-¿Cómo llegaste a interesarte por el clown desde la psicología?
-Primero llegué al teatro. Fue durante esa formación donde el clown apareció, en un momento muy particular: entre el puerperio de mi segunda hija y el embarazo de la tercera. Lo que me impactó fue lo que me pasaba a mí —algo que ocurría adentro, en el cuerpo. El juego, la vulnerabilidad y la presencia podían mover cosas muy profundas que no pasan solamente por la palabra. Fue esa pregunta la que me llevó a estudiar psicología.
-Actualmente investigás el clown en procesos psicoterapéuticos. ¿Cómo surgió ese interés y qué preguntas explorás?
- El interés surgió de algo que yo misma viví primero y que después empecé a ver repetirse en los espacios de entrenamiento: cambios profundos en la relación que las personas tenían con ellas mismas. Más flexibles, más presentes, menos capturadas por la autoexigencia o la vergüenza. Y me pregunté: ¿Puede esto estudiarse científicamente? Hoy estoy desarrollando mi tesis doctoral en Psicología con orientación en Neurociencia Cognitiva Aplicada, bajo la dirección de la Dra. Paula Salamone explorando qué puede suceder psicológicamente cuando una persona entrena presencia, juego y vulnerabilidad a través del clown. Si puede ser una herramienta genuina de promoción de salud mental grupal, no farmacológica, aplicable en la clínica y la comunidad necesito poder demostrarlo con rigor.
-¿Qué puede habilitar el clown que a veces no aparece desde la palabra?
Hay experiencias que entendemos racionalmente pero que siguen sin transformarse en nosotros. La experiencia artística puede habilitar ese pasaje que la comprensión sola no logra: entre entender algo y realmente vivirlo. En el clown la torpeza muchas veces es el punto de encuentro con otros —algo profundamente reparador en una cultura donde tantas personas sienten que tienen que sostener una versión perfecta de sí mismas.
-¿Qué lugar ocupa el arte en la salud mental hoy?
-El arte puede generar lo que esta cultura erosiona silenciosamente: presencia real, encuentro y emoción compartida. Puede ser una herramienta poderosa de prevención, grupal y accesible, capaz de llegar a hospitales, escuelas y comunidades. La salud mental no tiene que ver solamente con reducir síntomas —también tiene que ver con sentir que nuestra vida está viva. Y eso es lo que el arte, cuando es genuino, puede devolver. No como lujo. Como necesidad.
Dentro de un esquema social donde el humor pasa desapercibido, hacerlo cuerpo y reconocerlo como un acto revolucionario logra construir narrativas humanitarias y terapéuticas. ¿Y vos? ¿Ya te reíste hoy?
Escrito por:
Luján Reggi. Psicóloga, docente, clown e investigadora.
Iara Sansberro Arteterapeuta
Datos de contacto:
Instagram:
@Lujanreggi
@Heroines.arteterapia
Página web:
www.lujanreggi.com
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