Martes 11 de mayo, 2021

SOCIEDAD | 23-04-2021 10:29

Viviana Canosa y la rebeldía hueca

Discurso de la indignación y negacionismo del Covid. Por qué genera tanta atracción como incomodidad. La voz de las nuevas derechas en la televisión.

Viviana Canosa dice que aprendió a ser su propia maestra. En 2017 aceleró un recorrido espiritual que había comenzado veinte años atrás y, después de su divorcio en marzo del 2018, la transformación se volvió tan profunda que no hubo vuelta atrás. Dejó la terapia convencional y se instaló en Rocha, Uruguay, donde aprendió sobre la “cultura indígena ancestral”. Participó de retiros en sitios inhóspitos sin maquillaje ni flashes y estudió tanatología, una disciplina que trabaja para acompañar a los enfermos terminales y sus familiares. Al final del recorrido, asegura, se dio cuenta de que era libre y que podía hacer con esa libertad lo que se le diera la gana. Descubrió que no responde a nadie más que a ella misma y, con esa bandera, volvió a la televisión. Tanto con “Nada personal”, en El Nueve, como con “Viviana con vos”, en A24, el objetivo fue el mismo: transgredir y cruzar cualquier límite con tal de hacer escuchar lo que llama "su verdad".

El regreso de Canosa a la televisión coincidió con el inicio de la pandemia y ella se convenció a sí misma de que era la única capaz en los medios de despertar la conciencia de las audiencias. Así como en su recorrido espiritual se le reveló la verdadera libertad, en las cuestiones vinculadas al coronavirus se muestra como una especie de iluminada. Sin tener formación médica o científica y sin citar fuentes legítimas, es capaz de poner en duda la eficacia de la vacuna contra el Covid-19, de afirmar que los test de detección son manipulados con metales para que den positivo o de sostener que las medidas de restricción tienen el único objetivo de encerrar a la población.

Aunque rechaza ser una negacionista de la pandemia, todas sus declaraciones ponen en duda la crisis sanitaria que atraviesa el mundo. Cuando se le consulta cuáles son sus fuentes, Canosa hace referencia a grupos como “Médicos por la verdad” (una organización que se opone, por ejemplo, al uso de barbijos) y recomienda mirar “The big reset”, un documental en el que se dan por ciertas teorías conspirativas de todo tipo (desde aquellas que afirman que las vacunas producen esterilidad o modifican el ADN hasta las que sostienen que las elites globales están detrás de la pandemia).

Y, si el éxito se mide en términos de rating o alcance, su estilo funciona: los primeros programas en A24 apenas llegaron a tener 0,3 puntos y, unas semanas después, Viviana logró duplicar las mediciones a fuerza de polémicas. Su programa no explota, pero sí resulta valioso en una televisión con cada vez menos audiencias y en los pasillos de Grupo América reconocen que su crecimiento es constante. Además, prácticamente todos las tardes su nombre se vuelve tendencia en redes sociales y no hay semana en que alguna de sus entrevistas no genere algún rebote. “Es la única del canal a la que la levantan”, reconocen personas que trabajan con ella.

No es casual. Aunque Canosa no se encasilla en una categoría ideológica, su discurso está en la línea de lo que hoy se conoce como las derechas alternativas: aquellas que le hablan a una población cada vez más indignada y que desconfía de absolutamente todas las instituciones de la democracia. Estos sectores -que en Estados Unidos se representaron con Donal Trump, en Brasil con Jair Bolsonaro y en España con Vox- están dispuestos a romper absolutamente todos los consensos sociales, incluso aquellos vinculados a la ciencia y la salud.

Viviana Canosa: internas en A24

El fenómeno Canosa genera tanta atracción como incomodidad. Estas contradicciones se manifiestan incluso, en el interior del grupo mediático que la contrató que, a pesar de disfrutar de los beneficios de tener una “tirabombas” al aire, tiene que lidiar con las consecuencias. Por estos días, por ejemplo, las autoridades del canal mantienen conversaciones con la Defensoría del Público para acordar una medida reparatoria luego de las declaraciones de la conductora sobre los test y esperan que el Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM) resuelva si corresponde o no una sanción.

El episodio del conflicto sucedió el 6 de abril cuando, en medio de una entrevista con el pediatra Diego Montes de Oca, la conductora dijo que “en determinados lugares los hisopados tienen unos metales” que generan que los test de PCR den positivo aunque la persona no tenga coronavirus. Frente a las denuncias de las audiencias intervino la Defensoría del Público y el asunto se convirtió en un escándalo en el que Canosa aseguró que el organismo atenta contra la libertad de expresión.

