PERSONAJES | 20-02-2021 11:31

Jorge Gómez: “Nadie es más que otro por tener plata”

Empresario industrial fanático de los autos y amante de arte habla acerca de su historia de superación y su preciada colección.

Una noche hace más de 15 años, Jorge Gómez, un empresario fanático de los autos que había crecido en una familia humilde de La Matanza pero que había generado un buen pasar, soñó que conocía a Horacio Pagani —diseñador argentino de autos que hoy por hoy ostenta el título del mejor constructor de autos de lujo del mundo—, “sueño todo lo que quiero que me pase, soy un soñador empedernido”, asegura Gómez, quien al otro día empezó su travesía para conocer a Pagani en el Salón de Ginebra. Cuando lo tuvo frente a frente, le dijo que él no tenía suficiente dinero para comprarle un auto, pero que le encantaban y se lo quería comprar en cuotas. Fue el primer latinoaméricano en tener un Pagani y hoy por hoy son muy amigos.

Una tarde que Gomez manejaba su Pagani Zonda C12 por Mónaco, vio el atardecer escuchando a Soda Stereo y se puso a llorar, el chico de La Matanza, que había crecido en una casa prefabricada, hijo Rodolfo, un obrero y Rosa, una costurera que habían trabajado día a día para que no le faltara nada, había alcanzado sus sueños. A los 25 años fundó Roker, empresa de materiales eléctricos y cuando alcanzó una vida con comodidades, decidió que no quería ser multimillonario, sino que quería disfrutar de la vida. Empezó su colección de autos, viajó por el mundo, conoció el mundo del arte y hoy tiene su museo en Nordelta. Desde su Instagram con más de 75 mil seguidores, @colecciongomez, muestra su vida, sus autos e inspira a jóvenes emprendedores para que nunca dejen que nadie les diga que no pueden hacer algo.    

Noticias: Su historia podría describirse como una historia de superación, ¿usted cómo definiría el recorrido que hizo?

Jorge Gómez: A mis viejos les costaba progresar, vivíamos en una prefabricada con techo de cartón en Lomas del Mirador. Nadie le da un crédito al pobre. Estábamos como la mayoría de la gente, sin acceso a la vivienda. Yo no quería ser pobre, quería salir de ahí. Quería tener mi auto, mi casa, vivir bien. Nunca nos fuimos de vacaciones. La casa nos costó un montón y no la pudimos terminar. Siempre odié las cosas inconclusas. Mi mamá todos los días me decía que yo era inteligente, capaz y que iba a poder lograr todo lo que me propusiera en la vida. Me dio una seguridad en mí mismo terrible. No tenía dudas de que lo iba a lograr. Eso fue fundamental, creer en mí mismo. 

Noticias: ¿Cuál fue el primer paso para alcanzar lo que quería?

Gómez: No llegué a anotarme en la facultad y me puse a trabajar, trabajé seis meses en relación de dependencia, después renuncié y me puse a vender y ahí empecé a ganar plata enseguida. Tuve un local de bijouterie, fabriqué mousse de chocolate, vendí fiambres y quesos, tuve un supermercado, una agencia de fletes, un comercio de venta de galletitas al peso y una casa de comida con servicio de viandas y empanadas. A mi primera mujer le dije que a los 25 años iba a dejar de trabajar porque iba a estar lleno de plata, a los 25 años estábamos casados, esperando nuestro primer hijo, me levantaba a las 5 de la mañana a pelar papas para el servicio de viandas, repartía garrafas para ganarme el mango, fue el peor momento de mi vida. Pero ese mismo año me cambió la vida, fundé mi empresa, Roker, en 1983. Empecé como vendedor, pero me había dado cuenta de que tenía que fabricar algo y venderlo y no depender de otros. Ahí conocí a un gallego que inyectaba plástico y ganaba bien y entendí que tenía que hacer algo con el plástico. Surgió el primer producto: tacos de fijación. Se vendía, pero no era un buen producto. Entonces entregué mi casa como parte de pago para comprar las matrices de otro producto, un automático de tanque, me fui a vivir con mi suegra, y ahí empecé a salir a vender casa por casa y en los negocios. Un día en un negocio escuché a un señor que comentaba que estaba fabricando cajas plásticas para térmicas y no daba abasto. Con la plata de lo que había vendido en la calle, hice la primera matriz e hice mi primera caja y me cambió la vida. Todo el mundo me quería comprar. Y no paré de hacer cajas desde hace 38 años.

Noticias: ¿En qué momento dijo que no quería hacer más plata sino disfrutarla?

Gómez: Me di cuenta de que si quería ser multimillonario podía serlo, pero implicaba venderle el alma al diablo, que es lo que a la mayoría le pasa. Tomé la decisión de decir que no quería eso. Para ser multimillonario hoy tendría que tener 20 empresas y ya estaría o muerto del corazón o con un estrés de locos. Quería progresar, pero tranquilo, la empresa la manejo de taquito sin estar laburando todo el día. Hoy tengo hijos grandes, de 38 y 36 años, ellos manejan la empresa.

Noticias: ¿Qué le quedó del Jorge de La Matanza?

