Monday 28 de September, 2026

POLíTICA | Hoy 16:36

La crisis en Olivos: intimidad de la casta lumpen

El último escándalo de corrupción en la Quinta enfrentó a los Milei por un entorno trepador y oportunista. El Presidente logró echar a funcionarios de la hermana y Karina perdió así a Belén Agudiez, su amiga esotérica. Gritos y militarización. La paranoia desatada por un perro intoxicado y el miedo a que lo envenenen a él.

A comienzos de la década del 2010, Javier y Karina Milei estuvieron un largo tiempo, un año o más, sin dirigirse la palabra. El mayor de la familia se había convencido de que el padre de ambos, el tiránico Norberto, le había robado dinero, y cuando su hermana intentó defenderlo, el vínculo estalló. “Sos una traidora”, le gritó el libertario. Los pocos amigos que tenía en aquel momento intentaron durante todo el lapso que duró esa pelea fraticida recomponer la relación. Eventualmente lo lograron y cerraron lo que fue el primer gran conflicto entre ambos.

Para encontrar otra riña de este calibre entre los Milei hay que adelantar mucho el reloj. Fue en agosto de 2023. Prácticamente nadie se enteró, con un país conmocionado por la entonces inesperada victoria de La Libertad Avanza en las primarias, pero Karina pasó más de un mes sin dirigirle la palabra al hermano. Había hecho algo que ella consideró imperdonable: blanquear un noviazgo -que ella ni siquiera sabía que existía- ante todo el mundo, en el discurso en la noche de la elección. La líder del partido no sólo cortó la comunicación sino que incluso desapareció por completo de la campaña. El reloj electoral y las distintas obligaciones -más el operativo demolición que arrancó desde el primer minuto contra Fátima Flórez- la terminaron acercando de nuevo a su hermano.

El vínculo, entonces, está lejos de ser armónico. Es simbiótico y hasta parecer ser indestructible, pero los desacuerdos, que muchas veces escalan a gritos y palabras fuertes, son parte de la rutina. Incluso, como se acaba de contar, hay períodos donde el enojo llega al punto tal de desconocerse. Sin embargo, lo que sucedió en los últimos días a raíz del Olivosgate es una novedad en toda regla en esa relación.

Primero porque es la primera vez que se pelean a este nivel desde que son Gobierno. Pero también porque nunca antes el Presidente había logrado imponerse con tanta contundencia frente a su hermana. Siempre había sido al revés: cuando ella marcaba a un funcionario cercano al libertario, más temprano que tarde este terminaba eyectado. Esta vez el economista logró cargarse a Belén Agudiez, la persona más cercana a la menor de la familia de todo el organigrama estatal, en tan sólo unos días. El cruce, cuentan desde Olivos, fue furioso.

Esto, que a primera vista podría parecer tan sólo una escena más del disfuncional vínculo entre dos hermanos disfuncionales, se convirtió en un asunto de Estado. Y todo estalló por compras de carne picada, pollos congelados, la intoxicación de un perro y las paranoias del libertario. Son todas postales de la casta lumpen.

Okupas. En 1852, Karl Marx publicó “El 18 brumario de Luis Bonaparte”, el libro que sería célebre -además de por su primera línea- por definir el concepto del “lumpenproletariado”. La idea central del texto es que, en momentos de crisis del capitalismo, las clases dominantes no necesitan poner a uno de los suyos al poder, sino que pueden salvar su lugar empoderando a marginales. “Junto a libertinos arruinados, con equívocos medios de vida y de equívoca procedencia, junto a vástagos degenerados y aventureros de la burguesía, vagabundos, presidiarios, timadores, saltimbanquis, carteristas, rateros, jugadores, alcahuetes, dueños de burdeles, mendigos; este Bonaparte, que se erige en jefe del lumpemproletariado, que sólo en este encuentra reproducidos en masa los intereses que él personalmente persigue, que reconoce en esta hez, desecho y escoria de todas las clases la única clase en la que puede apoyarse sin reservas, es el auténtico Bonaparte”, dice Marx. Y si pudiera ver lo que está pasando en Olivos probablemente se sentiría ratificado. Ni que hablar de si pudiera estudiar el caso de Agudiez.

