Domingo 29 de enero, 2023

POLíTICA | 03-12-2022 11:08

Interna oficialista: charlas, miedos y Mundial

Alberto Fernández volvió a hablar con Cristina y Máximo Kirchner, pero sin definiciones. Las cábalas del Presidente y las dudas sobre Lula.

Alberto Fernández no quiso cambiar. Le sugirieron varias alternativas, y quizás hasta en el algún momento las llegó a barajar. Pero la última vez la jugada le había salido bien y, con el camino entrando en un desfiladero muy angosto, no quiso cambiar el rumbo sobre la marcha. Por eso es que decidió ver el decisivo partido de Argentina contra Polonia igual que el anterior, contra México, en el que triunfó la Selección de Lionel Scaloni: solo con Fabiola Yáñez, su esposa, en la Quinta de Olivos. Y les avisó a sus colaboradores cercanos que no pasaran por la residencia para compartir el ritual. Cábala pura.

Pero la competencia deportiva más importante del planeta no es sobre lo único que el Presidente no da signos de querer pegar un volantazo. Sobre el tramo final del año, y con las elecciones del año que viene a la vuelta, Fernández todavía aspira a ubicarse en el centro del tablero del Frente de Todos mientras sigue resistiendo los intentos, cada vez más públicos, de que convoque a algún tipo de acuerdo para definir rumbo y, sobre todo, candidaturas. ¿Ganará este partido el mejor?

Ida y vuelta. La charla con Cristina Kirchner fue larga. No deja de ser una paradoja: las últimas dos conversaciones que Alberto había tenido con ella fueron cuando Martín Guzmán renunció intempestivamente a su cargo en el ministerio de Economía, y cuando la visitó al día siguiente del fallido intento de asesinato en su contra. Hasta ahora, el 2022 demostraba que los que compartieron boleta presidencial sólo se ponían contacto ante una situación límite. Y el último episodio volvió a confirmar esta tendencia: la vicepresidenta llamó al mandatario luego de que él se descompensara durante su gira en Bali. Fue una charla que no sólo tocó temas personales sino también políticos.

El último achaque de Fernández (una gastritis erosiva, luego de un cuadro de hipertensión y mareos que lo asaltó en plena charla con el español Pedro Sánchez) puso en alerta a todo el Gobierno. Al punto de que sucedió algo mucho más inesperado que la llamada de la vicepresidenta: su hijo le envió un mensaje y luego intercambiaron varios más. Con Máximo Kirchner, el mandatario no hablaba desde que este renunció a la jefatura del bloque del oficialismo en Diputados, a fines de enero. Desde entonces, el Presidente había cargado sobre el líder camporista todas las broncas y frustraciones que, por razones obvias, no podía enrostrarle tan abiertamente a la mujer que le dio la vida, y se despachaba contra él y contra su falta de compromiso en cada oportunidad que tenía. Sin embargo, ni en el kirchnerismo ni cerca de Alberto se hacen demasiadas expectativas en cuanto a una reconciliación: “El mensaje fue para mandarle fuerza, y hablaron de salud y cosas generales, no mucho más”.

Alberto volvió a la actividad oficial con una aparición en Pilar, el viernes 25 de noviembre, y un acto en La Plata en el que compartió escenario con Axel Kicillof, el lunes 28. Hasta entonces, las dudas sobre su salud (al regreso del viaje había realizado un último chequeo en el que le indicaron que tome distintos medicamentos) eran un tema que seguía todo el oficialismo. “Es un tipo grande, no puede mandarse solo a hacer una dieta, es un despelotado”, decía uno de sus amigos, en lo que era una preocupación extendida. Desde el entorno presidencial le bajan el tono a esa idea repetida. “Alberto dijo que había empezado era la ‘dieta Alberto’ porque fue una ocurrencia de él, eso de ‘dejar de comer’, pero la dieta que hizo es la ‘Keto’, que está muy de moda en estos tiempos”, dicen cerca suyo.

Partido difícil. “Tarde o temprano, la política se va a terminar ordenando alrededor de Cristina”, arriesga uno de los alfiles del oficialismo. El hombre apunta a los últimos movimientos -llamada a Fernández incluida- de la vicepresidenta: sus últimos actos públicos, la cena con los intendentes -entre los que estaba el albertista Gabriel Katopodis- y una larga serie de reuniones políticas de más bajo perfil pero entre las que sobresalen su reencuentro con Emilio Pérsico, del Movimiento Evita, con el que habían compartido una enemistad que estaba a punto de cumplir las dos décadas. Aunque esa fue una charla de reconciliación, hubo lugar para la política, y el piquetero se llevó una definición que luego hizo circular: CFK se declaró en favor de no levantar las PASO.

Aunque la declaración -hecha convenientemente a alguien que se supone del otro lado de la grieta oficialista- quizás esté motivada porque la vicepresidenta comprendió que no le dan los números ni los tiempos para cambiar la realidad, el tema esconde lo que tal vez sea hoy el gran tema de debate dentro del Frente de Todos: quién y cómo se resuelven las candidaturas del oficialismo para la Presidencia. En junio cierran las listas y, Mundial de por medio, el tiempo vuela. 

La última conversación entre Alberto y Cristina se difundió como una manera de aplacar estos ánimos, pero el tema sigue siendo central y de difícil resolución. “¿Mesa política para qué? Si Alberto ya habla con todos, gobernadores, intendentes, sindicalistas, legisladores”, dicen, con picardía, cerca del Presidente, donde además hacen hincapié en que el mandatario volvió a llenar su agenda con reuniones de rosca política. El mandatario quiere pesar en las elecciones del año que viene, ese es el mensaje que envían de este lado de la frontera.

El kirchnerismo, mientras, insiste con la idea de que la pelota está en el lado de Alberto, que ellos ya hicieron todo lo que podían hacer y que es él quien tiene que hacer la convocatoria pública para armar algún acuerdo con los socios del oficialismo. La última idea ya se la han hecho llegar desde todas las terminales al Presidente, que a veces está al borde de la irritación respecto a este tema. “Ya está, se lo dije cien veces, pero no quiere saber nada”, cuenta un ladero suyo, resignado. Además, la visita que esperaban para estas fechas como un espaldarazo público en días calientes, se demora y podría no llegar: el viaje que Lula, ya electo presidente brasileño, le había prometido hacer a Fernández antes de asumir, el 1° de enero. Desde el país vecino el albertismo no volvió a recibir ninguna novedad. Y las que llegan de acá son complejas: Alexis Guerrera se sumó a la lista de ministros que abandonan su puesto, esta vez por un problema de salud (ver recuadro).

Así las cosas, el futuro es una incógnita que preocupa de sobremanera a todo el oficialismo. El “ya está, vamos a perder” es una frase que se empieza a repetir con fuerza entre ministros y legisladores, que ya comienzan a mirar con temor al futuro. Habrá que aplacar, mientras tanto, los ánimos con el Mundial.

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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