POLíTICA | 09-03-2021 15:50

El plan de Sergio Massa: ser el contrapeso electoral de Cristina Kirchner

Con Alberto radicalizado, la idea oficial es que el presidente de la Cámara se haga cargo del centro del espacio. Cena con la vice en Tigre y paddle con Fernández.

Cristina Kirchner suele jugar poco de visitante. Acostumbrada a las altitudes del Olimpo político en el que vive, ese en el que ni siquiera se necesita usar barbijo, prefiere recibir visitas -siempre selectas- en su departamento en Recoleta o, las más íntimas, directamente en su residencia en el Sur. Por eso fue toda una novedad cuando la vicepresidenta, que rara vez viaja a la Quinta de Olivos, se tomó la molestia de cruzar la Ciudad para irse hasta Tigre. Pero esa no fue la única sorpresa: la pareja de anfitriones, que tiene como regla histórica evitar compartir mitines para mantener separados los asuntos domésticos de los profesionales, abrió su quincho para compartir en conjunto una cena en familia. Ese encuentro en la noche del domingo 7 de febrero entre los Massa, CFK, Máximo y “Wado” De Pedro no solo confirma que el deshielo de las relaciones está consumado -aunque es más que probable que lo que los una sea algo distinto al amor- sino que además da cuenta de un cambio profundo en las capas tectónicas del Frente de Todos que esta semana se empezó a materializar.

Es dentro de esta lógica del reacomodo de las piezas principales del espacio, charlada explícitamente en la tercera (desde que son Gobierno) y última visita de la vicepresidenta a lo de los Massa, que hay que leer el discurso combativo que dio Alberto Fernández en el Congreso el 1 de marzo. Es también en esa línea que hay que entender que al líder del Frente Renovador le hayan dado vía libre para quedarse con el valioso trofeo por el proyecto de ley de Ganancias, hecho que, en tiempos de vacas flacas para el Gobierno, llamó la atención a propios y extraños. Es que parece haber fumata blanca entre los popes de la coalición: Massa será el cazador de la huidiza clase media o, dicho de otro modo, el contrapeso de CFK como oferta electoral, el lugar que hasta hace no tanto ocupaba Alberto pero que ahora, por decisión propia o ajena, planea ceder. Pero dar un volantazo tan pronunciado con las elecciones cada vez más cerca no será fácil.

Tantos. Quizás en esto ya estaba pensando Fernández en el segundo fin de semana de enero, cuando le envió un mensaje a Massa para invitarlo a Chapadmalal. El Presidente de la Cámara ya tenía las valijas listas para irse a Pinamar, su histórico lugar de descanso en donde lo esperaba su familia, pero la oferta era de esas que en política no se deben rechazar. Además, el convite incluía, explícitamente, un desafío de paddle en la residencia presidencial. Después del encuentro deportivo Massa desplegó su mejor herramienta, que no es la raqueta: en un par de horas había convencido al Presidente de la necesidad de avanzar rápidamente con los cambios en Ganancias, que le darían un alivio a la golpeada clase media, esa que parece estar escabulléndose de las orillas del FDT.

Al menos así recuerdan la anécdota en los pasillos del Congreso en donde reina el massismo. Desde Olivos dan una visión ligeramente distinta pero que explica parte de los hechos que se descadenaron desde entonces y que posicionan a Alberto en una posición menos pasiva de la que se suele ocupar. En el albertismo sugieren que Massa encontró un oído predispuesto, y una mano amiga que le entregó en bandeja un importante triunfo -quizá, luego de que hasta las vacunas se hayan manchado, el más significativo de este gobierno-, porque justamente el Presidente así lo pretendía. Es que, dicen cerca del primer mandatario, Alberto veía “desinflada” la figura del tigrense y, entendiendo que Massa es un aliado crucial, buscó darle oxígeno político. Sería, además, una jugada por partida doble: al darle aire al Frente Renovador, el Presidente se lo brinda a la pata no cristinista de la coalición, lo que podría interpretarse como que Fernández se intuba a sí mismo.

Esto es, para varios cerebros de la coalición, lo que hizo el Presidente el 1 de marzo. Mostrarse más combativo con la oposición, la Justicia y los medios no es necesariamente ceder el mando al cristinismo, sino, dicen, exactamente lo contrario: entienden que para liderar la amplia coalición Alberto tiene que acercarse más al pensamiento promedio del Frente, que, en proporción, está más compuesto de cuadros -y de votos- K que de otros espacios del peronismo. La fórmula de alejarse del Alberto modelo 2020, el de la unidad y el diálogo, para reconvertirse en este nuevo modelo más agrietado es una apuesta arriesgada.

Al Frente. Lo sabe bien Massa, que de esto habló con CFK y también con Alberto, ya que es él quien tendrá que ponerse la capa que deja Fernández y seducir, casi en soledad, al voto blando. De salirle bien, como promete ser el resultado con Ganancias, su figura resaltará entre la fauna del oficialismo y lo acercará a su eterno deseo presidencial -sueño que le ha comentado sin tapujos al Presidente, siempre aclarando que eso sólo sucedería si Alberto decide no jugar en el 2023-, pero la moneda puede caer perfectamente del otro lado y enredarlo en contiendas en las que no cree y que tampoco le convienen.

Dos ejemplos de los últimos días: cuando, a un metro suyo en el Congreso, el Presidente cargó con dureza contra el fiscal Carlos Stornelli -compañero de carpa en los veranos pinamarenses de Massa, que lo ha defendido en público en más de una ocasión-, o también la incómoda propuesta de Oscar Parrilli de que presida una Comisión Bicameral para investigar a los jueces, por no mencionar la demorada reforma judicial que espera ser aprobada en Diputados, el reino del tigrense.

Es un camino pantanoso. Si bien el corrimiento de Alberto le deja liberado el camino del centro, él es parte de ese Frente que muestra cada vez más los dientes y es difícil que la suerte de uno no repercuta sobre el otro. Massa piensa que avivar la grieta, agitar internas o cargar contra la Justicia son errores políticos del oficialismo, pero por ahora no tiene mucha más opción que seguir la ola. Quizás en un próximo asado en su quincho pueda convencer a CFK de lo contrario.

Malena. El 2020 fue movido para los Massa. Por primera vez desde que son padres a ambos les tocó asumir cargos de primer nivel: Sergio en Diputados y Malena en Aysa, lo que los alejó, como nunca antes, de la vida familiar. El 2021 promete ser igual de ajetradro, o incluso más: mientras que el presidente de Diputados se postula como uno de los arietes electorales del Frente de Todos, e intercede en el armado de listas en lugares tan alejados del Congreso como Córdoba, a Malena la están sondeando y varios la imaginan integrando o encabezando una lista en la provincia de Buenos Aires para las elecciones de este año.

Desde el massismo, por ahora, esconden las cartas y aseguran que ella se postulará solo si realmente lo cree y si el Frente así lo necesita. No sería descabellado: si bien hace años está en política, en el 2020 la titular de Aysa tuvo gran despliegue en temas como la legalización del aborto. Pero también hay noticias que cayeron pesado en la familia: la difusión de que Fernando Galmarini y Marcela Durrieu, sus padres, se vacunaron antes de tiempo provocó un tsunami puertas para adentro, de la misma manera en que golpeó la dosis que recibió Alfonso Massa, el padre de Sergio.

 

 

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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