está alrededor del intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, quien habría pedido Lotería de la Provincia. El marido de Jésica Cirio tiene fuertes vínculos con este mundo. Solo hay que recordar su casamiento con la modelo: aquella noche de 2014, había una mesa especial para los hombres más pesados del juego en la provincia de Buenos Aires.
Botonera. El reparto de ministerios a nivel nacional requiere de cálculos matemáticos muy finos, porque un hombre “mal puesto”, puede tener consecuencias inesperadas. Los conocedores de la burocracia estatal coinciden en que los lugares clave para ocupar y que permiten tener control sobre los resortes del Estado son la jefatura de Gabinete, el Ministerio de Hacienda, la AFIP, la ANSES, la Secretaría de Medios, la AFI, el Banco Central, la UIF, la Procuración y sobre todo, el Ministerio de Seguridad. Cada uno de estos lugares, al mismo tiempo tiene secretarías y direcciones que también son vitales. Por ejemplo, dentro del Ministerio de Hacienda, un lugar relevante y poco vistoso es la subsecretaría de Presupuesto. Es el tesorero del Estado y conoce en qué se gasta cada centavo. En términos de información, la persona en ese cargo tiene mucha. En el Banco Central está la Superintendencia de entidades financieras.

Esta es la policía de los bancos. Y así se podría encontrar un rol clave en cada organismo del Estado. ¿Cómo se ocupan esos lugares? En la historia reciente hemos visto distintas formas de ocuparlos. Por ejemplo: durante la década del 90, Carlos Menem puso hombres fuertes al frente de cada ministerio, que tenían control absoluto de sus carteras. Sobran los ejemplos: Roberto Dromi, Carlos Corach o Domingo Cavallo. Durante la presidencia de Néstor Kirchner asistimos a un método de competencia interna pero controlada. Es decir: el ministro tenía dentro de la estructura una o dos personas que respondían también al Presidente. El ejemplo más claro se dio en el Ministerio de Planificación, donde el ministro Julio De Vido tenía además a los secretarios José López (Obras Públicas) y Ricardo Jaime (Transporte), que también tenían línea directa con Kirchner. Ya durante la presidencia de Cristina, continuaron algunos ministros, pero en el segundo mandato apareció La Cámpora como una agrupación en la que Cristina se respaldó para controlar los distintos ministerios. Es decir que a cada ministro le sacaron un secretario y le pusieron uno nuevo que también oficiaba de “controller”.

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Alberto Fernández sabe de estos métodos y de otros más novedosos también, por lo que no podrá alegar desconocimiento a la hora de definir cargos en una hipotética presidencia suya. ¿Él elegirá al ministro y Cristina pondrá al “controller? ¿O al revés? Esta pregunta se la hacen en el Instituto Patria y colaboradores de Alberto. “Estoy seguro de que Alberto ya tiene dos o tres nombres definidos en su cabeza para algún ministerio, pero no los va a decir porque todavía no ganó”, confía uno de sus colaboradores en las oficinas de México al 300.

Nombres. Hoy Alberto Fernández tiene equipos que lo acompañan en diferentes sectores y es razonable pensar que de esos equipos puedan salir ministros o funcionarios de segundas líneas. Por ejemplo, en temas políticos, las personas más relevantes son, Santiago Cafiero, Juan Luis Manzur, Guillermo Justo Chávez, Juan Manuel Olmos, Eduardo Valdés y “Wado” De Pedro, que también tiene una pata en temas judiciales, al igual que Marcela Losardo y Arturo Iribarne. Estos últimos dos suenan para ir a la Agencia Federal de Inteligencia al igual que Julio Vitobello, el ex director de la Oficina Anticorrupción. En materia económica, están: Guillermo Nielsen, Matías Kulfas, Cecilia Todesca y Emmanuel Álvarez Agis. En Educación: Daniel Filmus, Gustavo Beliz y Fernando Peirano. En Producción: José Ignacio De Mendiguren. En Trabajo: Carlos Tomada, Héctor Daer, Víctor Santamaría y Sergio Pallazo. En Salud: Gines González García, Pablo Yedlín y Daniel Gollan. Desarrollo Social: Daniel Arroyo. Agro: Jorge Neme y Gabriel Delgado. Energía: Sergio Lanziani y Federico Bernal. Exterior: Jorge Taiana y Jorge Argüello. Comunicación: Juan Pablo Biondi, Juan Courel y Julián Leunda.

La elección de las personas también representa otro desafío para Fernández, porque dependiendo a quien elija para cada cargo será una señal. Algunos ejemplos: En Justicia, no será lo mismo poner a Eduardo “Wado” De Pedro, un claro hombre de Cristina Kirchner, que poner a Marcelo Losardo, una de las mujeres de mayor confianza de Alberto: hay que ver quién garantizaría mayor eficacia en la tarea de “limpiar” el prontuario judicial en curso de la expresidenta y los suyos. En Trabajo, los sindicalistas esperan tener alguna voz a la hora de elegir. Algunos de ellos ya ven con buenos ojos a Julián Domínguez. En la Cancillería, ¿pondrá a su amigo Jorge Argüello? Esta elección será importante porque Argentina deberá continuar teniendo buenas relaciones con el mundo, en especial con Estados Unidos, el socio más importante del FMI y el mercado donde más endeudada está la Argentina. En línea con esto, también estará la elección del jefe de la AFI. En el mundo occidental, el alineamiento respecto de la política extranjera de los países principales suele determinar el resto de las relaciones. Los tres ejemplos más claros son China, Rusia y el terrorismo. Con el triunfo de Alberto Fernández en las PASO, la incertidumbre se apoderó del escenario.

Ahora, el FMI deberá definir si desembolsa los 5.400 millones de dólares para septiembre, que ayudarán a estabilizar la economía que, es probable, herede Fernández. Las preguntas que se hacen en Argentina, también se las hacen en el FMI. ¿Cómo será el Gobierno de Fernández? ¿Querrá el FMI seguir financiando a un país que no sabe qué rumbo tomará en los próximos años? Cuando Alberto Fernández comience a dar definiciones sobre cuál será su política económica, no sólo se sabrá qué rumbo tomará la Argentina: también comenzará a definirse quién estará realmente al mando.