Jueves 13 de mayo, 2021

SOCIEDAD | 14-04-2021 14:38

Tres parejas signadas por turbios conflictos televisados

Trapos sucios al show del prime time. Cuando exponerse no garantiza el fin de las violencias.

“Mientras está vivo, el amor siempre está al borde de la derrota”. El filósofo y autor polaco Zygmunt Bauman describe así los vínculos afectivos en la posmodernidad. Y si eso resuena entre la gente de a pie, en la farándula parece exponencial: los medios cristalizan esto en una parábola de los noviazgos violentos y, en última instancia, de la violencia de género.

Del estereotipo de la “pareja tóxica” a la furia en un móvil de TV hay un trecho, pero no es tan largo. Tras el retorno fallido de Luciana Salazar y Martín Redrado, ella explotó en los medios. Él se sirvió del abogado Fernando Burlando para contraatacar con una denuncia por “calumnias e injurias”. Es un nuevo capítulo de la pareja más “calesita” de la televisión argentina pero, ¿es solo eso?

“Las separaciones y reconciliaciones son muy comunes por algo llamado la espiral de la violencia. El primer punto del ciclo es la acumulación de la tensión, el segundo es el estallido (una escena violenta) y el tercero es la ‘luna de miel’, el arrepentimiento del agresor. El equilibrio en este tipo de vínculos es muy lábil”, explica Antonella D’Alessio, de la Red de Psicólogxs Feministas.

En una entrevista, Jimena Barón también describió ese proceso: “Mi papá me abandonó, por eso cuando armé mi familia y tuve un hijo dije: esto sí me va a salir bien. ¡Imaginate! Me dejó hecha una alfombra. En algún momento me di cuenta y ya estaba en el baile: ni tu familia ni tus amigos te la reman. Sobre todo mi vuelta con él, cuando le conté a mis amigas, hubo un silencio de velorio donde yo sentí que estaban pensando: ‘Esta mina está enferma. ¿Qué le decimos?’”.

Parejas: ida y vuelta

En algunas parejas la violencia escala y se vuelve, aunque nunca igualitaria, mutua. Como en aquel audio donde Salazar le hizo prometer a Redrado que no saldría a comer con otra mujer (“porque te reviento”). Mientras planeaban volver al ruedo (del amor y de los medios), volvieron a separarse. Al igual que en otros casos, en el medio quedó una niña. En el audio, Luli le pedía a Redrado que comenzara a seguir a Matilda en Instagram ya que “eso nos saca en los medios sin hacer nada”.

Para el psiquiatra Enrique Stola, “algunas de las mujeres que denuncian tienen cierta claridad sobre cómo se dan esos mecanismos de dominación masculina, y qué tipo de violencia están sufriendo. Aun así emiten un mensaje sumamente confuso, y eso es grave. Al ser mostrado así en un medio de comunicación, sirve para que aquellos que están diariamente cuestionando la lucha de las mujeres puedan descalificarlas aún más”.

Lala Pasquinelli, de Mujeres que no fueron tapa, advierte que para muchas famosas “esto tiene un rédito, económico y de publicidad. Entiendo que lo aprovechan, y que quizá también están tomadas del estereotipo: representan lo que ‘es’ ser mujer, y lo que ‘es el amor para la mujer’. Son personas con visibilidad, que modelan los roles sociales desde un lugar de ‘lo que debe ser’ y no solo de ‘lo que es”, plantea. Y los medios, “en lugar de usar ese espacio privilegiado para discutir la violencia o el mito del amor romántico, lo fomentan y reproducen contando historias donde se normalizan las peleas, las discusiones y los golpes”. Esto se ve muy seguido en la TV: un audio o testimonio aterrador, fotos de la pareja plena y feliz de fondo y un graph que insta a las víctimas a llamar al 144, sin siquiera explicar que es un número de información y no de denuncia o emergencia. En estos casos la exposición de la farándula pasa a tener un alto costo, tanto para víctimas como para audiencias.

D’Allessio retoma el caso de Cinthia Fernández para cuestionar el enfoque morboso y revictimizante, “que hasta relativiza el real riesgo y el peligro al que la mujer estuvo sometida”. Una vez separada, la panelista confirmó los celos de su ex. “Él no me decía nada pero yo lo hacía por miedo: estaba tan enamorada que no enganchaba laburos”, contó. Defederico no veía con buenos ojos la sexualización de su pareja, famosa entre otras cosas por su desfile luciendo una tanga hilo dental. Ella recibió fuertes críticas cuando contó la escalada de violencia de la que fue víctima en 2016: “Las mujeres de los medios no escapan a la situación de sospecha que culturalmente hay sobre ellas: que siempre están haciendo algo para joderle la vida a los varones”, explica Stola. “Ya sea porque están saliendo con alguien acusado de violento o porque están sufriendo violencia, el cuestionamiento está. Para muchos conductores son ellas las que deben ser analizadas. Y si una mujer está sobrepasada por la violencia y muestra alguna inestabilidad, la aprovechan al máximo”. En esa línea, el psiquiatra insiste en la necesidad de que haya más periodistas feministas en los medios.

Otros casos 

Tras la confirmación del romance de Gianinna Maradona con Daniel Osvaldo, la primera acusada fue la hija del Diez. Acá también puede hacerse un paralelismo con la cotidianidad. ¿Acaso nadie conoce a una mujer en pareja con un hombre acusado de ejercer violencia? ¿Hay algo que los medios puedan decir sobre esto, además de señalar a la ex víctima y a la nueva “dama de compañía”? ¿Y los varones dónde quedan?

Según D’Alessio, “ellos terminan en un lugar de impunidad: jamás se escuchan los análisis sobre el ciclo de violencia” y tampoco se le pide respuestas a los acusados. Stola recomienda que “si una mujer tiene información de que un hombre ha sido violento, le tiene que dar importancia. No es que no tenga que relacionarse con él, solo darle importancia”. Los medios tienen mucho por hacer. En Argentina más del 70% de las denuncias a la Defensoría del Público son por malos tratamientos de noticias de violencia de género. Mientras capacita a periodistas, el organismo hace una reflexión: las audiencias no terminan de identificar la violencia como tal si la denuncia viene de parte de alguien de la farándula.

 

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por Mariana Sidoti

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