Hasta ganarse la confianza de Karina Milei, ella era una trabajadora más del conurbano profundo, que había tenido que conseguir su primer empleo a los 17 años y que vívía en un monoambiente junto a cinco gatos. Para cuando entró en la órbita de la menor de la familia vendía muñecos que tejía al crochet, productos de decoración y aromatizadores, en un emprendimiento virtual al que llamó “Manada Crochet”, a lo que le sumaba clases de apoyo a chicos de colegio primario cuando los números no cerraban. En 2019 conoció a Ramiro Marra y empezó a trabajar para él: desde atender el teléfono en su estudio a lavar los platos.

Por toda esta experiencia de vida es que quienes la trataron la consideran “viva”. Esa cancha se notó cuando tuvo un minuto a solas con Karina. Ocurrió en el 2022: Agudiez, que se jactaba de hacer muñecos vudú y saber el arte del tarot, olfateó la vocación esotérica de la hermanísima y le contó, en un evento social, que ella podía ver el futuro a través de la lectura de manos. Y tocó la fibra que tenía que tocar: “Javier está destinado a ser Presidente”, le dijo, y a partir de entonces empezaría a ser llamada “la brujita” en el mundo libertario. Desde entonces ambas se hicieron inseparables.

Cuando llegó a la Casa Rosada, Karina la nombró subsecretaria de Planificación, dentro de la Secretaría general. La declaración jurada que presentó en el arranque de 2024, recién llegada al cargo, vuelve a traer aquel concepto de Marx: Agudiez declaró tener $8.861 divididos en cuatro cajas de ahorro y $35.000 en efectivo. Ni un inmueble, ni siquiera un auto, tan sólo $43.000.

Su puesto le dio varios atributos. Uno fue acompañar a sol y sombra a Karina. Con ella compartían desde tiradas de cartas de tarot a las pruebas de vestuario para los eventos sociales o políticos de la hermanísima. De lo que se podría denominar el “karinismo”, ese grupo reducido en donde están los Menem y antes Manuel Adorni, era Agudiez la persona más cercana. De hecho, tanta confianza le tenía que le dio total potestad para nombrar a la gente que quisiera en su subsecretaría y también en otros lugares. Uno, central para esta historia, fue la Quinta de Olivos.

Laberinto. A Javier Sosa lo llamaban, a sus espaldas, “Primero de mayo”, apodo que se había ganado por su poca afición al trabajo. Es la pareja de Analía Agudiez, hermana de Belén. La ahora ex funcionaria lo había colocado como intendente de la Quinta de Olivos ni bien comenzó la gestión, a la vez que puso a Analía, que tiene una empresa de catering llamada “Pancitos Calientes”, al frente de la cocina de la residencia presidencial. Los tironeos con el inquilino del lugar empezaron rápido. Este medio contó el escándalo que se armó en febrero de 2024, cuando Fátima Florez quiso sorprender a su entonces novio por San Valentín pero este, paranoico, confundió los ruidos en su hogar con un intento de atentado.

Desde entonces los roces jamás frenaron. El anecdotario es profuso. Enojos reiterados del Presidente con la comida y sucesivas quejas por los usos que Sosa y su familia hacían de la Quinta. Es verdad que el intendente tiene un hogar dentro de Olivos, pero Milei más de una vez protestó ante su hermana porque “Primero de mayo” solía invitar a amigos y familiares a largas jornadas de esparcimiento. Hubo tres episodios que terminaron de dinamitar la situación.

El primero fue en agosto del año pasado. A Milei le cayó mal una comida y, fiel a su estilo, sospechó que lo habían intentado envenenar. Aunque los miedos del mandatario no parecen justificados, habría que ver la realidad desde su particular órbita: esa fue al menos la segunda vez que creyó que habían intentado atacarlo en su propio hogar. El segundo fue un caso similiar. Esta vez quien la pasó mal fue uno de sus perros, aunque ninguno de los clones de Conan: el que se intoxicó fue un can que adoptó, que le regaló una militante. Según las versiones dentro de Olivos, el animal estuvo muy cerca de morir o directamente pasó a mejor vida.

El golpe de gracia fue el escándalo que terminó con la Quinta militarizada y Agudiez fuera del Gobierno. El 21 de junio, Agustina Bordigoni publicó en Perfil una contratación que lanzó el Estado que contempablaba comprar 9.400 kilos de carne para la residencia presidencial para seis meses, y 20.800 kilos de frutas y verduras. El 28 de agosto, la misma periodista publicó que la Secretaría General había adjudicado una nueva compra de 19.455 kilos de frutas y verduras y 400 bandejas de hongos para Olivos. La primera licitación era de $408 millones entre ambos rubros -que incluía también 18.000 kilos de carne y 63.200 de kilos de frutas para la Rosada- y la segunda de $52 millones.

