EN LA MIRA DE NOTICIAS | 20-11-2019 09:41

El Gabinete de Alberto Fernández de Kirchner

La ambivalencia discursiva y gestual del futuro Poder Ejecutivo ya se anticipa como la marca de época de la Argentina años ’20.

Desde el hecho maldito de que un presidente sea nombrado por su vice, todo en la nueva Argentina presuntamente poskirchnerista lleva el sello de la ambigüedad. Cuando el Frente de Todos tuvo que armar sus listas, quedó muy clara la impronta de La Cámpora en la toma de decisiones, tanto que el propio Alberto Fernández se sintió obligado a aclarar que no le importaba poseer esa lapicera, porque el Gabinete lo armaría él solito. Pero ahora, luego de la visita presidencial al departamento de Cristina Kirchner para consensuar la nómina de ministros, tampoco queda tan claro el poder de decisión albertista en el mismísimo Gabinete.

En el medio, pasaron cosas. Por ejemplo, el embarazoso show revolucionario de Axel Kicillof y su jefa sobre el escenario en la noche de la victoria electoral, episodio que también tuvo que salir a relativizar Alberto Fernández. Y hablando de entrevistas, el presidente electo pasó demasiado tiempo de su premandato hablando de la necesidad urgente de revisar la situación procesal de su jefa política. Y de su hijo, a quien ya le auguró –innecesariamente- un auspicioso destino presidencialista. Para que no queden dudas sobre quién manda, Agustín Rossi –que suena como posible ministro- acaba de elogiar las capacidades de Máximo para ser el próximo jefe del bloque de diputados K. Desde Héctor Cámpora, nunca se había visto un presidente jugando al “pato rengo” con tanta docilidad.

Quizá se trate de un saludable síntoma de robusta autoestima por parte de Alberto. Ojalá. Pero la sensación de que el nuevo Presidente de la Nación asume rodeado y vigilado de cerca por las redes de Cristina Kirchner no se ha disipado desde el lanzamiento de la fórmula, más bien se ha acentuado. Queda la idea de que la dinámica de poder para el comienzo de la década del 20 arranca con el futbolero efecto “gol de oro”: si el equipo albertista emboca algún éxito económico al comienzo de la gestión, puede que la relación de fuerzas con el cristinismo comience a desequilibrarse a favor del Presidente. Pero si el arranque en la Casa Rosada es con tropiezos dolorosos, entonces el doble comando controlado desde el Congreso, la gobernación bonaerense y el Instituto Patria, se volverá inexorable.

El que primero hace gol, gana. Aunque no queda claro si los puntos suman a favor de la blanquiceleste, la camiseta de todos y todas.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Editor Ejecutivo y columnista de Radio Perfil.

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