Viernes 23 de octubre, 2020

POLíTICA | 17-10-2020 00:16

La trágica historia de Cipriano Reyes, el "creador" del 17 de octubre

Fue fundamental en el acto fundacional del peronismo, pero luego se cruzó fuerte con Perón y terminó varios años preso. Los intentos de asesinato que sufrió.

Mañana se conmemora el 17 de octubre de 1945, cuando miles de trabajadores  marcharon para pedir la liberación de Juan Domingo Perón. Aunque pasaron 75 años todavía queda la duda: ¿cómo se gestó? Y en especial, ¿por quién? Para Cipriano Reyes, sindicalista clave de ese período, el autor fue él.

Reyes se fue formando en el sindicalismo y en 1943 creó el Sindicato Autónomo de la Industria de la Carne, en oposición al comunista José Peter, que estaba al frente de la Federación de Obreros de la Industria de la Carne. El hombre había nacido en un hogar humilde de la localidad de Lincoln, y se trasladó con su familia a Buenos Aires. Su participación lo llevó a los sindicatos de Zárate y a las luchas portuarias de Necochea, viajando como simple linyera y una variedad de trabajos y experiencias como trabajador rural, poeta, periodista y vidriero en Parque Patricios.

La trascendencia de su lucha hizo que el entonces coronel Perón buscara en los frigoríficos a sus principales aliados para su proyecto político. Luego de más de un triunfo de los obreros de la carne, Perón se paseó por Berisso del brazo de Cipriano Reyes, en medio del calor popular. Esa relación alimentaría el mito del “coronel de los trabajadores”.

En 1943, luego del golpe, Perón se había convertido en secretario de Previsión y Trabajo. Durante su gestión entraron en vigencia diversas leyes laborales que eran parte de las listas de viejas peticiones obreras. Se estaba modificando el sistema de régimen laboral y los sindicatos vieron en Perón a un interlocutor válido para que sus reivindicaciones se hicieran realidad. La firma de convenios colectivos de trabajo, la indemnización por despido, el reconocimiento de la jubilación o la creación de tribunales de trabajo fueron algunas de las medidas que fueron el inicio de un sólido vínculo entre Perón y el mundo de los trabajadores.

Pero el gobierno no la tenía fácil, diversos sectores le exigían la normalización institucional. Al oficialismo le llegaron sendos planteos provenientes del fuerte sector militar, que quería quitar a Perón del medio. Luego de una importante marcha de toda la oposición, el 8 de octubre, el  día de su cumpleaños, Perón presentó la renuncia. Y es acá cuando aparece  la figura de Reyes.

A Perón lo llevaron detenido con débiles argumentos a Martín García, y lo alojaron en lo que hoy es la escuela de la isla. Ya sea parte de una maniobra o una actitud sincera, Perón amagó con dejar la vida pública e irse con Evita. Ella contactó a varios abogados para que presentasen un habeas corpus y lo dejasen ir.

Los primeros en reaccionar ante la detención fueron los obreros del Sindicato Autónomo de Obreros de la Carne, liderados por Cipriano Reyes. Su objetivo era movilizar gente al Hospital Militar y forzar la liberación de Perón.

"Hay que sacar a toda la gente a la calle. Si mañana Perón está en el hospital militar, tendremos que ir a buscarlo allí", tal como reproduce Hugo Gambini en su libro Historia del Peronismo.

En la mañana del 16, Reyes dijo que "una marcha a Buenos Aires, eso es lo que necesitamos". A la tarde de ese día, los obreros liderados por Reyes se convocaron en la esquina de Montevideo y Callao, en el Barrio San Carlos, de Berisso. Si bien fueron dispersos por la policía, quisieron llegar a la destilería de YPF en Ensenada para comprometer a los obreros petroleros. Mientras tanto Reyes, en Avellaneda, impedía la entrada de los obreros al frigorífico Wilson y a la fábrica Siam Di Tella.

Reyes movilizó su sindicato en oposición al presidente de la Federación Obrera de la Carne, liderada por el comunista José Peter, quien hablaba de "bandas armadas extrañas a los obreros de los frigoríficos y encabezados por Cipriano Reyes…". El enfrentamiento ya no era puramente verbal. Dos días antes se habían tiroteado, en el centro de Ensenada, pegadores de carteles de Peter y de Reyes. En uno de ellos, resultaría muerto Doralio, uno de los hermanos de Cipriano, consolidándose allí su vínculo con Perón.

