lunes, febrero 24, 2020

POLíTICA | 17-01-2020 13:50

La hora del heredero: Santiago Cafiero, la sombra del nuevo poder

El insólito camino del nieto de Antonio: cómo se convirtió en mano derecha del Presidente. Librería en San Isidro, fans y recelos en el Gabinete.

Y a habían ganado las primarias e iban camino a vencer en las elecciones de octubre pasado. Santiago Cafiero cenó entonces con un grupo de empresarios y les admitió: “Necesitamos estabilizar las variables económicas en los primeros seis u ocho meses. El éxito de nuestra gestión se basa en revertir rápido la tendencia de caída”.

Sus interlocutores reflexionaron: si lo logra, nace el albertismo; si no, se los come crudos el kirchnerismo. Pero el nieto del histórico dirigente del peronismo Antonio Cafiero –aquel que fue ministro de Comercio Exterior de Juan Domingo Perón y gobernador bonaerense– reniega del concepto “albertismo” y asocia las suertes de Alberto Fernández y Cristina Kirchner. A los dos les va bien o ambos se derrumban. Aquellos empresarios quedaron bien impresionados por quien ya desde ese entonces sabía que iba a encabezar la Jefatura de Gabinete. Pero dudan del éxito de su gobierno.

El apellido y el look canchero constituyen para este politólogo de la UBA (ver Clases Magistrales en página 75) un arma de doble filo. Las dos condiciones probablemente lo ayudaron en su carrera política, pero también por ambas lo subestiman, como le sucedió a su padre, Juan Pablo Cafiero, “Juampi”, ministro de Desarrollo Social de la Alianza y embajador de CFK en el Vaticano, que actualmente se dedica a su estudio de abogados, sobre todo en temas sociales y de infancia.

Quizá sin ser un Cafiero, Santiago no hubiese llegado a los 40 años al que en teoría supone ser el segundo puesto más relevante del Poder Ejecutivo. Los máximos cargos que había alcanzado eran los de viceministro de Desarrollo Social y subsecretario de Industria y de Modernización en el gobierno bonaerense de Daniel Scioli, en paralelo con una banca en el Concejo Deliberante de San Isidro, la tierra gorila de los Cafiero. En ninguno de ellos había sobresalido.

Según fuentes cercanas al Grupo Callao, el círculo de una docena de dirigentes que creó Fernández en 2018 y cuya dirección encomendó al actual jefe de Gabinete, había otros que aspiraban a quedarse con su puesto y algunos creían que contaban con más pergaminos que él: Felipe Solá –terminó de canciller–, Guillermo Nielsen –tampoco quedó como ministro de Economía sino como presidente de YPF–, Fernando “Chino” Navarro –el cerebro del Movimiento Evita que acabó en la Jefatura pero como secretario de Relaciones Parlamentarias– y Juan Manuel Olmos, histórico dirigente del PJ porteño que fue nombrado jefe de Gabinete de Asesores de la Presidencia y que “usa la calle que tiene y los contactos hasta con el Papa para comerle los talones a 'Santi'”, según cuentan los mismos informantes. En apenas un mes de gobierno ya tiene enemigos internos que lo masacran: “Tiene la misma experiencia que Axel Kicillof cuando llegó al Ministerio de Economía… Es buen tipo, tiene roce político, pero su único valor es que tiene la confianza de Alberto, hace lo que él le dice. No tiene contenido propio, confunde decretos con resoluciones, no sabe nada de administrar el Estado nacional. Pero tiene la oportunidad de su vida”.

Santiago Cafiero

Íntimo. Tal vez la imagen pública de este Cafiero, católico como toda su familia pero defensor de la legalización del aborto, no se hubiese instalado tanto en los últimos meses sin el rostro que lo convirtió en uno de los sex symbols del Frente de Todos junto a Axel Kicillof y Matías Lammens. Claro que tantas personas suspirando por él enojan un poco (aunque sea en tono de broma) a su esposa, Josefina Chávez, con la que lleva 18 años en pareja, cuatro de novios y 14 de casados por civil. Él tiene ganas de enlazarse por Iglesia. Ella duda, pero le insistió el año pasado para ir caminando a Luján. Cafiero se fotografió en redes sociales peregrinando con uno de sus hijos a cuestas.

