Sunday 5 de July, 2026

EMPRESAS | Hoy 08:52

Agotados e hiperconectados: el lado B de la competitividad

La salud mental, el equilibrio vida personal-trabajo y los nuevos modelos de liderazgo son ejes centrales en la gestión de personas.

Durante años, el agotamiento laboral fue asociado casi exclusivamente al exceso de trabajo. La imagen era clara: jornadas extensas, múltiples tareas y una agenda imposible de sostener. Sin embargo, la realidad que observamos hoy en las organizaciones es mucho más compleja. El cansancio ya no responde únicamente a cuánto trabajamos, sino también a cómo trabajamos, cómo lideramos y qué tan capaces somos de desconectar.

Escenarios. En un contexto donde la tecnología nos permite estar disponibles en todo momento, la línea que separa la vida laboral de la personal se volvió cada vez más difusa. Mensajes fuera de horario, reuniones que se extienden más allá de la jornada, notificaciones constantes y una cultura de disponibilidad permanente están generando una sensación compartida por millones de trabajadores: la de nunca desconectar del trabajo.

La hiperconectividad se convirtió en una de las principales características del empleo moderno. Si bien la digitalización trajo enormes beneficios en términos de flexibilidad, colaboración y acceso a oportunidades, también introdujo nuevos desafíos para el bienestar de las personas. Hoy, encontrar espacios de descanso mental fuera del trabajo ya no ocurre de manera espontánea, sino que requiere una decisión consciente.

Los datos reflejan con claridad este fenómeno. Según uno de nuestros relevamientos, el 68% de las personas no pudo tomarse vacaciones al finalizar 2025 y, entre quienes sí lograron hacerlo, un 11% reconoció haber permanecido pendiente del trabajo durante ese período. Lejos de representar una excepción, estos números muestran hasta qué punto el trabajo continúa ocupando espacio incluso en los momentos destinados al descanso.

El precio. Las consecuencias son visibles. Al inicio de este año, el 48% de los trabajadores calificó su nivel de cansancio como alto o muy alto, mientras que apenas un 19% aseguró experimentar bajos niveles de agotamiento. Más preocupante aún es que ocho de cada diez personas consideran que el micromanagement y el control excesivo impactan negativamente en sus niveles de estrés laboral. Dentro de ese grupo, un 47% sostiene que influye mucho y un 33% que influye en parte.

Estos números invitan a reflexionar sobre un aspecto que muchas veces queda fuera de la conversación. El desgaste emocional no siempre surge por una sobrecarga de tareas. En muchos casos, aparece cuando las personas sienten que no tienen autonomía, que cada decisión debe ser validada o que trabajan bajo una supervisión constante que transmite desconfianza.

Quién manda. El liderazgo juega un papel central en este escenario. Durante mucho tiempo se asumió que controlar era sinónimo de gestionar. Sin embargo, las nuevas dinámicas laborales demuestran que los equipos más comprometidos no son necesariamente los más vigilados, sino aquellos que cuentan con objetivos claros, espacios de escucha y margen para tomar decisiones.

La falta de autonomía tiene efectos concretos sobre la motivación, la creatividad y el compromiso. Cuando las personas sienten que cada paso está siendo observado, tienden a reducir la iniciativa, evitar riesgos y limitar su participación. Con el tiempo, esta dinámica genera frustración, agotamiento y una desconexión emocional con el trabajo.

De hecho, el impacto del estrés laboral ya no se limita al bienestar individual. También tiene consecuencias directas para las organizaciones. El mismo estudio muestra que el 45% de los trabajadores buscó otro empleo durante los últimos meses debido al desgaste laboral, mientras que un 29% está evaluando cambiar de trabajo. Incluso un 10% reconoce haber disminuido su nivel de compromiso como consecuencia del agotamiento. En otras palabras, el estrés sostenido no solo afecta a las personas: también incrementa la rotación, dificulta la retención de talento y deteriora el clima organizacional.

Compromiso. Frente a esta realidad, el bienestar dejó de ser un beneficio complementario para convertirse en una necesidad estratégica. Las nuevas generaciones de trabajadores valoran cada vez más la posibilidad de desarrollarse profesionalmente sin resignar calidad de vida. Buscan organizaciones que respeten los tiempos de descanso, promuevan la flexibilidad y construyan entornos emocionalmente saludables.

Esto obliga a repensar la forma en que se gestionan los equipos. Liderar en 2026 implica mucho más que asignar tareas y medir resultados. Significa generar confianza, fomentar la autonomía, brindar contención cuando es necesaria y comprender que la salud emocional también forma parte del desempeño.

Las compañías que logren adaptarse a estas expectativas tendrán una ventaja competitiva significativa. No solo porque atraerán y retendrán mejor talento, sino porque construirán culturas más resilientes, innovadoras y sostenibles.

El desafío no consiste en trabajar menos. Consiste en trabajar mejor. Y para lograrlo será necesario abandonar definitivamente la idea de que estar siempre conectado es sinónimo de compromiso. Porque si algo nos está mostrando el mundo laboral actual es que las personas no necesitan más control. Necesitan más confianza.

El futuro del trabajo no se definirá únicamente por la tecnología que incorporemos o por los procesos que optimicemos. También dependerá de nuestra capacidad para crear organizaciones donde el rendimiento y el bienestar puedan convivir. Y esa conversación ya no admite postergaciones.

* Directora de Recursos Humanos y Sustentabilidad de Adecco Argentina & Chile.

 

por Victoria Loza

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