El ámbito educativo vuelve a quedar en el centro del debate público tras un episodio de tensión ideológica en la Escuela Yapeyú, situada en la localidad de Alejandro Korn. Un video, registrado por los propios estudiantes dentro del aula, expuso un intercambio que reabre la controversia sobre los límites de la intervención política en los establecimientos escolares y el rol de la figura docente frente al alumnado.
En el material audiovisual, que adquirió una rápida trascendencia en plataformas digitales, se observa al profesor interpelar directamente a la clase: "¿Ustedes piensan que Javier Milei es racista?". Ante la respuesta negativa de los alumnos, el docente apeló al sarcasmo para desestimar la opinión de los jóvenes: "Si Milei no es racista, yo soy super-alto", sentenció, subrayando su posición personal ante la mirada de los adolescentes.
La denuncia de Eduardo Feinmann
La secuencia captó de inmediato la atención de Eduardo Feinmann. El periodista, quien sostiene una postura crítica histórica frente a las estructuras gremiales y pedagógicas vinculadas al kirchnerismo, utilizó su cuenta de X para manifestar su repudio. Con un mensaje tajante —"asco dan esos profesores"—, Feinmann no solo cuestionó el accionar del maestro, sino que lo señaló como un exponente de una práctica que considera sistemática dentro del sistema educativo bonaerense.
Para el conductor, este tipo de episodios no representan una instancia de debate académico, sino una muestra de hostigamiento ideológico. La crítica se centra en la asimetría de poder: un docente utilizando su autoridad para invalidar la percepción de los estudiantes y forzar una conclusión política predeterminada.

El debate sobre el adoctrinamiento escolar
Este incidente en Alejandro Korn se inscribe en una problemática persistente que el actual Gobierno ha definido como adoctrinamiento escolar. Desde esta perspectiva, la escuela pública y privada ha sido permeable a la introducción de consignas partidarias que sustituyen el pensamiento crítico por la obediencia doctrinaria.
El cuestionamiento principal radica en si el docente debe actuar como un facilitador de herramientas de análisis o como un emisor de juicios de valor definitivos sobre figuras institucionales, como es el caso del Presidente de la Nación. El uso de la ironía para ridiculizar el punto de vista de los alumnos es interpretado por sectores de la sociedad como una vulneración del derecho de los menores a recibir una educación plural y objetiva.
En un contexto de extrema sensibilidad política, la viralización de estas conductas actúa como un mecanismo de control social. La denuncia pública de figuras como Feinmann pone en relieve la creciente intolerancia hacia la utilización de las instituciones educativas como plataformas de militancia, instalando la necesidad de marcos regulatorios más estrictos que preserven la neutralidad del aula.

















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