“Tenemos toda la información, pero no sabemos qué está pasando”.
Es una frase que aparece cada vez con más frecuencia en las empresas. Y aunque parezca contradictorio, tiene bastante sentido.
Hoy los negocios generan datos todo el tiempo: ventas, compras, costos, stock, cobranzas, cuentas bancarias, clientes, producción. A eso se suman los datos que producen los sistemas de gestión, las planillas de Excel y hasta las redes sociales.
El problema ya no parece ser conseguir datos. El problema es qué hacemos con ellos.
Podemos saber cuánto vendimos el último mes y, sin embargo, no saber si estamos vendiendo mejor. Podemos conocer la facturación y no tener claro cuánto ganamos. Podemos tener un sistema de gestión, varias planillas de Excel y reportes de distintos sectores. Pero cuando alguien pregunta cómo está realmente el negocio, la respuesta no siempre aparece con la misma facilidad con la que acumulamos los datos.
Muchos datos. Poca información.
La diferencia está en algo fundamental: un dato describe; la información permite comprender.
Si una empresa sabe que vendió $100 millones, tiene un dato. Si puede analizar cuánto vendió por producto, qué margen obtuvo, cómo evolucionó respecto de otros períodos y qué factores explican ese resultado, empieza a tener información.
Y si esa información permite decidir qué hacer a continuación, entonces realmente está aportando valor a la gestión.
Por eso, el primer paso no debería ser preguntarnos qué más podemos medir, sino qué necesitamos saber para tomar mejores decisiones.
A partir de ahí, aparecen algunas preguntas necesarias: ¿Dónde están nuestros datos? ¿Son confiables? ¿Se actualizan a tiempo? ¿Todos utilizan los mismos criterios? ¿Cuáles son realmente relevantes? ¿Quién los analiza y qué decisiones se toman a partir de ellos?
Porque muchas veces el problema no es la falta de información, sino que cada dato está en un lugar diferente y nadie tiene una mirada completa del negocio.
Medir todo tampoco es gestionar mejor. Un tablero con veinte indicadores puede terminar siendo tan poco útil como no tener ninguno si nadie sabe cuáles mirar o qué hacer cuando cambian.
También importa el momento. Una información correcta que llega demasiado tarde puede dejar de ser útil. Si descubrimos hoy que una decisión tomada hace tres meses generó un problema, ya no podemos cambiar lo ocurrido. Pero sí podemos utilizar ese aprendizaje para actuar de otra manera hacia adelante.
Y finalmente está la pregunta más importante: ¿qué decisiones estamos tomando a partir de esa información?
La tecnología puede ayudarnos a integrar datos, automatizar tareas y generar reportes. Pero ninguna herramienta reemplaza el criterio necesario para definir qué mirar, cómo interpretarlo y qué hacer con ello.
Cuando una empresa llega al punto en que tiene información por todos lados, pero necesita reunirla, ordenarla y entenderla para poder decidir, quizás el problema ya no sea conseguir más datos.
Quizás sea momento de detenerse, mirar el negocio en conjunto y construir una forma de gestión que transforme esos datos en claridad.
Tener datos no significa necesariamente tener información. Y tener información tampoco significa saber gestionarla.
El verdadero valor aparece cuando podemos conectar los números, entender qué está pasando y utilizar ese conocimiento para decidir.
Porque el problema quizás no sea que nos falten datos.
Quizás tenemos demasiados.
Lo que falta es una mirada capaz de convertirlos en información para gestionar.
Ma. Alexiana Orsingher
Co-fundadora de DOMINÓ GESTIÓN
Impulsamos la gestión que transforma tu negocio
+54 9 3442 519705
[email protected]
Ig: @domino.gestion
Fotos en @albaicincoworking
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