viernes, febrero 21, 2020

CULTURA | 30-12-2019 10:36

A 15 años de Cromañón: el libro que recupera la memoria de una generación

La escritora Camila Fabbri había asistido durante su adolescencia al concierto de Callejeros la noche anterior a la tragedia. En "El día que apagaron la luz" logra recuperar los testimonios de sus amigos y conocidos para pensar el después.

"Los cuerpos jóvenes no deberían inundar los hospitales, pero eso es lo que pasa esta noche de treinta y cinco grados de calor", puede leerse al comienzo de El día que apagaron la luz (Seix Barral, 2019), de Camila Fabbri. La escritora, actriz y dramaturga que tenía por entonces 15 años y había asistido la noche anterior, el 29 de diciembre, a uno de los tres recitales que Callejeros brindaba en Cromañón, mientras que muchos de sus amigos, compañeros de colegio y conocidos asistieron al concierto del 30 de diciembre que derivaría en la tragedia que causó 194 muertos.  

A partir de una "novela de no ficción", en donde se entremezclan elementos propios de la narrativa, la crónica, el periodismo e incluso la poesía, se consigue una memoria coral de una generación de jóvenes y adolescentes que en la actualidad, ya convertidos en adultos, pueden mirar el pasado para recordar lo que sucedió esa noche. "Lo primero era empezar a escuchar las voces de otros y de otras, entonces me reconecté con viejos compañeros y compañeras de mi colegio secundario, Normal 1", comenta Fabbri a NOTICIAS. En ese sentido, a lo largo de El día que apagaron la luz se puede observar una misma noche desde distintas perspectivas, no solo por quienes se encontraban en lugares y situaciones distintas -sobrevivientes, amigos, familiares-, sino incluso por aquellos que compartieron la misma experiencia.

"Entiendo que tal vez el paso del tiempo sea un puntapié fundamental para que empiecen a haber cada vez más y más formas de contarnos a nosotros mismos en paralelo a la tragedia".

Al cumplirse 15 años, el debate por lo que ocurrió en Cromañón - muchas personas prefieren señalar el hecho como una masacre y no como una tragedia- sigue abierto, igual que su herida y sus consecuencias. Como un accidente nuclear, sus ondas expansivas se fueron sucediendo más allá de la noche fatal, causando nuevos avatares. Fabbri destaca al respecto que el mayor desafío fue asomarse "a ese agujero de la herida universal y sensible. Miedo a que lo que yo pudiera pensar o decir al respecto se hiciera público y entonces meterme en el ojo de un huracán, quiero decir, escribía el libro con esa contradicción en la cabeza", concluye. 

Camila Fabbri

Sin dudas, uno de los grandes aciertos de la primera novela de Fabbri es la posibilidad de convertir en literatura, en un objeto estético, algo tan delicado como la memoria íntima y colectiva. "Yo estuve en Cromañón y me quedé todo el recital abajo porque me daba miedo. La noche siguiente, de los que estaban arriba muchos no sobrevivieron", escribe en El día que apagaron la luz.  En la misma dirección, los riesgos a tomar no fueron pocos: "No fue sin ningún costo empezar a escribir esta novela", destaca Fabbri a NOTICIAS. 

"Los recuerdos que tenemos de esa noche, y de los días siguientes, por ejemplo ese marzo del 2005 empezando las clases con un minuto de silencio, son evocaciones fragmentadas".

NOTICIAS: Teniendo en cuenta que fue un hecho que te tocó de cerca, ¿en qué momento nació el impulso de escribir sobre Cromañón?
Camila Fabbri: Yo creo que el impulso está hace muchos años, tal vez recién en el  año 2016 me dí cuenta que podría prestarle atención a ese deseo. Más bien: que podía hacer algo al respecto. Empecé a leer crónica y no-ficción más o menos en ese momento, me embelesé con el género entonces, y empecé a delinear textos que guardaran relación con los códigos que exige escribir crónica. No soy periodista, solamente escribo ficción, pero una vez escuché a Leila Guerriero decir que eso no era prohibitivo sino que todo lo contrario. Me gusta esta famosa imagen que trae Juan Villoro sobre la crónica,  el ornitorrinco de la prosa, un género que se conforma por piezas, por el de todo un poco. Lo primero era empezar a escuchar las voces de otros y de otras, entonces me reconecté con viejos compañeros y compañeras de mi colegio secundario, Normal 1. En ese desgrabar sus relatos, creo, empezó la escritura consciente de este libro.

