ECONOMíA | 01-11-2020 12:41

Guzmán quiere bajar la emisión monetaria presupuestada para 2021

En el proyecto que aprobó Diputados, el 60% del déficit fiscal se cubre con impresión de billetes. Ahora, el ministro busca bajar al 40% como parte de su plan para controlar el dólar.

Martín Guzmán tomó las riendas de la política cambiaria este 19 de octubre. Había pasado un mes del supercepo que el ministro de Economía le había aceptado a regañadientes al presidente del Banco Central, Miguel Pesce, pero las pérdidas de reservas y la ampliación de la brecha entre el dólar oficial y los paralelos se ampliaban. En la primera semana de gestión, a Guzmán le fue mal y en la segunda, mejor, pero para este fanático del tenis el match sigue indefinido y, al igual que en los torneos de ese deporte, sabe que esta vez o gana y sigue en la copa o queda eliminado. A matar o morir, experiencia extrema.

El dólar blue rozando los $ 200 y empujando hacia arriba los otros paralelos, el Bolsa y el contado con liqui, habían comenzando a afectar la economía real. Ya no solo alimentaban las expectativas de devaluación del tipo de cambio oficial, que es el que impacta en la inflación, como admite Guzmán. Es que cuando la brecha se amplía, los fabricantes de productos masivos o durables, importadores y comerciantes comienzan a aplicar aumentos preventivos de precios, dejan de vender mercadería o se sobrestockean. También los consumidores reaccionan adelantando compras. 

Ante ese panorama, el ministro de Economía salió de su parsimonia y aceleró medidas. Había comenzado flexibilizando el acceso al contado con liqui para darle más volumen a ese mercado para girar divisas al exterior y anunciando un bono de US$ 750 millones para darles salida a fondos extranjeros que habían entrando al país en el gobierno de Mauricio Macri. 

Pero el blue siguió subiendo y entonces Guzmán contraatacó. Licitó cinco bonos por $ 254.000 millones, el principal de ellos, dólar linked (en pesos atado a la cotización oficial de la moneda norteamericana), para absorber parte de la bola de billetes que emitió el Central en la pandemia para financiar el aumento del déficit fiscal. La mayoría de los países del mundo han cubierto los rojos del Covid-19 con colocaciones de deuda, pero la Argentina perdió esa fuente de ingresos en la crisis de 2018. Como señal de que está decidido a secar la plaza, Guzmán le devolvió a la autoridad monetaria adelantos transitorios por $ 100.000 millones. 

El ministro también intervino en el contado con liqui y el dólar Bolsa vendiendo bonos. Por último, recurrió a mecanismos menos ortodoxos: llamados telefónicos a las sociedades bursátiles para que dejaran de operar en esos mercados paralelos pero legales y que vendieran en el ilegal.

Pero la segunda ola de coronavirus en Europa y la tercera en Estados Unidos presagian que esos países afrontarán nuevos retorcijones de la crisis y necesitarán más paquetes de estímulo. ¿Y la Argentina en este contexto puede dejar de asistir a los más pobres con el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y a los sueldos de las empresas con la Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP), como prevé el presupuesto 2021? De por sí, ya el Gobierno prorrogó el ATP hasta fin de año y sigue analizando si reparte un cuarto IFE quizá para Navidad. Sin la eliminación del IFE y el ATP, será difícil reducir el déficit fiscal el año próximo, que el presupuesto prevé financiar en un 60% con emisión monetaria.

No por nada, el Ministerio de Economía anunció que busca fuentes alternativas de financiamiento de los organismos multilaterales. El 19 de octubre anunció que recurriría a los bancos Mundial e Interamericano de Desarrollo (BID) para financiar obras del presupuesto en el año electoral sin tocar los recursos propios, de modo de reducir el rojo, pero ahora también el representante de la Argentina ante el FMI, Sergio Chodos, admite algo de lo que el Gobierno venía abjurando hasta ahora: pedirá fondos frescos al Fondo Monetario Internacional como parte del programa que está negociando para patear los vencimientos de 2022 y 2023 del préstamo récord que solicitó Macri hace dos años. La plata del FMI serviría para reforzar las reservas. Esperemos que no sean para dilapidarlas financiando la fuga de capitales como en 2018 y 2019.

