La cirugía bariátrica es una herramienta médica eficaz en el tratamiento de la obesidad y sus enfermedades asociadas. Sin embargo, su impacto a largo plazo no depende exclusivamente del procedimiento quirúrgico, sino del compromiso con el seguimiento nutricional, la suplementación adecuada y el acompañamiento interdisciplinario sostenido. La intervención modifica la anatomía digestiva y genera cambios hormonales significativos, pero no reemplaza el tratamiento continuo.
Uno de los errores más frecuentes después de la cirugía es el abandono de la suplementación vitamínico-mineral. Según la técnica utilizada, puede verse comprometida la absorción de hierro, vitamina B12, calcio y vitamina D. Estos déficits no siempre producen síntomas inmediatos; suelen instalarse de forma progresiva. La anemia por falta de hierro o B12 puede manifestarse con cansancio persistente, debilidad, caída de cabello y dificultades en la concentración. La deficiencia de vitamina D y calcio aumenta el riesgo de pérdida de masa ósea, favoreciendo osteopenia u osteoporosis en el mediano y largo plazo.
Otro aspecto crítico es la ingesta insuficiente de proteína. Tras la cirugía, el volumen gástrico es reducido, por lo que cada elección alimentaria debe ser estratégica. Cuando no se prioriza la proteína, puede producirse pérdida de masa muscular, disminución del metabolismo basal y mayor predisposición a la reganancia de peso. La masa muscular es fundamental para sostener el gasto energético y preservar la funcionalidad física.
La reganancia de peso es uno de los temores más frecuentes y también uno de los fenómenos más complejos. No suele deberse a un único factor. Puede estar vinculada a la reaparición del picoteo, al consumo de líquidos calóricos, al alcohol o a una alimentación desorganizada. Además, el cuerpo tiende a adaptarse a la pérdida de peso reduciendo su gasto energético, lo que exige mayor planificación y control con el paso del tiempo.
A esto se suma la dimensión emocional. La cirugía modifica la cantidad de comida que puede ingerirse, pero no necesariamente transforma la relación con la alimentación. Sin acompañamiento adecuado, pueden reaparecer conductas asociadas a la ansiedad o al manejo emocional a través de la comida.
Comprender las consecuencias es el primer paso. En la próxima nota desarrollaremos qué hacer cuando el paciente no logra sostener las indicaciones y cómo el acompañamiento profesional puede marcar la diferencia.
Lic. Natalia Glanz MN 6219
Nutricionista especializada en cirugíabariátrica
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por CONTENTNOTICIAS















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