Los medicamentos basados en agonistas del receptor GLP-1, como la semaglutida y la tirzepatida, transformaron el abordaje de la obesidad y marcaron el inicio de una nueva etapa en la medicina. Su llegada amplió las opciones terapéuticas entre los cambios en el estilo de vida y la cirugía bariátrica, ofreciendo una alternativa eficaz para miles de pacientes.
Sin embargo, una de las preguntas más frecuentes en el consultorio sigue siendo la misma: ¿por qué algunas personas bajan mucho de peso y otras obtienen resultados más modestos?

La respuesta está en la variabilidad biológica. Ningún medicamento actúa exactamente igual en todas las personas. Factores como la edad, la genética, las enfermedades asociadas, otros tratamientos farmacológicos y, especialmente, el estilo de vida, influyen en la eficacia de los agonistas del GLP-1.
Los estudios científicos reflejan esa diversidad de respuestas. Una investigación publicada en Nature Medicine en 2024 mostró que la mayoría de los pacientes tratados con semaglutida perdió alrededor del 10% de su peso corporal inicial. Sin embargo, casi un 5% logró reducciones superiores al 25%, mientras que cerca de un tercio descendió menos del 5%. Estos datos evidencian que no existe una respuesta única al tratamiento.
En los últimos años, además, la farmacogenómica comenzó a aportar nuevas explicaciones. Investigaciones recientes identificaron variantes genéticas del receptor GLP-1 capaces de modificar la respuesta al tratamiento. Un estudio publicado en Nature en 2026, que analizó a más de 27.000 pacientes, encontró que determinadas variantes del gen asociado al receptor GLP-1 se relacionan con una mayor pérdida de peso y una menor frecuencia de efectos adversos como náuseas y vómitos.
En la misma línea, un trabajo difundido por The Lancet Diabetes & Endocrinology demostró que ciertas variantes genéticas también influyen en la capacidad de estos fármacos para mejorar el control de la glucosa en sangre.
Actualmente se estima que la genética explica hasta un 21% de las diferencias individuales en la respuesta a estos medicamentos. Aunque se trata de un avance importante hacia tratamientos más personalizados, también deja en claro que existe otro factor aún más determinante.
La adherencia al tratamiento integral continúa siendo la principal explicación de los resultados. Los agonistas del GLP-1 no reemplazan los hábitos saludables, sino que los potencian. La alimentación adecuada, la actividad física y el acompañamiento psicológico siguen siendo pilares fundamentales para lograr una pérdida de peso sostenida y reducir los efectos adversos.
Pensar que estos medicamentos constituyen un "atajo" es desconocer cómo se trata una enfermedad crónica. Del mismo modo que nadie cuestionaría el uso de fármacos para controlar la hipertensión o la diabetes, la obesidad también requiere estrategias terapéuticas adaptadas a cada paciente.
El futuro apunta hacia una medicina cada vez más personalizada, donde conocer el perfil genético permitirá elegir el medicamento, la dosis y el esquema de tratamiento más adecuados. Pero, mientras ese escenario continúa desarrollándose, el mayor predictor del éxito sigue siendo el compromiso del paciente con un abordaje integral, acompañado por un equipo de salud especializado.
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por CONTENT NOTICIAS















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