Guzmán está empeñado en evitar una devaluación que dispare aún más la pobreza y para ello sabe que debe acotar la brecha. “El tipo de cambio oficial está en un lugar razonable desde el punto de vista comercial”, alegan en Economía. Es cierto que el tipo de cambio real (ajustado por inflación) multilateral (en relación con el dólar, el euro, el yuan y el real) está a niveles de mediados de 2011, antes de que a fin de ese año Cristina Kirchner evitara una devaluación a fuerza de instaurar el cepo cambiario, muy por encima de los años posteriores pero por debajo de los anteriores, cuando la economía K crecía a tasas chinas. 

En el Palacio de Hacienda continúan argumentando: “Hoy tenemos superávit comercial. No hay casi pagos de deuda externa por la reestructuración. Y tenemos 41.000 millones de dólares de reservas, de los cuales 12.000 millones están encajados y el resto tiene distintos grados de liquidez. Estamos fuertes en el lado de las reservas con respecto a lo que han sido otros momentos de la historia. Por más rumores que haya de devaluación, vamos a seguir con la política del tipo de cambio real que venimos manteniendo: el dólar y la inflación van de la mano, y la inflación se va reduciendo”. El último año de Macri los precios se elevaron 54% y ahora, con la pandemia de por medio, varían al 36% interanual.

En 2021, el presupuesto prevé una inflación del 29%, pero nadie le cree. El consenso de bancos y consultoras relevadas por la firma FocusEcoomics habla de un 46%. “El 29% tiene que ver con que se asume que una parte pequeña de la base monetaria es absorbida por la curva de pesos, una absorción del 0,4% del PBI, muchísimo menos que en 2020 –explican en Economía–. Es un supuesto conservador. Más allá de eso estamos avanzando en tener nuevas fuentes de financiamiento para financiar el extra del 1% del PBI de inversión pública, que subirá del 1,1% en 2019 al 2,2% en 2021. Esto reduciría aún más las necesidad de financiamiento monetario: en lugar del 60% del déficit, va a financiar entre el 40% y el 45%”.

En las huestes de Guzmán consideran que el blue había subido demasiado porque es un mercado donde faltan las ventas de los turistas extranjeros y donde la cuarentena afectó obras privadas que se financian con dólares en negro. También juzgan excesivo el valor que había alcanzado el contado con liqui: “No representaba la capacidad argentina para generar ingresos en dólares. La Argentina no es un país de 4.300 dólares per cápita. Puede que tampoco sea de 15.000, como hasta hace poco. Hubo una dirección de profundizar los controles que llevaron a más ansiedad y volatilidad, pero eso se revirtió, buscando un mercado más profundo, más volumen, en lugar de menos. Si hay quien quiera cambiar de posición de dólares a pesos, ahí tiene un mercado en el cual hacerlo a un tipo de cambio que es más alto y que refleja presiones para deshacer el carry trade (bicicleta financiera) de lo que fue el período anterior. Se convivirá con una brecha, que importa por las expectativas pero sin impactar en forma directa en los precios y la macroeconomía”.

La brecha debe acotarse en forma rápida y duradera. “Los precios se aceleraron en los últimos 45 días, se fijan a dólar celeste (entre el oficial y el blue), pero tampoco podés subir mucho porque no tenés tanta demanda”, admite un empresario de consumo masivo. “La brecha hay que disminuirla porque está empezando a impactar en precios y sobre todo paraliza la comercialización”, advierte el papelero José Urtubey. “Guzmán necesita tiempo, pero hay margen chico de maniobra”, advierte.

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Alejandro Rebossio

Alejandro Rebossio

Editor de Economía y columnista económico de Radio Perfil.

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