Una vez que escuchaste su voz no se va nunca más de tu cabeza y puede transformarse en el grito trágico de Medea, en el arrullo venenoso de Lady Macbeth, en el aterciopelado erotismo de Molly Bloom o en el mismísimo Juan Domingo Perón. Cristina Banegas habita el teatro, algunos dirán que se adueña del escenario, otros sostendrán que está poseída por sus personajes, pero todos coincidirán en que es una de las grandes actrices argentinas.
Hace años fundó en Villa Crespo una sala que por ese entonces estaba alejada del circuito habitual, hoy El Excéntrico de la 18 cumple cuarenta años siendo un emblema del teatro independiente y Cristina Banegas lo festeja haciendo tres obras tan disímiles como hipnóticas, “La bala de plata”, “Molly Bloom” y “Proyecto Quevedo”. ¿Cómo se alimenta tanto fuego sagrado y se resiste a pesar de todo? Solo los dragones como ella tienen la respuesta.
Noticias: El Excéntrico cumple 40 años. ¿Se vive por el teatro o se vive gracias al teatro?
Cristina Banegas: Las dos cosas, se vive por y para el teatro. Siempre dije que mi única religión es el teatro, supongo que no para todos, pero para algunos es algo sagrado. Los cuarenta años me encuentran con la alegría de haber llegado hasta aquí sosteniendo este espacio en cada momento histórico de la Argentina, en los mejores y en los peores, incluyendo el actual, que es uno de los malos. Y eso que en nuestro amado país hemos atravesado tiempos muy difíciles, pero este que vivimos hoy es de los peores, excluyendo a la dictadura.
Noticias: ¿Se está sintiendo en el día a día la ausencia de políticas culturales?
Banegas: Sí, claro. Con el desmantelamiento del Instituto Nacional del Teatro, con serios problemas en las instituciones que protegen o protegían la cultura, con lo que están haciendo en el INCAA... lo cual no quiere decir que no sigamos haciendo películas, hay una fuerza viva detrás. Por ejemplo, terminé hace muy poco de filmar una película de cine independiente hermosa con Nico Goldschmidt, el libro es suyo y de Nacho Sesma, además, ambos codirigen. Estoy contenta porque creo que es una película excelente. Y por supuesto está el teatro, aquí en El Excéntrico tenemos tres trabajos. Los viernes hacemos “La bala de plata”, que es una intervención político-estética de la correspondencia entre Juan Domingo Perón y John William Cook. Somos dos mujeres interpretando esos personajes: Karina Elsztein, que es una actriz fantástica, hace de Cook y yo de Perón. Durante mucho tiempo, la directora Graciela Camino, intentó montar la obra con muchachos y no lo lograba, pasó un montón hasta que el año pasado le dije: "Dame una oportunidad", y acá estamos, lo logramos. También los sábados hago “Molly Bloom”, dirigida por Carmen Baliero, en una nueva versión, la mejor de todas para mí, en la que trabajamos y ensayamos mucho. Y dos domingos al mes, porque no me da el cuero para más (risas), hago “Proyecto Quevedo” subida a una mesa de cristal de dos metros cuarenta que era de mi madre, dirigida por Jorge Thefs y acompañada en cello y canto por Lucía Gómez.
Noticias: ¡Hay que animarse a algo como “Proyecto Quevedo”! ¿El motor es esa adrenalina que da poner el cuerpo?
Banegas: Sí, es fuerte y arriesgado, pero el teatro lo es por naturaleza, porque al cuerpo lo ponés siempre. Después, a veces haces cosas más complejas desde lo físico y otras no tanto, pero siempre el cuerpo está presente, no hay alternativa, eso es lo fundamental del hecho teatral. Si hay alguien haciendo algo y por lo menos un espectador del otro lado mirando, como decía Brecht, ya puede haber teatro.
Noticias: Muchas veces se habla de que algunos libros son inadaptables, le decían eso a P.T. Anderson cuando anunció “Una batalla tras otra”, basada en la novela de Tomas Pynchon, por ejemplo. “Molly Bloom” se creó a partir del último capítulo del “Ulises” de Joyce, ¿cómo se enfrentaron al texto más inadaptable de todos los tiempos?