En el arranque de septiembre, estas compras cayeron bajo la lupa de la diputada Marcela Pagano. Ella venía siguiendo con lupa a Agudiez, ya que en mayo la había denunciado por la licitación que había ganado la jardinería de Olivos. Según esa impugnación, Franco Castelli, dueño de la empresa que ganó aquel contrato de $700 millones, era socio de Agudiez y, tal cual se lo preguntaba la diputada a la Justicia, tal vez sería familiar. La licitación de los alimentos despertó sus sospechas y las llevó a la Justicia: “Los 9.400 kilos de carne semestrales previstos equivalen a 18.800 kilos anuales, es decir, al consumo anual de unos 400 argentinos al nivel actual de 46 kilos por habitante. Los 20.800 kilos semestrales de frutas y verduras equivalen al consumo anual de unas 570 personas (sobre la base de 73 kilos anuales por habitante, último registro oficial disponible); y la contratación de agosto, si se agota al mismo ritmo que la anterior, supera el consumo anual de 700 personas”, dice la denuncia. En criollo, la presentación planteaba que los volúmenes adquiridos no cerraban con la cantidad de personas que circulan por Olivos, algo que el Gobierno se había negado a contestar ya para la primera nota de Perfil. Según los que conocen la Quinta, no habitan mucho más de 20 personas. La sospecha que presentó Pagano es que el excedente de alimento se destinaba al catering de la hermana de Agudiez. Y adjuntó algunas pruebas escandalosas: una póliza de seguro de mitad del 2024 donde entre los empleados de “Pancitos Calientes” estaba Sosa -algo incompatible con su cargo-, para trabajar en un evento organizado por Foggia Group, la empresa de Mara Gorini. Esta última es una asesora de Karina, que, al igual que Santiago Caputo, figura sin cargo oficial. Su compañía es la misma que pagó $55 millones por los servicios de coaching de Bettina Angeletti, la esposa de Adorni. Todo tiene que ver con todo.

Crisis. En algún tramo del camino que todos los expedientes recorren en la Justicia, alguien alertó a Milei. Y ahí ardió Troya. Si bien el escándalo vio la luz cuando el Gobierno confirmó la decisión de “militarizar” Olivos, el lío entre los hermanos venía desde antes. Y los que conocen esa intimidad aseguran que el objetivo del libertario siempre fue desplazar a Agudiez, a quien sabía la jefa de Sosa.

El jueves 17 se conoció el despido de Sosa y de otros 14 trabajadores de la Quinta, que finalmente fueron relocalizados luego de la presión sindical. Desde ese momento hasta el lunes 20, en que se conoció la renuncia de Agudiez, los hermanos Milei protagonizaron una pulseada furiosa por la continuidad de “la brujita”. Ese día, el mismo en que partía el Presidente a Estados Unidos, Karina se bajó sobre la hora del viaje. Fue una señal en toda regla de la crisis: es apenas la tercera vez que la secretaria general, otra persona que llegó al poder con “consumos postergados”, cancela una gira. Las otras dos veces habían sido por terremotos en el Gobierno, como la derrota electoral en la provincia de Buenos Aires o el estallido del caso Adorni.

La gran incógnita es cómo sigue este duelo fraternal. Hasta ahora, cada vez que los Milei tuvieron algún entredicho siempre terminaron arreglándose, una dinámica que solía incluir al mayor acercándose a la menor como un perro abandonado en la calle. Ya en el cargo, la secretaria general mostró otra rutina: cada vez que tuvo que sacrificar a algún alfil propio, logró cargarse a uno del otro bando. Esta vez los platos rotos los empezó a pagar Jonathan Salerno, histórico custodio personal del libertario, al que ahora le prohibieron los ingresos a Olivos. ¿Por dónde seguirá la razzia? Hay quienes imaginan también perdiendo su lugar a quienes nombró Agudiez, como su primo, Agustín Exposito, en los papeles director de Seguimiento, aunque en la práctica es quien se encarga del cuidado de los padres de los Milei y de pasear al perro de Karina, Thor. Mario Suli, el alter ego de Exposito que se encarga de los canes de Javier, por ahora sobrevive en su lugar.

Una vez más, los hermanos Milei vuelven a demostrar que sus biografías -y sus traumas- se convirtieron en razón de Estado. Habrá que ver cuál es el próximo capítulo de esta historia.

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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