La final del Mundial 2026 entre Argentina y España tuvo un fuerte componente simbólico que trascendió el resultado deportivo. Para Lionel Messi no solo representó la posibilidad de conquistar la segunda Copa del Mundo de manera consecutiva, sino también el reencuentro con el club que marcó su vida y su carrera. Del otro lado del campo aparecía una selección española construida en gran medida sobre la cantera de La Masía, el mismo lugar donde el rosarino se formó desde los 13 años y donde muchos de los futbolistas que terminaron levantando el trofeo crecieron admirándolo, observando sus entrenamientos o soñando con seguir sus pasos.
La historia comenzó en septiembre del año 2000, cuando el futuro astro de apenas 13 años viajó desde Rosario junto a su padre Jorge Messi para realizar una prueba en el FC Barcelona. El juvenil de Newell's Old Boys impresionó inmediatamente a los entrenadores de las divisiones inferiores, aunque su incorporación se demoró por cuestiones administrativas y económicas vinculadas al tratamiento hormonal que necesitaba para continuar su crecimiento.
El entonces secretario técnico Carles Rexach decidió garantizar su contratación en un episodio que se convirtió en una de las historias más conocidas del fútbol moderno: la firma del compromiso sobre una servilleta durante un almuerzo en el Club de Tenis Pompeia, documento que luego sería considerado el punto de partida de una de las carreras más extraordinarias de la historia del deporte. El acuerdo constituía el traslado de Messi a la residencia y academia formativa de jóvenes promesas del Fútbol Club Barcelona, ubicado en Can Planes, la antigua casa de campo del siglo XVIII que sirvió como sede original del centro.

Instalado junto a su familia en Barcelona, Messi comenzó su recorrido en La Masía, la residencia que durante décadas funcionó como el corazón de la formación futbolística azulgrana. Allí convivió con jóvenes provenientes de distintas partes del mundo bajo una filosofía que priorizaba la técnica, la inteligencia táctica y el sentido colectivo del juego. En ese predio no solamente aprendió el estilo que luego caracterizaría al Barcelona de Pep Guardiola, sino que también construyó vínculos personales con futbolistas como Cesc Fàbregas, Gerard Piqué y Víctor Vázquez, integrantes de una generación que marcaría una época tanto en el club como en la selección española.
Después de atravesar las distintas categorías juveniles con registros goleadores extraordinarios, Messi debutó oficialmente con el primer equipo del Barcelona el 16 de octubre de 2004, con apenas 17 años, de la mano de Frank Rijkaard. Meses después llegaría su primer gol en La Liga tras una asistencia de Ronaldinho, imagen que simbolizó el traspaso generacional entre el brasileño y quien terminaría convirtiéndose en el máximo ídolo de la historia del club. Durante las siguientes diecisiete temporadas disputó 778 partidos oficiales, convirtió 672 goles, repartió más de 300 asistencias y ganó 35 títulos, entre ellos diez Ligas españolas, siete Copas del Rey y cuatro Ligas de Campeones, además de obtener ocho Balones de Oro mientras vestía la camiseta azulgrana.
Esa herencia futbolística quedó reflejada en la selección española campeona del mundo. Varios de los protagonistas de la final crecieron recorriendo los mismos pasillos de La Masía donde Messi había construido su leyenda. Lamine Yamal ingresó al complejo del Barcelona cuando apenas tenía siete años y desde muy pequeño fue señalado como una de las grandes promesas del club. Sin embargo, como se dio a conocer la semana pasada, Messi y Yamal se conocían mucho antes, cuando este último era un bebé y coincidió en una sesión fotográfica con el argentino posando en un calendario benéfico de la revista Sports para UNICEF.

Existen numerosas fotografías difundidas por el propio Barcelona y por la familia del delantero en las que aparece siendo un niño mientras posa junto a Messi durante entrenamientos, jornadas institucionales y presentaciones de las divisiones inferiores. Aquellas imágenes, que durante años fueron una curiosidad de archivo, adquirieron una dimensión histórica cuando ambos terminaron enfrentándose por una Copa del Mundo. El caso de Pau Cubarsí también refleja esa continuidad generacional. Incorporado a La Masia desde muy pequeño, el defensor central fue uno de los futbolistas que más veces reconoció públicamente la influencia que ejerció Messi sobre toda su generación. Durante su infancia asistía al Camp Nou para observar al rosarino y, como tantos otros chicos de la cantera, soñaba con compartir algún entrenamiento con quien era considerado el mejor futbolista del planeta.
Una historia similar protagonizó Dani Olmo. Aunque posteriormente completó gran parte de su formación en el Dinamo Zagreb, el mediocampista ingresó a La Masia en edad infantil y convivió durante varios años con el ambiente del primer Barcelona de Messi. En numerosas entrevistas recordó que observar diariamente al rosarino y al resto de aquella generación fue una experiencia determinante para comprender la exigencia y el estilo de juego del club catalán.
Eric García también transitó las categorías inferiores del Barcelona antes de marcharse al Manchester City para completar su desarrollo profesional. Durante su etapa como juvenil coincidió en numerosas oportunidades con los entrenamientos del primer equipo y llegó a compartir fotografías institucionales junto a Messi, una experiencia habitual para los futbolistas más destacados de la cantera que eran convocados para prácticas o actividades promocionales con las figuras del plantel profesional. Alejandro Balde, Fermín López, Gavi y el propio Yamal representan la continuidad de una escuela futbolística que durante más de dos décadas tomó como principal referencia el legado construido por Messi.

Las imágenes de aquellos niños fotografiándose con su ídolo reaparecieron masivamente en las redes sociales, sobre todo en cuentas vinculadas al Barcelona FC, durante la previa de la final. El contraste era inevitable: quienes alguna vez esperaban unos segundos para conseguir una foto o un autógrafo del rosarino terminaban enfrentándolo en el partido más importante del fútbol mundial. En algunos casos incluso habían sido alcanzapelotas en encuentros del Barcelona o habían observado desde el borde del campo los entrenamientos del primer equipo encabezado por Messi, Xavi, Iniesta, Busquets y Piqué.
Terminada la final, varios futbolistas españoles buscaron especialmente al capitán argentino para abrazarlo e intercambiar camisetas y palabras de reconocimiento. Lamine Yamal fue uno de los primeros en acercarse a Messi durante la ceremonia de premiación, una escena cargada de simbolismo que sintetizó el cierre de una época y el comienzo de otra. El futbolista que revolucionó La Masia desde comienzos del siglo XXI terminaba su última gran cita mundialista enfrentando a una generación formada precisamente bajo la influencia de su legado.















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