Monday 12 de January, 2026

ESPACIO NO EDITORIAL | 02-01-2026 10:57

Cuando la palabra no alcanza: el límite silencioso de la psicoterapia tradicional

En la clínica cotidiana hay una escena que muchos terapeutas conocen bien, aunque pocas veces se la nombre sin pudor: pacientes que hablan, entienden, asocian, interpretan… y sin embargo no cambian. El discurso avanza, se vuelve cada vez más sofisticado, pero el síntoma persiste. Algo se mueve en la sesión, pero no en la vida.

Durante décadas, la psicoterapia se sostuvo —con fundamentos sólidos— en la palabra como vía privilegiada de acceso al inconsciente. Nombrar, historizar, resignificar. El problema no es ese trabajo, sino creer que alcanza para todos los niveles del psiquismo.

Gran parte de la experiencia emocional temprana no se organiza en palabras. Se inscribe como imagen, sensación corporal, clima afectivo. Son memorias implícitas que no se recuerdan: se reactivan. Y allí, el lenguaje verbal suele llegar tarde o quedarse corto.

El Ensueño Dirigido parte de una premisa incómoda para ciertos encuadres clásicos: el inconsciente no siempre se deja interpelar por el discurso. Muchas veces responde mejor cuando se lo convoca en su propio idioma: el simbólico.

Cuando la palabra no alcanza: el límite silencioso de la psicoterapia tradicional

La imagen no discute ni argumenta. Aparece. Un paisaje devastado, una casa clausurada, un animal amenazante condensan en segundos conflictos que pueden permanecer años girando en el plano de la palabra. En el ensueño, el paciente no relata una escena: la habita. Se mueve dentro de ella, toma decisiones, se enfrenta, se protege, transforma.

Ese movimiento produce efectos clínicos reales. No por sugestión ni catarsis, sino porque activa circuitos psíquicos distintos a los del relato consciente. Allí donde el discurso se vuelve defensivo, la imagen suele ser directa.

Este enfoque exige un cambio profundo en el rol del terapeuta. Ya no basta con escuchar e interpretar. El profesional se convierte en un guía técnico del proceso imaginativo, responsable del encuadre, del ritmo y de la seguridad psíquica del paciente. No es improvisación ni fantasía libre: es técnica, formación y ética clínica.

El Ensueño Dirigido no reemplaza la palabra. La pone en su lugar. La integra a un trabajo más amplio, capaz de alcanzar zonas donde el discurso se agota o se vuelve circular.

En tiempos de clínicas saturadas de discurso, tal vez la pregunta no sea cuánto más hablar, sino qué otros lenguajes estamos dispuestos a escuchar. Porque cuando la palabra no alcanza, seguir insistiendo solo en ella también es una decisión técnica. Y no siempre la más eficaz.

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