Banegas: Ante todo, voy a decir que es muy gozoso hacer “Molly Bloom”, es una fiesta. Es muy conmovedor, tiene humor, posee muchas variaciones, tanto musicales, tonales, como emocionales, es como actuar una partitura perfecta. Con Laura Fryd, que es traductora, hicimos el seminario sobre “Ulises” con Carlos Gamerro y nos pusimos a trabajar sobre el último capítulo, lo tradujimos y luego lo editamos, sacamos algunas partes para facilitar la comprensión, pero no hay ninguna palabra que no sea de Joyce en el monólogo. La historia de la adaptación es muy interesante, cuando terminamos ese trabajo que nos tomó un par de años, pedimos los derechos a la agencia de la editora Carmen Balcells. El último heredero de Joyce era un pariente muy mayor y puso como condición que le mandara una grabación de audio con el texto. Así que le pedí ayuda nada menos que a mi amigo del alma Ricardo Bartís, imaginate era una garantía. Lo grabamos, se lo mandamos al heredero y… ¡nunca contestó! (risas) Pasaron los años y cuando se cumplió el 70 aniversario de la muerte de Joyce, la novela pasó a ser de derecho universal, ahí dijimos: “Esta es la nuestra”.
Noticias: Hace un rato hablamos de que en “Proyecto Quevedo” actuás sobre una mesa que fue de tu madre, Nelly Prince. ¿Es verdad que tu mamá compartió compañía de radioteatro con Evita o es un mito?
Banegas: No fue así, pero mamá contaba una anécdota, nunca sabremos cuánto de real había en el relato (risas). Decía que cuando ella era muy joven trabajaba en la misma radio que Eva, por ese entonces, Eva Duarte ya era alguien, tenía cierta autoridad dentro de la emisora. A mamá le habían comunicado que iban a bajarle el sueldo y que si no le gustaba se fuera, hubo un destrato, un maltrato. Entonces mi madre relataba que se puso a llorar, se cruzó con Eva en una escalera, ella le preguntó qué le pasaba y se lo contó. Entonces Evita la agarró de la mano y fue a hablar con el director de la radio, creo que era uno de los primeros Yankelevich, quien le dijo que no solo no le iban a bajar el suelo sino se lo iban a aumentar. Y se lo aumentaron nomás.
Noticias: Has hecho a varias madres inolvidables, recuerdo, por ejemplo, a aquella mamá de los hermanos incestuosos en “Géminis”, la película de Albertina Carri con la que también hiciste “Las hijas del fuego”. ¿Cómo fue trabajar con ella?
Banegas: Qué escena increíble esa de “Géminis”, ¿no es cierto? Trabajar con Albertina es hermoso, ella es una persona extraordinaria, dueña de una inteligencia, de una sensibilidad y de un rigor notables. Es fantástica, nos queremos mucho, espero que siga filmando y no estar demasiado viejita como para poder participar en sus próximas películas.
Noticias: Hace poco te vimos haciendo de Yiya Murano. ¿Es difícil acercarse a un personaje así?
Banegas: Tenía experiencia, yo ya había hecho como cinco o seis “Mujeres asesinas”. Gané dos Martín Fierros seguidos por ese programa, así que no fue difícil lo de “Yiya”. Todo se basaba en las conversaciones que tenía con el personaje de Pablo Rago. La única elección estética que hice fue decir que quería fumar en todas las escenas. También contribuyó esa peluca que me hicieron a partir de una foto que encontramos de Yiya en el geriátrico. Usaba el pelo medio color zanahoria, con una hebilla metálica que le tapaba un hueco que tenía en la cabeza, producto de una operación de cerebro. Cuando Yiya estuvo presa tuvo un tumor cerebral, la operaron y se salvó porque yerba mala nunca muere (risas). Me divertí mucho interpretándola, pero digamos que he hecho cosas mucho más difíciles, trabajos complejos en la tele como el de “Vulnerables” y el de “Locas de amor”, ni hablar en cine y en teatro con Medea o la señora Macbeth. ¡Medea no tiene competencia! Pero Yiya fue recibida con mucha aceptación, lo cual me encantó.
Noticias: Entre tus trabajos emblemáticos está el que hiciste junto a un elenco estrictamente femenino en “El padre”, de Strindberg. Esa puesta estaba dirigida por el irrepetible Alberto Ure, alguien que le dedicaba un tiempo increíble a los ensayos. ¿Con Ure era más difícil ensayar o estrenar?
Banegas: Exacto, a Ure nada le gustaba más en la vida que el ensayo. Para “El padre” ensayamos como un año y medio, por supuesto, se sucedían los reemplazos porque las actrices se iban yendo… ¡o él las echaba”. Entonces siempre había que volver a ensayar. Se salía con la suya (risas). Me acuerdo de que venía el agregado cultural de la Embajada de Suecia y traía amigos, la vio varias veces porque no podía creer que se hiciera algo así en Argentina. Fue una versión hecha solo por mujeres muy femeninas, extremadamente erotizadas en sus atuendos y habitando un mundo sin hombres. Era muy fuerte lo que pasaba en el teatro, las mujeres salían muy angustiadas y los hombres salían muy deprimidos. Era lógico que al agregado cultural le costara entender cómo se le había ocurrido a alguien de acá esa versión, no podía imaginarse de lo que era capaz Ure.















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