Chávez, oriunda de Concordia, Entre Ríos, y licenciada en Comunicación, conoció a su marido en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Trabaja en el área de Relaciones Internacionales de la Universidad de Hurlingham y en la Asociación Civil Empleo Joven. Juntos tienen tres hijos que estudian en un colegio privado: Santino, de 13 años; Facundo, de 10, y Alfonso, de 6, de los que ella se ocupa mientras él se instala en la Casa Rosada de 8 a 21. Precisamente el horario de regreso despierta tensión en su hogar de la localidad de Martínez.
Los fines de semana, el jefe de Gabinete procura estar con su familia, jugar al fútbol, leer libros como “Pájaros en la boca”, de Samanta Schweblin; “Rabia” de Sergio Bizzio; “La fiesta del Chivo”, de Mario Vargas Llosa o “La rosca política” de Mariana Gené. Ya no tiene tiempo para recitales (el último al que asistió fue al de Ciro y Los Persas) y tiene que estar atento al llamado desde la Quinta de Olivos, donde lo espera el demandante Alberto Fernández. Desde la campaña perdió también la costumbre de ir a ver a River.

En uno de los primeros picaditos del nuevo gobierno en Olivos, Cafiero marcó los tres goles con los que alcanzó un agónico empate 4-4 el equipo en el que ataja el Presidente. Uno y otro están preocupados en mejorar la defensa. Fuera de la cancha, el jefe de Gabinete también trabaja en la contención, pero política, de Fernández. Y lo hace en dupla con el camporista albertizado Eduardo “Wado” De Pedro, ministro del Interior. Se jacta de compartir con él nuevas formas de hacer política que rompe ciertas lógicas de acción, como resolver problemas, desarmar conflictos, creer menos en las conspiraciones, rechazar operaciones y ser frontal. Diversos valores que contrastan con el kirchnerismo duro, pero que los tornan naif a los ojos de los políticos más rosqueros.

Ministro. Cafiero tendrá que ganarse su espacio como jefe de Gabinete, como en su momento lo consiguió Fernández en el gobierno de Néstor Kirchner. Sabe que otros cuentan con más experiencia que él. Busca aprender de funcionarios como el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz, y el ministro de Salud, Ginés González García.

Santiago Cafiero

Todos los días controla el presupuesto con su vicejefa de Gabinete, Cecilia Todesca Bocco. Casi no sale de la Rosada: una de sus pocas excursiones fue cuando cruzó la calle Rivadavia para tomar posesión de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) con su nueva interventora, Cristina Caamaño. Suele recibir a legisladores con los que negocia leyes, gobernadores urgidos de fondos o ministros que llevan proyectos y que muchas veces deben postergarse por la sequedad de recursos. En estos casi 30 días de gestión, también habló con intendentes bonaerenses para facilitar la aprobación de la reforma impositiva de Kicillof, aunque en el gobierno bonaerense le quitan mérito a sus llamados. Fernández está preocupado por la situación financiera de la provincia de Buenos Aires, que este mes corre riesgo de default.

Nieto. Un dirigente que conoce bien al Presidente y a su jefe de Gabinete asegura que se complementan y que este último aporta serenidad al primero: “Tiene la picardía y el manejo político de Antonio y la tranquilidad y reflexión de Juan Pablo”. Como otros nietos del ex gobernador, solía disfrutar escuchándolo hablar de política. Según cuentan quienes trabajaron con él en la Universidad Nacional de San Martín (Unsam), donde recaló como investigador después de su paso por el gobierno de Scioli y por intervención del entonces intendente de ese partido,

Gabriel Katopodis, Cafiero heredó de su abuela Ana, esposa de Antonio, la amabilidad. Su abuelo le aconsejaba una y otra vez que fuera tolerante a la frustración. Su padre, que había que “laburar”, tener una conducta y no enojarse porque lo subestimaran al compararlo con Antonio. Santiago aprendió de varias derrotas: la interna del PJ de San Isidro en 2004, las elecciones a intendente de ese municipio en 2011 y 2015, o cuando integró las listas de Florencio Randazzo en los comicios legislativos de 2017, en los que Esteban Bullrich derrotó a Cristina Kirchner.

