El flamante jefe de Gabinete lo sufrió en carne propia. Como tantos otros ministros, Diego Santilli estuvo en la mira de Javier Milei cuando sólo era un tuitero furioso. Hoy lo llena de elogios, pero hace algunos años atrás, consideraba que debía explicar “cómo lleva el nivel de vida que tiene”. Todo pasa.
El archivo contra Santilli no es una novedad. El Presidente acumuló insultos contra gran parte de su primera línea de Gobierno. Lo evidencian los tuits agresivos contra Victoria Villarruel, Patricia Bullrich o Luis Caputo. Casi que podría ser un requisito: para ser elegido por Milei, antes tiene que haberte ofendido.
Sin respuestas. Los políticos tienen una condición especial. Las ofensas duran poco y las críticas se revierten con el paso del tiempo. Ni siquiera es necesario pedir perdón. Es por eso que Santilli nunca le reprochó a Milei por cómo lo denostaba cuando no era un aliado libertario.
De hecho, hoy el jefe de Gabinete tiene los pergaminos suficientes como para ser elegido como candidato a gobernador de La Libertad Avanza y el PRO en la provincia de Buenos Aires para el 2027. Los tiene desde que en 2025 reemplazó a José Luis Espert y le ganó la elección al peronismo. Allí Milei ya lo consideraba un “re candidato”. No es lo mismo que pensaba el economista libertario en 2023, cuando lo definió como un “candidato horrible” y “un engendro”.
Un cambio de consideraciones similar tuvo el Presidente con su nuevo vocero, Adrián Ravier. “Él es un liberal y hemos tenido nuestros fuertes debates”, intentó explicar Milei en una entrevista con Majul, luego de poner en funciones al portavoz. “Yo siempre tuve opiniones fuertes. Hay que aprender que lo que se debaten son ideas”, agregó.
Pero el archivo lo condena: los tuits contra Ravier tenían mucho más que debates de ideas. “Ravier carece de velocidad mental para ser parte de una discusión en televisión. Es lento y poco formado”, lo provocaba años atrás. “Ravier no es rival. Es muy pobre en su matemática”, decía en ese tiempo. Lo calificaba, entre otras cosas, de “imbécil total”. Cambió de opinión.
Ahora el vocero considera que no quedaron rencores. De hecho, en una entrevista con Eduardo Feinmann se autoflageló: “El Presidente reaccionó respondiéndome porque se sintió atacado. Hubo un conflicto en el que yo me metí de afuera. Le dije que había sido un irrespetuoso y bueno, me contestó. Eso inició una pelea que quedó lamentablemente guardada en las redes, porque sino sería olvidada”. Para Ravier fueron conflictos que quedaron “totalmente superados para ambos”. Hicieron las pases de tal manera que terminaron por escribir un libro juntos: La batalla de la macroeconomía, un trabajo que se publicó este año.
En la disputa por redes, que se dio principalmente durante el 2020, Milei y Ravier se acusaban mutuamente de macristas. “Dice Milei que fui oficinista de Macri. Jamás pisé sus oficinas”, lo desmentía el actual portavoz. Y agregaba: “Defendí a Macri desde afuera cuando entendí que su propuesta era superior que la alternativa. Milei sí se sentó con Sturzenegger, responsable técnico del fracaso. También se sentó con la gente de Alberto. Ignorado siempre”. El polémico tuit ya no está disponible.
Paradoja del destino, seis años más tarde, los economistas libertarios que se criticaban por la presunta cercanía con el PRO terminarían compartiendo Gabinete con muchos de los funcionarios que denostaban.
Furia. Lo de Santilli y Ravier no es una anomalía. Milei descargaba su ira contra otros dirigentes políticos a los que luego les aplicó la tábula rasa.
A Patricia Bullrich le tiró con una fuerte acusación. “Era una montonera tirabombas”, llegó a acusarla en 2023, cuando competían por la presidencia. “Ha puesto bombas en jardines de infantes, participaba de una organización terrorista”, completó ese día en una entrevista televisiva. La senadora libertaria lo denunció penalmente por tamaña imputación: “No vale todo por un voto en la vida. Debemos competir sin mentir”, protestó quien luego sería su ministra de Seguridad. La demanda quedó en el olvido.
Otro funcionario con el que fingió demencia fue con Luis Caputo, a quien ahora considera “el mejor ministro de Economía de toda la historia argentina”. Cuando era un panelista de tevé, Milei acusaba a “Toto” de ser responsable de la crisis económica del macrismo, de "fumarse 15 mil millones de dólares de reservas” y de armar “este despiole de las Leliq”.
Con Victoria Villarruel lo que cambió fueron los tiempos de la furia tuitera: a los demás los criticó previamente a convertirse en Presidente. Con su vice fue al revés. Los cruces aparecieron tras haber ganado las elecciones.
El Presidente le dijo a su compañera de fórmula “bruta traidora”, “burra” y “populista”, entre otras cosas. La inculpó por “cranear” operaciones en su contra “desde que entramos al Congreso”, es decir desde 2021, cuando eran sólo dos diputados de La Libertad Avanza.
De hecho, en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso de este año, el Presidente la acusó, sin nombrarla, de haber formado parte de un plan para derrocarlo.
Villarruel le responde. Con críticas al Gobierno e ironías en Twitter, la vice parece, por momentos, la primera opositora libertaria.
El último desplante fue el 20 de junio. Presidencia no invitó a Villarruel a participar del acto del Día de la bandera, pero ella fue igual a Rosario. En represalia, la vice cantó el himno de espaldas a Milei.
Algunos amigos del Presidente, que lo conocen desde antes de que entrara en la función pública, coinciden en la lógica binaria, casi infantil, que tiene Milei con respecto a sus relaciones. Apenas por una opinión contraria puede pasar de considerarlos amigos a enemigos. Le pasó a varios. Pero con la misma lógica, es capaz de olvidar mágicamente broncas del pasado: esa es la explicación de cómo puede incluir en su Gabinete a dirigentes a los que acusó de imbéciles, brutos e, incluso, corruptos.















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