EN LA MIRA DE NOTICIAS | 11-12-2019 12:32

Cristina Kirchner en el país de los sinceramientos

La Vicepresidenta volvió al poder en un escenario muy complejo que requiere el relato más sofisticado y audaz de la historia K.

Sinceramente”: con esa simple palabra, Cristina Fernández de Kirchner puso en marcha un plan maestro de retorno al poder en un escenario electoral que parecía imposible de destrabar. Esa palabra no casualmente fue el título del libro con el que empezó todo el operativo cristinista: “sincerar” (que arrastra del latín el sentido de “purificar”) es también un concepto clave de la política argentina, a la hora de gestionar las crisis y los cambios de régimen.

Cuando el macrismo calentaba motores para desembarcar en la Casa Rosada, allá por 2015, las primeras medidas económicas giraban en torno a la necesidad de un “sinceramiento” de la verdadera herencia recibida tras la “década ganada” kirchnerista. En ese entonces, lo que había que “sincerar” según los economistas PRO eran la cotización del dólar y las cifras de inflación. Ahora, terminada la era Macri, el nuevo Presidente apela a un nuevo “sinceramiento” del estado real de las cuentas públicas, diagnosticando que la Argentina ya se encuentra en un estado de default encubierto.

Pero hay muchos otros sinceramientos en curso, que siguen pendientes de resolución. Uno de ellos es la cuestión de la lista oficial de los considerados “presos políticos” por el nuevo oficialismo. La duda que sigue abierta, a pesar de las definiciones judiciales de Alberto Fernández, es si todos los procesados y condenados K tendrían que quedar libres de culpa y cargo, o solo algunos. También interesa saber si la lista de supuestos rehenes de Comodoro Py que maneja Cristina coincide con la de Alberto.

E incluso si la lista de futuros liberados del kirchnerismo estuviera consensuada, ¿habrá coincidencia en el tándem que controla el Poder Ejecutivo sobre el futuro judicial que debería tocarle a Macri y sus exfuncionarios? El abrazo fraterno de Alberto y la gestualidad asqueada de Cristina respecto del presidente saliente permiten conjeturar disidencias internas cuando las papas tribunalicias quemen, y cuando haya que buscar consenso parlamentario PRO para votar la gran reforma judicial anunciada por el nuevo Jefe de Estado en su discurso inaugural.

Toda conflictividad de los hechos se gestiona, al menos en la política local, mediante relatos fuertes, donde el tono de sinceramiento histórico es fundamental: esa fue la estrategia subyacente al discurso presidencial de ayer. Pero el sinceramiento político eficaz no consiste en abrir todo el juego de golpe, y tampoco en mentir y ocultar burdamente. Se trata de destapar verdades pero tapando otras, como si se despellejara una cebolla de infinitas capas. Ese juego no es para cualquiera: entre la propaganda boba y el sincericidio hay una delgada línea. Cristina la conoce bien, acaso mejor que nadie, y por eso confió en Alberto para transitarla juntos.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Editor Ejecutivo y columnista de Radio Perfil.

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