CULTURA | 17-11-2021 15:30

Qué revela una nueva investigación sobre el Buenos Aires Herald

Un libro reciente sobre el famoso diario describe luces y sombras en 141 años de existencia. Grandes periodistas y su rol en la dictadura.

En nuestra “memoria colectiva”, ese concepto acuñado por el filósofo francés Maurice Halbwachs, que hace referencia a los recuerdos que atesora una sociedad en su conjunto; el diario Buenos Aires Herald fue protagonista de una gesta épica. La publicación fue la única que en la época de plomo que asoló a la Argentina durante la última dictadura militar, llevó a sus páginas noticias y nombres relacionados con las atrocidades cometidas desde el propio Estado.

Fue un inmigrante escocés, William Carthcart quién, en 1876, creó una página de servicios sobre el movimiento portuario, a la que llamó The Buenos Ayres Herald. En la floreciente ciudad que crecía a pasos agigantados, esa hoja inicial se transformó en un periódico escrito en inglés, que comenzó a codearse con el poder gubernamental y económico para defender los intereses británicos, a veces de manera sutil y otras de forma directa.

A lo largo de 141 años de existencia, sobreviviría a todas las crisis económicas del país, los vendavales revolucionarios y los innumerables cambios de gobierno que asolaron estas tierras y perduraría más allá de los distintos mandos de su cúpula empresarial. En la mayoría de los casos, prodigó elogios para quienes asumían la conducción y tomaban las riendas de la política y sembró críticas a los que abandonaban el poder.

Robert Cox

En 1969, el legendario periodista sajón Robert Cox se sumó al Herald y terminó de profesionalizar al staff al incorporar al anglo-argentino Andrew Graham-Yooll y al dar una oportunidad a su compatriota James Neilson (entonces jefe de Deportes). Juntos, a pesar de los avatares y roces por las diferentes formas que tenían de encarar la tarea informativa, terminarían por conformar la Santísima Trinidad del periodismo.

En la última etapa de circulación, de 2013 a 2017, cuando las dificultades económicas y la falta de interés del Grupo Indalo (propietario final) hicieron inevitable la aparición del fantasma del cierre, fue dirigido por el joven periodista Sebastián Lacunza. Terminada su relación laboral, Lacunza se lanzó a la tarea titánica de reconstruir el pasado del medio en que había trabajado. Con la colaboración en la investigación de Cecilia Camarano, esa investigación acaba de publicarse bajo el título “El testigo inglés. Luces y sombras del Buenos Aires Herald” (Paidós) y se trata de un completo repaso por la trayectoria del diario, que a su vez se transforma en un fresco imprescindible de la historia argentina.

El testigo inglés

La entrevista

En la tranquilidad de su casa en Caballito, Lacunza dialogó con NOTICIA, para contar las motivaciones de su tarea y lo que descubrió al sumergirse en la historia del diario.

NOTICIAS: ¿A qué atribuye el prestigio que alcanzó el Herald?

Sebastián Lacunza: En un enorme porcentaje, a la cobertura de las desapariciones y del terrorismo de Estado. El prestigio está ahí. Cuando cerró, la noticia dio la vuelta al mundo. Hay obituarios del Herald en los principales medios de habla inglesa, de América Latina y de Europa.

Sebastián Lacunza

NOTICIAS: ¿Y la particular longevidad?

Lacunza: A un par de factores, el principal, sociológico; es la inmigración británica. Esa comunidad buscó su diario; eso decía Andrew Graham-Yooll. Él sostenía que los británicos querían su diario, el colegio de sus hijos, el club y la iglesia. Con todo eso hacían una vida sin mezclarse demasiado. Luego, lo que le permitió continuar unos buenos cincuenta años más fue, por un lado, la gestión de Robert Cox como periodista, que le dio la impronta de un diario argentino para una capital cosmopolita y después, la dictadura. Fue difícil cerrar el Herald con el prestigio que tenía.

NOTICIAS: Su investigación comprobó que el diario apoyó golpes de Estado. ¿Cómo se transformó más tarde en vidriera de los derechos humanos?

Lacunza: Durante un tiempo esa política fue de supervivencia. Como en un comienzo tenían claro que querían dedicarse a la comunidad británica y hacer lobby específico para sus intereses financieros y empresariales, no querían ponerse en la mira de un gobierno. Cox, con su visión elitista, su visión binaria a la europea, le da una impronta más distante. Eso se percibe en la relación con Onganía, con Lanusse, con el mismo Perón. Al Cox tan anti peronista, le agrada mucho el Perón de los setenta y lo escribe. Llega a la dictadura con la expectativa, bastante habitual en los sectores “moderados” de esa década, de que Videla iba a representar la carta civilizatoria que iba a poner paños fríos en la locura peronista. El factor que hace que el Herald haya sido lo que fue, es una actitud personal de Cox. Creo que lo que lleva a la denuncia es su personalidad. Es un tipo conservador, humano, cristiano. Se rebela ante la atrocidad.

Andrew Graham-Yooll

NOTICIAS: ¿La presencia de Graham-Yooll influyó en la profundización del cambio?

Lacunza: Totalmente. Andrew es argentino, de Ranelagh; porteñazo. Tuvo una infancia muy dura y traumática por la muerte de su madre, el alcoholismo de su padre y la violencia de su madrastra. Se involucra en la librería de Jorge Álvarez con la movida cultural. Conoce a muchos militantes, participó de alguna revista peronista, sin admitir nunca ser de izquierda ni peronista. Hasta Cox, era un diario cuyos redactores eran inmigrantes, hijos de veteranos, bohemios, gente de paso. Él le da una marca más periodística, pero el cronista de la generación de los sesenta, que de alguna manera revolucionó el periodismo argentino, es Andrew. Es el que lleva la agenda, el que se entrevista con Santucho y se deja secuestrar. Tenía un apego por la noticia y el hecho sin juzgarlo. Cox y James Neilson son mucho más sentenciosos; determinan qué está bien o que está mal y lo escriben. Andrew era mucho más cronista y narraba su época. Tuvo choques fuertes con Cox que los llevaron a estar distanciados un tiempo. Era intolerable y difícil de digerir que Andrew, que tenía diez años menos, viniera con la crónica de una tarde con la cúpula del ERP.

NOTICIAS: ¿El Herald fue allanado para buscarlo?

Lacunza: Si, lo van a buscar a la redacción. Él creyó que muchos de los compañeros lo dejaron solo. Neilson sospechaba de sus conexiones; lo escribió en el Buenos Aires Times cuando Andrew falleció. Para él era muy difícil distinguir la frontera entre aquél que hacía la crónica sobre las juventudes de izquierda revolucionarias y armadas, y aquél que se llevaba demasiado bien con ellos. Una versión dice que Micaela, su esposa, tenía vínculos con el PST (Partido Socialista de los Trabajadores), aunque al consultar a los hijos me dijeron que no conciben la idea de que sus padres hayan pertenecido a una organización armada. Andrew se va en septiembre del ’76, en silencio, con la ayuda de la diputada jujeña María Cristina Guzmán.

NOTICIAS: ¿Es posible dar información concreta sin influir en la formación ideológica del lector?

Lacunza: Creo que es posible ser honesto y apegarse a los hechos. Quizá la respuesta sea no, pero me parece importante intentar separar los hechos del objetivo editorial.

 

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Jorge Luis Montiel

Jorge Luis Montiel

Periodista crítico de artes y espectáculos.

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