Thursday 13 de June, 2024

EMPRESAS Y PROTAGONISTAS | 07-02-2023 11:40

Cuando la violencia quiebra el entramado social

Cuando la violencia quebranta el contrato social, aparece la pregunta que nos lleva a buscar respuestas en relación a la génesis de la misma.

Mientras la expectativa de vida aumenta, también se incrementan las situaciones que comprometen la vida a partir de la violencia. Paradójicamente la violencia crea circunstancias que resultan desestabilizantes para la sociedad y para la trama psíquica de los individuos. Una multiplicidad de factores llevan a ella y estas variables han sido estudiadas por los historiadores de la civilización desde tiempos remotos, sin embargo cuando la violencia quebranta el contrato social, aparece la pregunta que nos lleva a buscar respuestas en relación a la génesis de la misma.

Sabemos que la pérdida de valores y de identificaciones estructurantes, crea un desequilibrio y un vacío existencial que se manifiesta en trastornos psíquicos de gran impacto social, como son los trastornos antisociales de la personalidad. Las ciencias sociales han identificado diversas causas de las conductas violentas, tanto bio-psíquicas como psicosociales y socio- culturales. Todas ellas son verdaderas pero de manera parcial, ya que en los seres humanos, tanto el instinto de supervivencia como las reacciones emocionales, la frustración, la injusticia y aún la influencia cultural pueden motivar conductas violentas.

Sin embargo, existe una violencia extrema que impacta en el ámbito social, siendo esa violencia extrema exclusiva de la especie humana y es lo que conocemos como “maldad”.

Rene Girard y su “teoría mimética” explica cómo el deseo mimético puede llegar a ser extremadamente violento (porque la maldad se activa al desear poseer el deseo del otro y en definitiva su identidad y su ser). Viktor Frankl por su parte, consideraba la violencia como una consecuencia de la frustración existencial y de la pérdida del sentido en la vida. Ambos comparten una visión fenomenológico – existencial y consideran que si logramos darnos cuenta de nuestros íntimos deseos y orientamos nuestra vida con sentido, es posible prevenir las conductas violentas. Para esto es necesario educar la autoconciencia, la responsabilidad y la toma de decisiones en la vida, la noción de trascendencia y los valores que rigen la existencia con otros.

Hay víctimas porque hay victimarios y es así que de algún modo lo brutal y lo inhumano necesita ser explicado. Pareciera que algo de la humanidad jamás acabará por comprenderse si no logramos explicar cómo se activan los deseos de maltratar y hacer sufrir a otros seres humanos, a esos “otros” que son “semejantes

Los psicólogos sociales a mediados del siglo XX motivados por el horror y el espanto atroz de las guerras se interesaron en investigar las causas de la violencia y concluyeron que las personas normales “buenas” podrían llegar a comportarse de manera extremadamente violenta por la conjunción de ciertas variables situacionales que provocan esas conductas, como ser (el rol que esas personas ocupaban en el sistema social, el deseo de poder que desemboca en el uso de la violencia, la desindividualización y la deshumanización).

La perspectiva psicosocial en el estudio de la violencia intenta abarcar las variables que intervienen en cualquier interacción humana. Bandura (1987) demostró la importancia de la imitación en el aprendizaje de las conductas violentas. Hasta ese momento los experimentos consideraban la conducta agresiva como una consecuencia de la frustración. 

Sin embargo en sus experimentos Bandura comprobó que el origen es la observación de las conductas agresivas de otros (si bien no es determinante de la conducta violenta porque la frustración facilita la emoción de respuestas y los valores aprendidos pueden ayudar al autocontrol).

Desde una perspectiva socio-cultural se buscan las causas de la violencia en las estructuras sociales, pues las personas construyen su personalidad en los modelos de socialización. La descripción sociológica ofrece datos incuestionables al respecto, como por ejemplo que “desestructuración familiar y violencia” son inseparables, por lo cual parece obvio suponer que las causas de la conducta se hallan en el sistema y son muchos los autores que proponen como solución el recambio de valores para la transformación de las sociedades. 

Cada día asistimos como espectadores a la información sobre hechos aberrantes de violencia sobre jóvenes, niños y mujeres. Ante esto, utilizando los recursos de la tecnología a través de las redes sociales expresamos una suerte de clamor social suplicando a los jueces, justicia.

Otra paradoja, clamamos por justicia a los encargados de dictaminar sobre lo justo, no confiamos en su sana crítica, tememos que los atemoricen, nos sentimos impoteizados ante un contrato social que ha sido quebrantado por la violencia y que nadie parece estar dispuesto al acto de arrojo que implica la gestión de políticas públicas que trabajen eficazmente en la prevención, erradicación y sanción de la conducta delictiva, violenta, cruel, perversa, aberrante, brutal e inhumana que pone a una sociedad en jaque, dejándola sumida en el aterrador dolor de estar a expensas de la violencia extrema y la maldad impredecible, en cualquier momento, en cualquier lugar, a manos de cualquiera, sin posibilidad de protección ni defensa, ni justicia.

El contrato social se ha roto y sin él la convivencia social no es posible. Tal vez es tiempo que la Justicia se quite la venda de los ojos para ver a las víctimas y brindarles la protección que el Estado debe proveer para mantener la vigencia del contrato social que nos permita vivir en una sociedad civilizada y no en estado de naturaleza.

 

Mg. Lic. Analia Forti

 

Magister en Psicología Social

Licenciada en Ciencias para la Familia

Consultora Psicológica . Logoterapia

Especialista en Mediación Familiar

Escritora – Autora de dos Libros

Conferencista

Dir. Centro Argentino de Ciencias para la Familia & Consultoría Psicológica

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