Martes 7 de abril, 2020

POLíTICA | 19-03-2020 18:07

El regreso mediático (y al país) de Flor K

Las razones de su reaparición y los consejos que da en medio de la pandemia. La relación con su madre.

Todos los que hablaron con Cristina Kirchner antes de que ella emprendiera un nuevo viaje a Cuba comparten la misma impresión: la vicepresidenta viajó hasta la isla caribeña con la ilusión de regresar al país de la mano de su hija. Qué la décima travesía sea, en este caso, la vencida. No es la primera vez que ella vuela con esa idea, pero el estado cada vez mejor de Florencia alimenta sus esperanzas. Dicen que sabe que es difícil, y que los médicos que atienden a la menor de los Kirchner todavía no recomiendan que emprenda el regreso, pero, al fin y al cabo, CFK es madre. Prefiere soñar. Y lo logró: "En unas horas más, regresaré a Buenos Aires en el vuelo semanal de Cubana de Aviación con mi hija Florencia. Ella junto a sus médicos y sus médicas, lograron restablecer parte de su salud perdida y hace un tiempo vienen trabajando su regreso a casa. Pero ya se sabe, nada es tan sencillo. Por eso Flor me pidió que la venga a buscar para ayudarla… sentía que sola no iba a poder", dijo en su cuenta de Twitter en la mañana del viernes 20.

La ex presidenta viajó el lunes 16 a primera hora hacia el país de los Castro, en un vuelo regular de la aerolínea Cubana de Aviación. Llegó apenas entrada la tarde, cuando ya todo el mundo, incluso el país que cogobierna, se paralizaba por el Coronavirus y sus complejas consecuencias. Cristina Kirchner se expuso para ir a visitar a su hija, ya que está dentro del grupo de riesgo por la pandemia. Aunque, al momento del cierre de la edición, Cuba sólo tenía nueve casos confirmados y sólo un muerto, podría ser un peligro para la vicepresidenta, que tiene 67 años recién cumplidos. No sólo eso: CFK le solicitó a la Justicia poder ausentarse del país hasta el 22 de  marzo, y la gran duda que persiste sobre la travesía es qué tan difícil le será volver a Argentina. “Era un viaje que tenía programado desde hace tiempo, era complejo para cancelar”, explican cerca de Cristina.

En Cuba, la vicepresidenta transcurrió sus días junto a Florencia en el complejo de viviendas ubicado en los alrededores del Centro de Investigaciones Médicas Quirúrgicas (Cimeq), donde la joven cineasta estuvo recluida desde febrero de 2019. A pesar de que esta semana se encuentró abocada a su rol de madre, sigue de cerca la crisis que persigue al mundo: con Alberto Fernández habla todos los días, varias veces por día. “Ella me ayuda mucho porque tuvo en su momento el caso de la influenza y de la gripe A y vivió una situación parecida. Me trajo todos los antecedentes de las medidas de aquel entonces y la escuché con mucha atención porque ella ya lo vivió”, contó el Presidente en una entrevista radial en estos días.

Flor K

Sangre de mi sangre. Hasta Florencia opinó del tema que paraliza al mundo. “A veces la obligación a la vida social nos hace creer que si los planes no son fuera de una casa o en ámbitos extremadamente poblados nos estamos perdiendo la vida. Los últimos años los pasé más en una habitación que hablando con gente, más en reuniones clandestinas que en las fiestas a las que iba todo el mundo. Esto es personal, claro, pero lo que sucede ahora es social. Desde acá también tomo las medidas de salud, porque sé que te podés enfermar fuerte. Ya hace bastante lo sé, inclusive sin una pandemia. No nos cuesta nada ser socialmente responsables: no hay que ser paranoicos, hay que ser responsables”, escribió en uno de sus últimos posteos en su cuenta de Instagram.

La publicación, en la que da consejos para prevenir el Coronavirus, entra en la lógica del nuevo perfil de la hija de Cristina Kirchner. Desde que ella se recluyó en Cuba, producto de una grave depresión, sumada a ataques de pánico y la pérdida de peso, estaba envuelta en un silencio absoluto: tanto ella como su entorno preferían el perfil bajísimo. Eran momentos delicados:  según el último parte médico que se envió desde Cuba al Tribunal Oral Federal N°5, donde se tramitan las causas “Hotesur” y “Los Sauces” -en las está procesada por supuesta asociación ilícita y supuesto lavado de dinero-, ella sufría trastorno de estrés postraumático, síndrome purpúrico, un padecimiento que genera manchas en la piel; una polineuropatía sensitiva desmielinizante, un trastorno neurológico del cual no se sabe su origen; y amenorrea, que significa ausencia de menstruación y suele estar asociada a trastornos alimentarios.

