Martes 2 de junio, 2020

CIENCIA | 30-03-2020 14:09

Qué produce en la mente y las emociones vivir en cuarentena

Los efectos psicológicos colatrales del aislamiento. Las edades más afectadas y cómo angustiarse menos.

En enero, China sorprendía al mundo con su declaración de cuarentena sobre ciudades enteras, con más de 70 millones de personas. Pero a la primera sensación de asombro le siguieron, dos meses más tarde, otras cuarentenas, en países enteros de un mundo signado por la pandemia del nuevo coronavirus. De hecho, y a partir del miércoles 25, India bloqueó a todos sus habitantes: 1.300 millones de personas, nada más, nada menos. 

¿Qué efectos tiene esto, más allá de la economía de la que tanto se habla? ¿Estamos los seres humanos para pasar días, semanas, meses encerrados en casas, departamentos, hoteles, casillas, donde sea que vivamos? ¿Qué pasa en la mente y en las emociones? ¿Durante cuánto tiempo? ¿Con qué intensidad? 

“Sabemos que el aislamiento tiene efectos psicológicos potentes para los seres humanos. Dependemos de nuestros contactos sociales para mantener estable el estado de ánimo y para regular las emociones en general. El contacto social es un universal humano, aún cuando en algunas personas tiene un impacto mayor que en otras, dependiendo de sus rasgos de personalidad”, explica Fernando Torrente director del Departamento de Psicoterapia en el Instituto de Neurología Cognitiva, INECO. 

De hecho, la soledad en el mundo es un problema sanitario general, porque cada vez es más la cantidad de personas en países (sobre todo occidentales) que viven solas. Pero el aislamiento del coronavirus es otro. "Uno muy diferente, obliglatorio y que, de no acatarse, puede tener consecuencias potencialmente negativas".

Soledades. La ciencia muestra que la ansiedad y el aislamiento aumentan la vulnerabilidad a la enfermedad, al desencadenar subas en la presión arterial y en las frecuencias cardíacas, incremento en los niveles de las hormonas del estrés y en los procesos de inflamación entre personas que de otra manera no se enfermarían. 

Aislamiento

En 2015, Julianne Holt-Lunstad, neurocientífica y psicóloga de la Universidad Brigham Young (Estados Unidos) publicó un análisis de setenta estudios, en los que participaron 3,4 millones de personas, examinando el impacto del aislamiento social, la soledad y la vida solitaria. La científica halló que la soledad aumentó la tasa de muerte prematura en un 26%. 

Pero volvamos a la soledad de la cuarentena. “Es probable que este aislamiento produzca en el corto y mediano plazo efectos sobre el estado del ánimo y cuadros de ansiedad importante en buen número de personas”, explica Torrente, también decano de la Facultad de Ciencias Humanas y de la Conducta de la Universidad Favaloro. 

Aunque no se recuerde, cuarentenas en ciudades fueron impuestas en áreas de China y Canadá durante el brote de 2003 del síndrome respiratorio agudo severo (SARS, también causado por un coronavirus), mientras que aldeas enteras en muchos países de África occidental fueron puestas en cuarentena durante el brote de ébola del 2014. La psiquiatria y docente Rima Styra y su colega canadiense de la Universidad de Toronto, Laura Hawryluck, médica especialista en cuidados críticos, investigaron las cuarentenas establecidas durante el brote de SARS y descubrieron que el 29% de las personas en cuarentena mostraban signos de trastorno de estrés postraumático y el 31% tenían síntomas de depresión después del aislamiento. 

Pero la enfermedad COVID-19 provocada por el nuevo coronavirus trajo cuarentenas y aislamientos generalizados. Una investigación muy reciente, publicada en la revista médica The Lancet, muestra que la cuarentena está relacionada con los síntomas del trastorno de estrés postraumático (TEPT), la confusión y la ira, y algunas investigaciones sugieren que estos efectos son duraderos. “Hicimos una revisión del impacto psicológico de la cuarentena utilizando tres bases de datos electrónicas -explican los investigadores-. De 3.166 documentos encontrados, 24 están incluidos en esta revisión. Los estudios informan la emergencia de efectos psicológicos negativos, incluidos síntomas de estrés postraumático, confusión y enojo”. Y resumen las sensaciones más comunes: “Los factores estresantes incluyeron una mayor duración de la cuarentena, temores de infección, frustración, aburrimiento, suministros inadecuados, información inadecuada respecto de la situación que se vive, pérdidas financieras y estigma”, describen Samantha Brooks, del King´s College London (Gran Bretaña) junto con otros seis colegas. 