Noticias: ¿Qué desafíos te representó la escritura de esta "novela de no ficción"? Gabriela Cabezón Camara señala que hubo que esperar 15 años para que Cromañón pueda ser contado de esta manera.
Fabbri: Tal vez el desafío mayor fue el miedo. Asomarme a ese agujero de la herida universal y sensible. Miedo a que lo que yo pudiera pensar o decir al respecto se hiciera público y entonces meterme en el ojo de un huracán, quiero decir, escribía el libro con esa contradicción en la cabeza. Escribir esto es que salga hacia afuera, ¿estoy segura de querer eso? Hay una gran responsabilidad en exponer las voces de otros y de otras que te están contando tal vez la anécdota más triste de sus vidas. Pero aún así me pareció bien, y creo que lo que me sacó de esa noción temerosa fue saber que este collage que es este libro, porque lo entiendo como una novela o un entramado diverso que intenta narrar solamente quiénes éramos esas personas en el 2004,  no era solamente mío. Una vez que me reuní con mis viejos amigos y amigas ya estaba generando un trabajo grupal, una expectativa que ya perdía la individual clásica de la escritura de un libro. Entiendo que en lo que dice Gabriela no hay literalidad. Antes de que se cumplan quince años, Cromañón se documentó de distintas maneras. Entiendo que tal vez el paso del tiempo sea un puntapié fundamental para que empiecen a haber cada vez más y más formas de contarnos a nosotros mismos en paralelo a la tragedia.

Noticias: A lo largo del libro y los testimonios que se recogen, se pueden ver distintas actitudes para recordar lo sucedido, pasando del rechazo a la emoción. ¿Cuál fue tu impresión al respecto?
Fabbri: Pienso que en la conversación se pasaba de un estado al otro sin solución de continuidad, sin que pudiéramos darnos apenas cuenta. Lo que se jugaba en el intercambio con mis amigos y amigas, en esa suelta de anécdotas, era también la puja entre poder contar pero también la de poder oír: ahí entraba yo. No siempre podía prestar oído para los detalles. Teníamos que parar. En general la débil era yo, pero fuimos encontrando un paralelo. En algunos casos fue solamente una reunión y después un continuado por mails.

"Creo que los que vivimos la generación de Cromañón tenemos opiniones muy distintas entre sí. Estoy segura de que hoy entendemos como ridículas muchas costumbres que en ese entonces"

Noticias: Hacer un objeto estético -en este caso una novela- con elementos reales y dolorosos siempre implica un trabajo delicado. ¿Cómo afrontaste ese reto?
Fabbri: No fue sin ningún costo empezar a escribir esta novela; lo que ahora puedo nombrar novela porque en su momento tampoco sabía qué género ni extensión la iba a poder emarcar, incluso hoy tampoco sé bien a qué género pertenece realmente. Creo que inventamos uno, o un sinónimo: la novela de no ficción. Creo que el primer capítulo del libro cuenta muy bien mi relación con la escritura, con el proceso de trabajo de El día que apagaron la luz. Esos viajes por la ciudad o esas caminatas por la vía pública al borde de la asfixia, del ahogo, de la ansiedad o la angustia. Creo que sin ir más lejos, escribir un libro, concluir una obra nunca es sin angustia. Creo que el día que viva con ligereza ciertos procesos  y no sienta nada al respecto, me preocuparía. Le presto atención a esos signos que aparecen en el cuerpo, me parece sano apropiárselos, entender que son mecanismos de defensa y que son muy propios. Eso, tener la capacidad de hacerlos biografía o currículum le quitan peso, son reacciones al trabajo.

