Lunes 23 de mayo, 2022

CULTURA | 18-08-2020 18:19

Jorge Sigal: memorias de un ex comunista

El periodista reeditó el relato de su paso por el partido. El duelo y las críticas de sus ex camaradas. Historia de su padre militante.

Jorge Sigal está convencido de que la revolución se asoma a la vuelta de la esquina. Es un comunista orgulloso, que lleva desde los 14 años el carnet de afiliado del PC en el bolsillo e incluso pasó doce meses entrenándose en la mismísima Unión Soviética. Ya se convirtió en uno de los máximos dirigentes juveniles de su partido, y como tal, en los albores de la dictadura, está preparado para afrontar los peligros que le puedan interponer el capital y sus tentáculos. Imposible imaginar que, algún día, será él mismo quien desafíe la fe proletaria.

Ese veinteañero de barba pronunciada custodia la espalda del hombre actual, el del 2020. El Sigal comunista está pegado, en versión blanco y negro, sobre un pizarrón en el que aparecen también, otras fotos del pasado del periodista. “Es que no reniego de eso, lo incorporo”, explica ahora a través del Zoom a NOTICIAS, acuarentenado en su hogar, mientras señala las imágenes que están detrás de su escritorio.

Esa oración no es una frase al aire: es la síntesis de un largo período de turbulenta reflexión sobre el sentido de su militancia, y por lo tanto de su vida. Literalmente un duelo, que incluyó serios hostigamientos de sus ex camaradas y que además fue familiar. Porque no sólo se alejó de la idea de que había que darle todo el poder a los soviets; también se apartó de lo que creía, era el mandato paterno: es hijo de un padre revolucionario, un comunista modelo que murió ahogado cuando el periodista era apenas un niño. Persiguiendo ese fantasma es que se sumó con tanto fervor a la causa. Por eso fue tan doloroso el proceso, al punto de que el día en que se fue del partido le pareció que había “matado a su padre”. Y ése fue el título del libro que salió en 2006 (“El día que maté a mi padre. Confesiones de un comunista”) y que Editorial Sudamericana acaba de reeditar en una versión ampliada.

Todos los duelos

La esencia del libro es cómo elaborar el duelo, el de mi padre y el de mi padre putativo, mi padre PC. Lo digo medio en broma pero tiene algo de verdad: el partido reemplaza a mi papá. Cuando perdés a un padre a los 14 años andas buscando padres sustitutos mucho tiempo. Mi trabajo es de duelo y por eso hoy no me siento melancolizado, podría haber terminado como mi mamá, que era agnóstica pero se vistió de negro durante ocho años e iba al cementerio una vez por semana”, cuenta Sigal.

Jorge Sigal en Rusia

Noticias: ¿Cómo fue el duelo? En el libro usted cuenta que lo recorre con la ayuda de Mario, su analista.

Jorge Sigal: Son elaboraciones muy complejas, de sentimientos que escapan a la racionalidad. No es decir “estoy en desacuerdo” y listo: mi papá, mi abuela, mi familia, mis amigos, mi mundo, la URSS a los 17. Es un proceso de gran trabajo personal. No creo ser un caso excepcional, supongo a un cura que cuelga los hábitos le debe pasar lo mismo, no es que te cansás de ser cura y listo.

Noticias: Algo interesante que usted hace también en el libro es la reconstrucción de la situación del PC durante la dictadura, a la cual el partido termina apoyando, un tema del que se sabe poco. ¿Cómo fue el proceso de aceptar que había quedado del lado de “los malos”?

Sigal: Me gustaría decirte que fui un iluminado, pero sería una mentira. Confié plenamente, que es algo difícil de explicar. Cuando pertenecés a una estructura que parece invulnerable, confías ciegamente. Los informes del PC bajaban con detalles, tenían rigor científico. En ese momento militaba en la universidad, que fue un sector muy golpeado también en el PC. Debemos haber tenido entre el '76 y el '78, diez o doce secuestrados, gente cercana, algunos amigos. Me daba el temor que teníamos todos, pero seguíamos adelante. En todo caso, eso hace eclosión hacia el final del camino. Se junta con mi crisis que es personal, es de vocación, es de no soportar ese clima de encierro en el que vivía. Y se junta con el estallido de la política, de su fracaso. Venía de la convergencia cívico militar, de Lúder, y luego llega la cereza del postre: el PC descubre, décadas después de criticarlo, al guevarismo. Por primera vez sentí un enorme resquebrajamiento. Y creo que todo eso se junta con mi estado de ánimo y con mis ganas de hacer periodismo. Ahí me doy cuenta de que es realmente un delirio, digo basta y empiezo, desesperadamente, tratar de sacarme de encima mi pertenencia.