No es la primera vez que sucede. Cuando tomó dióxido de cloro al aire, el organismo recibió una cantidad inédita de reclamos y acordó con El Nueve emitir un spot que grabaron periodistas científicas explicando cuáles eran los riesgos de su ingesta y por qué no hay evidencia de que su consumo reduzca de alguna forma la posibilidad de contagiarse de Covid. La señal mostró muy buena predisposición para acordar una medida reparatoria aunque luego, en los hechos, esa predisposición fue dudosa ya que pasaron el spot a la 1 de la mañana. Ahora en Grupo América sucede algo similar, quienes conversan con el organismo reconocen la “irresponsabilidad” del mensaje de Canosa pero dilatan la posibilidad de que un especialista en test se siente en el estudio a dar información chequeada.

Esa ida y vuelta en cómo lidiar con Canosa se respira en América desde antes que la contrataran. Cuando su nombre empezó a circular como una opción para la tarde, algunos de sus directivos se opusieron. La tensión está en escala y a medida que la conductora avanza más fuerte en sus posiciones, suma detractores internos. Cuando el 13 de abril decidió entrevistar a Marcelo Peretta, un farmacéutico antivacunas y anticuarentena, Liliana Parodi, la gerenta de programación de A24, puso el grito en el cielo cuando vio el graph: “La vacuna te puede matar”.

En las más altas esferas de la señal no quieren hacer pronunciamientos sobre Canosa y solo se limitan a confirmar que es una figura que “funciona”. Con enemigos adentro y afuera, la gran pregunta parece ser entonces, ¿por qué funciona?

Viviana Canosa, disrupción y las derechas alternativas

Cuando se le pregunta si es antivacunas, Canosa responde que no, que vacunó a su hija. Cuando se le pregunta si es negacionista, también dice que no. En su defensa, insiste con que el discurso imperante en la actualidad impide hacer preguntas y que la provocación es su arma más efectiva. Pablo Steffanoni es autor del libro “¿La rebeldía se volvió de derecha?” y reconoce en la conductora la expresión de este fenómeno: “Su discurso entroncó, quizás no de manera preparada, con el discurso de esta expresión libertaria de derecha y eso la ubicó como una referente de esa crítica que va por fuera de los marcos convencionales de los partidos”, asegura.

Para Stefanoni, en estos discursos pueden coincidir personajes tan diversos como Canosa, Javier Milei, José Luis Espert o Agustín Laje. “Las derechas alternativas vinieron a romper con conceptos establecidos en temas variados que pueden ser los desaparecidos, la dictadura o las vacunas. Por eso es difícil pensarlas de la misma forma que se pensaba a las derechas tradicionales más conservadoras. Nadie podría decir que Trump era un conservador. Destruyó más o menos todos los consensos establecidos sobre cómo funcionan las instituciones norteamericanas. Llegó a poner en duda el sistema electoral”, agrega.

Según el especialista, estas nuevas derechas trajeron una novedad: la transgresión y una estética moderna. Atrás quedaron aquellos hombres pacatos de traje. Hoy Canosa puede salir al aire tocándose o jugar a la seducción con sus invitados y, del otro lado, encontrar una audiencia que se identifica con sus críticas: “Hay una disconformidad muy fuerte en todo el mundo. La gente está criticando todo y la crítica está desacoplada a la idea de emancipación o de mejora sobre el futuro. Ese pesimismo sobre el futuro es nuevo. Antes pensábamos que la tecnología nos iba a resolver la vida y hoy creemos que los robots nos van a quitar el trabajo o que los migrantes nos van a deplazar”, señala Stefanoni. De ahí que los enojos de Canosa resuenen. En la era de la indignación, se escucha al que grite más fuerte.

El asunto se volvió más complejo con la pandemia y los detractores de Canosa observan atónitos cómo alguien puede sostener afirmaciones que no tienen ningún correlato con la realidad y que continúe siendo creíble. Laura Pérez de Stéfano es linguista y docente investigadora de la Universidad Nacional de La Plata. Para ella, a Canosa se la debe estudiar como un “emergente” de un fenómeno mayor: “Pegarle a ella no sirve y, además, siempre las mujeres que intervienen en el espacio público incomodan. Pero sí se puede ver que ella es una exponente de un tipo de construcción del sentido común que no solo vemos a nivel local”, dice.