Noticias: En El día que apagaron la luz tomás recursos de distintos géneros: la crónica, el cuento, la entrevista e incluso muchas fragmentos tienen un alto contenido poético. ¿Esa transversalidad fue algo intencional o se te da de manera natural?
Fabbri: Un poco como mencionaba antes en relación al ornitorrinco, entiendo que este libro es un experimento, un Frankestein. Me interesa mucho, y es adrede, que pudiera pasar por distintas formas. Los recuerdos que tenemos de esa noche, y de los días siguientes, por ejemplo ese marzo del 2005 empezando las clases con un minuto de silencio, son evocaciones fragmentadas. Tienen canciones, tienen imágenes que parecen fotos, tal vez algo de mi forma de escribir guarde cierta relación con la poesía entonces eso entra también, las voces de ellos y de ellas, la descripción de esos pósters y tapas de discos, las caras de los músicos, de las madres, de los padres. Todos esos íconos arman Cromañon en mi cabeza, y me parecía que un relato lineal o un informe periodístico no se acercaba a lo que podía bajar de este proceso.

Noticias: ¿Cómo viviste ese viaje a tu propio pasado, a reencontrarte con esa "chica rollinga y claustrofóbica" que eras a principios de los 2000?
Fabbri: Yo creo que ese viaje con la antigua chica rollinga y claustrofóbica no se dio con la escritura de ese libro, quiero decir, es algo con lo que convivo. Me sería errado pensar que tuve que hacer algo “distinto” para sentarme a escribir sobre el 2004. Entiendo que eso está adherido vaya adonde vaya, es parte de mi educación sentimental, ese miedo también soy yo, y esa angustia, y la relación que todavía tengo con la música (aunque los géneros hayan variado). Escribo desde ahí porque todavía soy eso, pero aumentado, desviado, o con mayores herramientas para poder transformar en otra cosa. Tal vez la escritura haya sido eso, el proceso que venía de años y años atrás, el que pedía conversión.

Noticias: Como parte de la generación que atravesó Cromañón, ¿qué pensás que cambió en la sociedad desde esa noche trágica?
Fabbri: No podría hacer una lista de cambios, sinceramente. Incluso creo que los que vivimos la generación de Cromañón tenemos opiniones muy distintas entre sí. Estoy segura de que hoy entendemos como ridículas muchas costumbres que en ese entonces, y también en la década de los noventa, eran moneda corriente. Solo el hecho de encerrarse en un lugar minúsculo con dos puertas, sin ventilación y con diez pirotecnias encendidas al unísono por canción, es una locura. Hoy realmente se puede dimensionar la latencia de la catástrofe. Antes no y es tan curioso: todos los elementos estaban dados, la crónica de la muerte anunciada y nadie pero nadie la podía ver. Estoy segura de que el “en vivo” se modificó para siempre, y lo digo en su sentido más amplio.

"Creo que el desafío de la literatura en este sentido es permanecer, es no adaptarse a ningún cambio de era, moda ó costumbre. En algún momento, cuando nos demos cuenta, la iremos a buscar"

Noticias: La no ficción está viviendo un momento de vitalidad, ¿por qué creés que sucede?
Fabbri: No me había percatado de eso hasta hace poco tiempo que me lo nombraron. “El momento de la crónica, el auge de la no ficción”. Como lectora, no soy tan consciente de ese fenómeno. Yo empecé a leer no ficción mas o menos en el 2015, y era un género del que conocía muy poco y solo me regía por recomendaciones. En lo personal, tal vez, tenía la necesidad de salir un poco del mundo de las ideas individuales y necesité salir a hablar con otros y con otras. La conversación estaba plagada de imágenes para escribir, era una primavera, algo realmente novedoso. Puede ser que quienes escriban ficción estén topándose con las mismas sensaciones. Pero realmente no lo sé.

Noticias: Por último, en tiempos de hiperconectividad y estímulos permanentes por parte de distintas pantallas, ¿qué desafíos creés que tiene la literatura?
Fabbri: Es una gran pregunta en la que pienso continuamente; desde el lado de quien intenta escribir y desde el lado de quien intenta concentrarse en leer, al menos, la columna de un diario. Creo que el desafío de la literatura en este sentido es permanecer, es no adaptarse a ningún cambio de era, moda ó costumbre. En algún momento, cuando nos demos cuenta, la iremos a buscar. Tarde o temprano siempre volveremos a los libros justamente por eso, porque permanecen y es tal vez la única cosa que se comporte así.

 

 

 

 

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Gustavo Yuste

Gustavo Yuste

Periodista de Cultura

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