 

El día que maté a mi padre

 

Noticias: Y a eso se suman las críticas de sus ex compañeros, que además deben haber aumentado cuando usted asumió como secretario de Medios Públicos en el gobierno anterior.

Sigal: Yo no soy un quebrado, que es lo que algunos ex comunistas necesitan decirme para estar tranquilos con su conciencia: se quebró. Hay dos o tres cosas que me dicen muy seguido: una es “el tipo se hizo millonario”. ¡Me cago en la ostia! Los invitaría a mi casa, vivo igual que antes de ser secretario de Estado, igual. Otra es la del “miedo”: “se fue por cagón, porque para ser comunista hay que ser valiente, para estar del lado del proletariado hay que tener cojones”. ¡No hijo de puta! Me banqué toda la dictadura. Tuve en mi casa a Agustín Tosco clandestino cuando lo buscaba la Triple A. Nunca dejé de llevar armas de un lugar a otro. Nunca dejé de salir a la calle. Hice lo que pude. No me estoy haciendo el fanfarrón, no es que no tenía miedo, lo tenía. Pero los tipos te tienen que decir que sos un cagón, que te pasaste al macrismo, que te hiciste millonario, todas las categorías de la degradación humana que supuestamente son lo contrario a lo que predicabas. Esto es un signo de brutalidad, de analfabetismo: para decir que sos malo, para decir que no me gusta lo que hacés, tengo que decir que sos una basura. No es por ahí. Discutí ideas.

Noticias: También está la idea de la traición.

Sigal: Esa es otra muletilla favorita de los fanáticos. La pregunta sería: ¿a quién traicioné? ¿A qué partido? ¿Al PC de la convergencia cívico militar? ¿Al partido que votó a Luder? ¿Al que se hizo guevarista? Entonces, ¿a qué traicione? ¿A un envase, en el que va cualquier cosa adentro, aunque vaya cargado de bosta o de oro?

Noticias: Pero la “deuda” era más con su padre que con el partido.

Sigal: Eso es algo que trabajé mucho. Hay tipos que hablan en nombre de mi papá también, me lo han escrito: “Si te viera tu papá”. Son delirios, gente que es más hija de mi padre que yo. Yo dialogué mucho con mi papá y sigo dialogando, con esa figura tan fuerte de mi vida. Creo que mi papá era muy inteligente y mucho menos dogmático que lo que yo vi, que se opuso a cosas a las que yo no me opuse cuando era un militante ortodoxo. Creo que él estaría orgulloso, contentísimo, de que yo no sea un troglodita, porque él no lo era. Él se relacionó con mucha gente muy diversa, no era un obtuso, aunque yo lo reconstruí como tal. Estoy muy en paz con la imagen de mi padre.

Recuerdo de un gran amigo

Todas las mañanas José Antonio Díaz pasaba a buscar a Jorge Sigal para ir al secundario. En esos años, no sólo se hicieron íntimos amigos sino que además compartieron una profunda pasión: ambos abrazaron tempranamente la causa revolucionaria y fueron escalando a la par en el escalafón partidario del PC. También coincidieron en su desencanto sobre el comunismo y se alejaron a la par del partido, con el regreso de la democracia.

 

José Antonio Díaz

 

Luego los dos ex compañeros se hicieron periodistas. De hecho, José Antonio, un gran profesional con varios libros en su haber, fue parte del primer staff de NOTICIAS, en 1989. Y fue el editor de Economía de la revista hasta el último de sus días. Murió en el 2016, a los 66 años, dejando un enorme vacío en la redacción y también en Sigal. De hecho, “El día que maté a mi padre” está dedicado “in memoriam” a su amigo, con el que se fue distanciando luego de irse del PC.

“Al final se murió. Sin decirme nada. Y yo me quedé solo. Con un dolor que me perfora el alma. Porque una cosa es no ver a quien se ama y otra muy distinta es saber que ya no está”, escribió Sigal cuando murió. Todavía se lo extraña.

 


 

 

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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