Pérez de Stéfano sigue la línea de aquellos que estudian la lingüística cognitiva, una disciplina que entiende que existe una estrecha relación entre el lenguaje, el pensamiento y la realidad. La pregunta podría ser por qué, a pesar de que toda la comunidad científica desmiente lo que dice Canosa, hay personas que la consideran creíble cuando dice, por ejemplo, que los test tienen metales: “Los sujetos construyen lo que se llama ‘dominios cognitivos’ para enmarcar los significados de la realidad. Si hay un dato que, de alguna forma, es disruptivo con su dominio cognitivo, automáticamente es desechado. Vos podés contraargumentar y aportar datos de orden científico o con información legitimada, pero si el otro no tiene ese marco, ni los escucha”, explica la experta.

El asunto puede resultar demasiado abstracto, pero se observa todo el tiempo en la discusión pública. De hecho, esa es la gran dificultad a la hora de reparar un mensaje errado. “Si pensamos en que se tiene que revertir es porque entendemos que esos discursos pregnan en la sociedad. Estos discursos son antitéticos a los dominios cognitivos que, en general, se habían construido alrededor de la salud antes de la pandemia. Canosa, y todos los que están en ese lugar, lo dan vuelta. La estrategia discursiva está en romper esos dominios que eran aceptados”, sostiene Pérez de Stéfano y agrega: “Hay un campo semántico que se instaló a partir de la pandemia y es un fenómeno novedoso que, además de ser sanitario, es político e ideológico”.

Nicolás Viotti, investigador del Conicet, doctor en Antropología y coordinador de un equipo de trabajo de investigación en la Universidad de San Martín sobre grupos anticientíficos, agrega un componente: la desconfianza como rectora de todas las conductas. Según el experto, “el híperindividualismo y la desconfianza en todas las instituciones, desde el Estado hasta la Organización Mundial de la Salud, son elementos para comprender por qué estos fenómenos son cada vez más visibles”.

En esta línea, Viotti insiste en que la espiritualidad de Canosa y sus posiciones más políticas más beligerantes pueden tener un punto en común: “No es que todas las personas que tienen un recorrido espiritual sean libertarios. Pero hay algo que se observa en estos grupos que tiene que ver con la búsqueda de lo alternativo en todos los órdenes”, sostiene. Los académicos estadounidenses que estudian el fenómeno le pusieron un nombre a esta combinación de teorías conspirativas y espiritualidad: conspirituality.

Viviana Canosa, antiprogresismo y poder

Canosa repite que lo que la destaca es no formar parte del discurso “progre” y su blanco preferido suele ser el movimiento de mujeres. Desde que el feminismo instaló el debate por el aborto legal seguro y gratuito ella comprendió que podía ocupar un lugar diferente. En las manifestaciones del 2018, cuando se debatió por primera vez la ley, ella subió al escenario a realizar ecografías en vivo y se convirtió en la voz de los pañuelos celestes.

Todavía faltaba mucho para que terminara de renacer, como le gusta decir a ella, pero ya marcaba su camino. Una persona que la conoció en el grupo Unidad Provida la reconoce como alguien con mucha capacidad de escucha y estudio. “Se acercó, nos dijo que estaba a favor de las dos vidas pero que no podía explicar muy bien por qué, que así lo sentía”, cuenta. Desde ahí, empezaron a enviarle material de forma constante y ella lo estudiaba al pie de la letra. Sin embargo, nunca aceptó una militancia orgánica ni formar parte de ninguna organización.

Entre los suyos ella se jacta de ser una todopoderosa: además de conducir su programa, lo produce, busca a sus propios invitados y se preocupa por si están cómodos. “Está obsesivamente en cada detalle”, agregan. Su coqueteo con el poder es siempre un tema de debate dentro y fuera del círculo rojo y ella le confirmó a su entorno que durante el 2021 descartó tres propuestas a ser candidata a diputada nacional desde distintos espacios.

Dice que sabe moverse como pez en el agua entre ricos y poderosos. De hecho, fue quien más veces entrevistó a Alberto Fernández. Y, aunque no descarta su propia participación en la política en el futuro, dice que todavía tiene que definir el “para qué”. Por estos días, se esfuerza por ser la conductora distinta y la que tiene calle y saca pecho de hacer donaciones de comidas para comedores del Polo Obrero o de la CETEP, de Juan Grabois. Además, desde hace unos años, comenzó a pagar velorios de chicos que mueren por consumo de drogas. Por lo demás, su rebeldía consiste en apenas indignarse.

 

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Giselle Leclercq

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