“Hay distintas variables que influyen sobre el efecto del aislamiento que estamos viviendo en la cuarentena. La primera es la alteración de las rutinas habituales que no permite a las personas desarrollar las actividades que forman parte del refuerzo del estado del ánimo”, describe Torrente. Y es que las rutinas son un sostén muy importante para la estabilidad humana: cuando esas rutinas se desorganizan mucho, las personas tienden a ser más inestables, y viceversa. Si alguien tiene ya de por sí algún tipo de trastorno psicológico o neuropsiquiátrico, la situación puede agravarse. Tantos los estudios de investigación como la experiencia cotidiana demuestra que, en cuadros de depresión, las actividades pueden mejorar el estado del ánimo de la persona enferma. Por el contrario, quienes tienen depresión y, ahora, están aisladas y sin contacto con actividades estimulantes, pueden deprimirse más. A esto hay que sumarle el miedo al contagio de una enfermedad, que refuerza la ansiedad.  

Adultos mayores. Además de ser quienes mayores riesgos corren frente al contagio del coronavirus, la pasan particularmente mal durante el aislamiento. “Los miedos que cualquiera persona mayor tiene van a aumentar más, porque se suman la alteración de las rutinas con los temores por lo que sucede”, advierte Pablo Richly, médico psiquiatra, director del Centro de Salud Cerebral, CESAL.

“Quienes tienen trastornos de demencia y dificultad para poder comprender el contexto tampoco podrán manejarlo. Solo pueden pensar que están encerrados y no los dejan salir. Al no poder poder comprender y razonar por qué sucede eso, comienzan a fantasear”, puntualiza. Y agrega: “Lo no verbal es más fácil de leer que lo verbal. Si una persona en estas condiciones vive en familiar, y advierte que hay estrés, tensión, miedos, irritabilidad, sentirá que algo amenazante los rodea, y su cuadro empeorará”. 

El denominado síndrome del atardecer, en este escenario, empeora y es cuando esas personas adultas mayores con demencia pueden agitarse, ponerse inquietas. Una estrategia posible, según Richly, es el deambular seguro, para lo cual tendrán que tener un permiso que les permita salir a la calle durante un breve lapso de tiempo. Acompañados, claro, y tomando todos los recaudos para evitar contagiarse el coronavirus.  

Mitigación. Los especialistas coinciden en que la información de buena calidad, para calmar ansiedades y reducir el estrés, es fundamental. “Nuestro estudio mostró cuán importante es que las personas cuenten con información y actualizaciones confiables, para poder entender qué es lo que se sabe sobre la enfermedad, lo que se desconoce y lo que se está haciendo para tratar de cerrar esa brecha", explican Styra y Hawryluck.

Durante la cuarentena que primero abarcó a Wuhan, la Comisión Nacional de Salud de China publicó pautas para la atención psicológica durante la epidemia de coronavirus y trasladó a profesionales de la salud mental a la ciudad donde primero se iniciaron los contagios. Varias provincias de China también crearon líneas directas de salud mental las 24 horas para apoyar a quienes sufren de coronavirus y aislamiento.

“Está comprobado que las motivaciones altruistas son las que mejor sostienen una cuarentena -advierte Fernando Torrente-. Si pensamos que lo hacemos como un conjunto social, que nos cuidamos entre todos, sentiremos más alivio ante las sensaciones de estrés, ansiedad y depresión”. Además, advierte el especialista, hay que armar una vida más o menos organizada, de modo tal que el día a día entre cuatro paredes se convierta en algo previsible y razonable, dentro del contexto. 

“Estamos todos en ésta” podría ser un buen mantra para comenzar las mañanas. 

 

Según la edad:

En los adultos mayores el aislamiento puede generar efectos psicológicos importantes. El efecto de la soledad aumenta los niveles de deterioro cognitivo, de demencias, de depresión (Ver nota central). Pero las personas de mediana edad son quienes sienten los mayores niveles de estrés y sobrecarga. “Ellas deben encargarse de que todo funcione, sostenerse a sí mismas pero también sostener a los más chicos y a los mayores, además de sobrellevar las preocupaciones de la sobrevivencia, como por ejemplo el cómo mantener los ingresos económicos, pagar las cuentas, hacer frente a las exigencias de cómo cumplir con el trabajo si lo tienen”, resume el psicólogo Fernando Torrente, desde INECO. Los adultos jóvenes y adolescentes lamentan más las limitaciones de su vida y su libertad, con lo cual pasan por mayores crisis de enojo y de aburrimiento. Y los niños, dependiendo de su edad, sufren al ver su vida habitual desorganizada. Ellos dependen de un entorno externo que los ordene, y por eso es muy importante que los adultos puedan brindarles un entorno más o menos predecible.

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Andrea Gentil

Andrea Gentil

Editora de Ciencia, Medicina y Tecnología. Docente.

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