Santiago Cafiero

Armador. Fernández había escuchado hablar de Cafiero antes de esas elecciones, pero se conocieron en ese momento, cuando el actual Presidente era jefe de campaña de Randazzo. Los presentó al pasar Katopodis, ahora ministro de Obras Públicas. Cafiero no solo investigaba en la Unsam sino que también estaba terminando su segundo y último mandato de concejal, había abierto una librería y editorial en San Isidro, Punto de Encuentro, colaboraba con la Defensoría del Pueblo bonaerense y frecuentaba otra vez la villa de La Cava, donde había comenzado su militancia a los 15 años con curas villeros y creado un comedor.

Tras la derrota de 2017 con Randazzo, Fernández convocó a una comida a varios, incluido Cafiero. El joven politólogo entonces planteó: “Le exigimos autocrítica a Cristina, pero nosotros no hacemos ninguna autocrítica por el 5 por ciento que sacamos. Nosotros somo los que debemos llamar a Cristina”.

La mayoría repudió su propuesta. Pero a fin de ese año, después de que la actual vicepresidenta convocó a Fernández para reconstruir el peronismo y derrotar a Mauricio Macri, el nuevo jefe de Estado llamó a Cafiero y lo invitó: “¡Basta de aventuras! Armemos la unidad del peronismo”.

Así se puso en marcha un viejo sueño que Fernández le comentaba a su gente cercana desde 2011: recrear el Grupo Calafate, que llevó a Néstor Kirchner a la Presidencia en 2003. Y le pidió a Cafiero que liderara su gestación desde comienzos de 2018. El 12 de mayo, Fernández tomó la palabra ante unas 40 personas que aceptaron su invitación al Centro Cultural Caras y Caretas, que había prestado el sindicalista Víctor Santa María. La mayoría de quienes lo escucharon no aceptó la convocatoria. Solo Cafiero y otros once lo siguieron y se convirtieron en sus “apóstoles”.

Santiago Cafiero

El grupo de los 12 pronto se reunió en WhatsApp y se dio cita en el bar Los Galgos, en la esquina de Callao y Lavalle, de donde tomó el nombre de Grupo Callao. Las reuniones sucedían cuando Cafiero citaba a sus integrantes: Matías Kulfas, Todesca Bocco, Guillermo Cháves, Fernando Peirano, Miguel Cuberos, Natalia De Sio, Federico Martelli, Victoria Tolosa Paz, Cecilia Gómez Miranda, Aníbal Pittelli y Camila García.

El peronista de San Isidro sugería los temas a debatir y coordinaba las actividades del grupo, que se presentó en sociedad en junio de 2018, un año antes del cierre de listas. Para entonces, todos tenían en claro que Cafiero era el líder: así lo había presentado Fernández.

Un testigo del nacimiento de ese vínculo lo cuenta: “Siempre se comunicaban, Alberto lo llevaba a los viajes que empezó a hacer por todo el país para empezar a acordar con los gobernadores y Santiago le decía ‘comandante’”. Entonces, Fernández empezó a repetir una frase: “Hablalo con Santiago”. Y con esa misma línea respondía a los pocos que ya lo postulaban como candidato a Presidente. Que lo hablaran con su mano derecha y organizaran algo. “Había algunos del Grupo Callao que a mediados de 2018 le decían a Alberto que tenía que ser el candidato y no Cristina, pero él les repetía que no podía proponerse a sí mismo”, relata una persona que conoció el funcionamiento del think tank albertista y sigue: “Surgió la idea de hacer una solicitada para proclamarlo como el candidato, pero no prosperó”. La madrugada del 18 de mayo de 2019, horas antes de que Cristina Kirchner anunciara con un video que sería la candidata a vice de una fórmula encabezada por Fernández, Cafiero se fue a dormir con ese secreto.

Perfil. Quienes conocen al jefe de Gabinete como compañero de trabajo o líder coinciden en que tiene un perfil bajo, aunque muchos de quienes lo ven desde afuera lo perciben demasiado canchero. Una persona que lo trata desde su época de funcionario bonaerense cuenta: “Cuando era candidato a intendente de San Isidro yo le decía que estaba para más, que era un Cafiero y además tenía buena presencia, pero él solo se reía”.