Gómez: Sigo siendo el Jorge de La Matanza. Nunca me la creí. Siempre tuve claro que nadie es más que nadie porque tenga plata, o autos, u obras de arte. Y tampoco nunca me sentí menos que nadie. Mis viejos fueron porteros de un edificio de Barrio Norte y conocí a mucha gente, me vino bien para saber que yo no quería ser como esa gente, se creían que eran más porque tenían plata y vivían en Barrio Norte. Siempre respeté a todo el mundo. Mi mamá limpiaba casas para que yo pudiese ir a un colegio privado, le costó mucho y me lo hacía saber, nunca me faltó nada. Fueron muy exigentes conmigo. Mi papá, si yo llevaba un 9, me decía, “¿Por qué no te sacaste un 10?”. Nunca me llevé una materia. Siempre fui muy responsable. Parece que mi vida fuese un viva la pepa, pero no, siempre trabajo, reinvierto, no me gasto la que no tengo, pero tampoco quiero morirme con millones de dólares en el banco. Con mis hijos soy muy permisivo. Tengo dos hijos grandes y dos adolescentes mujeres. Los primeros años le di mucha bola a la fábrica, le di mi vida y me terminó costando el matrimonio, mi ex mujer tenía razón, los primeros años fueron de mucho sacrificio. 

Noticias: ¿Cómo nació esa pasión por los autos?

Gómez: De chico ya me volvían loco los autos, venía un primo con un rastrojero y lo volvía loco para que me enseñe a manejar, cuando mis viejos trabajaban en la portería yo movía los autos en el garaje. 

Noticias: ¿Cómo arrancó la colección?

Gómez: En el 2005 me había comprado el primer Pagani, sin tener la plata, no me alcanzaba para ese auto. El primer auto lo pagué $340.000 euros en cuotas. Conocí a Horacio Pagani en el Salón de Ginebra, le caí bien, le dije que me gustaban sus autos y que le quería comprar uno, pero que primero lo tenía que probar, me fui a Módena y le terminé comprando su auto personal, tenía el primer récord de nürburgring de la marca. Fui el primer latinoamericano en tener un Pagani, ya tengo el tercero. En estos 15 años nos fuimos haciendo amigos, él me guardaba el auto en Italia, yo soy un fanático suyo y de la marca. Él tuvo un montón de consideraciones conmigo, hoy es el número uno, pero en ese momento no lo era, yo confié en él porque me enamoré del auto. Hoy un auto Pagani Zonda vale 5, 6 millones de dólares, no lo podría comprar. 

En 2005 llevó su Pagani Zonda a Punta del Este y fue a visitar Casapueblo. Cuando entró al museo, para su sorpresa le preguntaron si quería conocer la casa del artista, dijo que sí, y allí se encontró con el mismísimo Páez Vilaró que lo recibió y le preguntó si quería agua o champagne. Brindaron frente a un ventanal desde donde se veía el Pagani y cuando se estaba por ir, el artista le pidió que le mostrara el auto, hablaron de la historia del auto y Gómez le pidió que le pintara un cuadro para recordar ese momento: “Ese fue el primer cuadro que compré en mi vida”, recuerda. Y ese fue su puntapié en el mundo del arte.

Gómez: Después me compré un Porsche y se me ocurrió invitar a artistas a intervenir los capós, hablé primero con Páez Villaró, después con Rogelio Polesello, Marta Minujín, les propuse lo de pintar el capó, todos quisieron hacerlo y ahí surgió esa colección. Fue un boom. Me copiaron en el mundo. Estuvieron representados 24 artistas, casi todos argentinos, en el museo de Porsche en Alemania, esa muestra la vieron 200 mil personas

Noticias: ¿Cuál es su capó preferido?

Gómez: Hoy mi preferido es el de Nacho Soler, él me escribió, tiene Síndrome de Down, me emocionó la historia, yo ya no iba a hacer más, pero le di el último que tenía para que lo pintara él. Le mandé un par de las imágenes que tenía de sus pinturas en su Instagram y le dije que eligiera una, hizo la que más me gustaba. 

Noticias: ¿Y de sus otras adquisiciones?

Gómez: Soy fanático de Atchugarry, tengo tatuada una de sus esculturas. Tardó 5 años en hacerla y ahora la tengo acá en mi museo y en mi brazo. 

Noticias: Como empresario, ¿cómo ve al país?

Gómez: No habló de política. Yo empecé justo con la vuelta de la democracia, pasé por todos los quilombos habidos y por haber, lo que hice siempre fue reinvertir casi todo lo que gané, trato de mejorar y de exportar. No me importa quién gobierne, realmente pienso que uno no tiene que esperar nada de ningún gobierno y hacer lo que uno sabe, ser positivo y tirar para adelante. Todo el mundo quiere llenarse de guita sin laburar

Noticias: ¿Cómo surgió la idea de la casa museo?

Gómez: El museo soy yo, me da felicidad, es mi tesoro. Me gusta darle laburo a los artistas, es muy difícil ser artista, en el mundo y más en Argentina, me gusta dar oportunidades, me da placer.

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Mariana Haramburu

Mariana Haramburu

Periodista.

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