Reyes tomó conciencia que, con un poco más de organización, el objetivo de llegar a Plaza de Mayo era viable, más aún cuando comprobaron que la policía relajaba la vigilancia y hasta algunos agentes miraban este movimiento con simpatía. Otros sindicatos se les unieron. La voz comenzó a correr. "Los que están con Perón que se vengan al montón", coreaban.

Algunos lograron cruzar antes de que los puentes fueran levantados; otros lo hicieron en barcazas y los más arriesgados ganaron la otra orilla nadando en las aguas pestilentes. Luego en un día de calor húmedo, los manifestantes refrescándose en las fuentes de la plaza y a última hora Perón apareciendo triunfante en el balcón. Para Perón era la coronación de su poder. Pero para Cipriano representaría el inicio de su calvario.

Reyes y otros dirigentes sindicales habían fundado en 1945 el Partido Laborista para apoyar la candidatura de Perón a presidente. En las elecciones de febrero de 1946 este partido arrasó en las provincias de Buenos Aires y Tucumán, y en distritos como Avellaneda y La Matanza.

Reyes fue electo diputado y se sentía importante: había iniciado la movilización del 17 de octubre y su partido le había dado un caudal electoral importante a Perón. Cipriano quería hacer valer esos votos.

Pero el líder justicialista tenía sus propios planes. En mayo anunció la disolución de los partidos que lo habían apoyado y la creación del Partido Único de la Revolución Nacional.

Cuando se conoció la decisión del presidente electo (Perón asumiría el 4 de junio) Cipriano Reyes no acató la orden. "Los trabajadores no podemos ser parte de ninguna aventura personalista", protestaba.

Reyes se propuso resistir en la Capital Federal y provincia de Buenos Aires, donde su partido era fuerte. Se lo tentó con la presidencia de la Cámara de Diputados a cambio de que desistiera, cargo que no aceptó.

Al cumplirse el primer aniversario del 17 de octubre la crisis llegó a un punto límite. Mientras el oficialismo organizaba una concentración en la Plaza de Mayo y un baile popular en la avenida 9 de Julio, Cipriano y sus seguidores realizaron dos actos, uno frente al Congreso Nacional y otro en la ciudad de La Plata. Entonces, Reyes echó más nafta al fuego cuando expresó que "aspiramos a una democracia integral, sin amos ni caudillejos".

A Reyes le hicieron la vida imposible. Sufrió diversos atentados, siendo el más trágico el que ocurrió el 4 de julio de 1947 cuando balearon al taxi donde se movilizaba; el conductor falleció y él terminó herido. Y mientras su fuerza política mermaba día a día, desde Presidencia se anunciaba que el Partido Único de la Revolución Nacional se llamaría Partido Peronista.

En 1948 -cuando Perón ordenó disolver el Partido Laborista- un Reyes carente de apoyos políticos, fue finalmente detenido junto a otros dirigentes.

Lo acusaron de planear el asesinato de Perón y su esposa el 12 de octubre, en una velada a la que asistirían en el Teatro Colón. Con el rótulo de traidor al movimiento, se anunció su detención con grandes títulos en los diarios oficialistas y en las radios.

Perón, desde el balcón de la Casa Rosada acusó que "tres grupos de traidores pagados por el oro extranjero desean mi muerte". Uno de ellos era el de Reyes.

Reyes sería liberado en 1955 cuando la Revolución Libertadora lo indultó. El diputado peronista Eduardo Colom admitiría años más tarde: "La verdad es que Perón lo mantuvo preso porque le tenía miedo. Cipriano había jurado matarlo y le sobraban agallas como para hacerlo".

Reyes también dio pelea: reorganizó el Partido Laborista, aunque no tuvo la relevancia política de antes.

Falleció el 1 de agosto de 2001. Hasta último momento sostuvo: "Al 17 de octubre lo hice yo". Cipriano Reyes tuvo una singular trayectoria al lado del General, pero su postura era un tanto difícil de encasillar.

 

*Alumna de segundo año de la Escuela de Comunicación de Perfil.

por Liliana Chimenti*

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