Sus amistades no solo son de la política, también las conserva del Jardín de Infantes N°2, la Escuela Primaria N°4, el secundario privado José Manuel Estrada, la UBA y hasta la familia. Cafiero militó en la JP noventista. Consiguió su primer trabajo en un estudio jurídico y después pasó a un banco. En 2007 resignó algo de salario, para disgusto de su esposa, y consiguió su primer cargo político como asesor del plan nacional de producción que delineaba el Ministerio de Economía. Acababa de terminar una maestría en Políticas Públicas en la Universidad Di Tella, donde se interesó por asuntos fiscales. Antes de la última campaña estaba haciendo el doctorado en Desarrollo Económico en la de Quilmes.

Santiago Cafiero

Cuando lo menosprecian, suele autodefinirse como un “simple librero” que dirigió la campaña de Fernández y venció el marketing electoral de su antecesor, Marcos Peña, y del consultor Jaime Durán Barba. En pleno proceso proselitista cerró la librería, el proyecto que compartía con su madre lectora, María Luisa Bianchi. Ahora suele decir que no necesitará hacer focus groups para enterarse del humor social sino que recurirá a sus contactos en La Cava y amigos de toda la vida, aunque tampoco prescindirá de esos métodos duranbarbistas.

Funcionario. Cafiero se ilusiona con frenar el deterioro de las clases baja y media. Pretende lograrlo con el reparto de las tarjetas alimentarias, el relanzamiento de Precios Cuidados, la baja de la inflación y la estabilización del consumo, objetivos en los que se acumulan años de fracasos.

Como todos los integrantes del Grupo Callao, habla de “desengrietar”, aunque la ley de solidaridad y sus impuestos al campo, a los ricos y al amplio universo de compradores de dólares por ahora ha sostenido la división entre ese 48 por ciento que los votó y el 40 que eligió a Macri. Sin embargo, reivindica el llamado Compromiso Argentino por el Desarrollo y la Solidaridad, que juntó el 27 de diciembre en la misma mesa a los movimientos sociales con la Unión Industrial Argentina (UIA) o las cadenas productivas de la soja y el maíz. Claro que ese acuerdo por ahora supone más una expresión de buena voluntad y nada concreto. Además, faltó a la cita la Mesa de Enlace, presionada por los tractorazos, aunque dos de sus cuatro entidades integrantes, Coninagro (cooperativas) y Federación Agraria (medianos productores), apoyaron el documento.

Otra duda radica en si también Cristina Kirchner y Kicillof están por la tarea de “desengrietar”. Ella apenas ha tenido contacto protocolar o en campaña con Cafiero. El gobernador habla directo con Fernández, igual que algunos ministros, como Solá. Tampoco es que pueden sentirse privilegiados: el Presidente mantiene abierta su comunicación por WhatsApp hasta con periodistas.

Santiago Cafiero

Para el jefe de Gabinete resulta clave que su ex padrino Katopodis reactive obras inconclusas e inicie nuevas y que el ministro de Economía, Martín Guzmán, renegocie las deudas con acreedores privados locales, de Estados Unidos, Europa y Japón, así como con el FMI. Las colocaciones de bonos de corto plazo con tasas de interés descendentes constituyen una buena señal de que los mercados recibieron bien el ajuste fiscal con redistribución de ingresos que aplicó Guzmán. Cafiero defiende la política exterior de Solá por su apuesta a la integración regional. También elogia el gesto de Cristina Kirchner bajándose de la carrera presidencial y hasta designaciones polémicas de personal sin suficiente experiencia, como las que hizo la jefa de la AFIP, Mercedes Marcó del Pont. 

Aunque se conocieron hace apenas tres años, Cafiero cuenta con la confianza ciega de Fernández.

La pregunta es si con eso le alcanzará.

 

Por Alejandro Rebossio y Daniela Gian

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Alejandro Rebossio

Alejandro Rebossio

Editor de Economía y columnista económico de Radio Perfil.

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