Desde aquel entonces, íntimos de Cristina Kirchner mantenían una explicación unicausal para todos estos males: la culpa de las enfermedades que aquejaban a Florencia eran del gobierno de Mauricio Macri, que en su incesante persecución judicial de la ex presidenta también había osado ir contra sus hijos, incluso contra la que no se dedicaba a la política. Es un razonamiento que continúa hasta el día de hoy, y que repiten incluso altos miembros del gobierno de Fernández. “El hijo de puta de Macri le hizo esto”, dice un ministro, sin sutilezas.

Si esto fuera verdad, quizás explicaría la otra cara de la moneda: si Macri y los suyos enfermaron a la cineasta y empeoraron su condición física, la derrota de ellos y el despoder al que quedaron relegados solo podría traerle una mejor salud. Sobre todo, si la que triunfó en las últimas elecciones fue su madre. Tal vez sea una lectura demasiado lineal, pero lo cierto es que hoy Florencia Kirchner está lejos de ser la misma que llegó a Cuba a principios del 2019 y que, hasta ahora, jamás salió.

Esa mejoría física, que le impacta también en su mejor humor, se evidenció desde que se creó una cuenta en Instagram. Su primer posteo es del 10 de febrero de este año, y al día siguiente le seguiría una foto junto a su madre, la primera vez que mostraba el rostro desde que había llegado a Cuba. Esa imagen  pronto se viralizaría en las redes, e incluso Enrique “Pepe” Albistur, ex secretario de Medios K, la mandaría a imprimir para adornar las paredes del bar del diputado Eduardo Valdés, cuando le festejaron el cumpleaños 67 a CFK, días después de la visita a su hija.

Desde aquel encuentro, Florencia Kirchner no dejaría de subir el perfil, algo que no sólo no había hecho en estos años sino a lo que también le había escapado cuando sus padres gobernaban el país. Los libros que ella lee o recomienda son la base de las treinta publicaciones que lleva, hasta ahora, su cuenta, y que suelen referirse a su condición. “De la enfermedad”, texto de la escritora británica Virginia Woolf, una de las figuras del feminismo anglosajón de mitades del siglo XX, fue el primero que compartió. “Nosotros (los enfermos) flotamos con las ramitas en la corriente, revueltos con las hojas muertas en el prado, irresponsables e indiferentes”, dice uno de los extractos que compartió. Va en sintonía con su siguiente recomendación, “Los montes de la loca”, de la poeta argentina Marisa Wagner, una mujer que también tuvo problemas con su salud mental y que incluso transitó varios hospitales psiquiátricos. “Nos habla desde adentro, de la vida entre paredes. Como cuando nos dice que hace 731 días que no ve amigos, no tiene sexo, no va al cine. Poetizaba estas circunstancias de existencia”, comentó Flor K.

Además de los textos -también recomendó trabajos de Jamaica Kincaid, de la isla de Antigua, de la activista femenista June Jordan, de la periodista austríaca Maxie Wander, entre otros-, la hija de CFK empezó a mostrarse para las fotos. Posó en un auto verde con el pañuelo del aborto, acostada sobre el pasto, con un gran sombrero, e incluso con un amigo. También se animó  a hacer algo que hasta entonces evitaba: subir imágenes de sus familiares. “Te quiero, te extraño”, escribió, junto a un video donde se ve a su hermano (ver recuadro) en un acto político. También mostró una vieja foto, inédita, de su padre, que, de joven, tomaba un mate. En los últimos días rompió otra barrera. Subió un video de su hija, Helena, jugando con su bicicleta en la casa de Camilo Vaca Narvaja, padre de la niña y ahora funcionario del gobierno, y también un audio de ella: “Estamos encerrados por lo del Coronavirus, con papá y los abuelos”, decía la niña, divertida, en un mensaje que le envió su padre a la cineasta  por Telegram. Es la nueva Flor K, que, ahora vuelve al país.

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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