POLíTICA | 09-07-2020 13:25

"Matar al mensajero": la batalla comunicacional dentro del Gobierno

En el oficialismo hay dos alas. La dura (Aníbal, Berni, Navarro, Tognetti) pide “más sangre” y apunta a Cafiero. En Jefatura se defienden: “No es lo que pide el momento”.

Durante los primeros años de la década del setenta, Montoneros intentó moldear a Perón para acercarlo a las ideas que, creían, eran las que necesitaba la patria. Con esa lógica en mente, varias veces le “sugirieron”, vía cartas que llevaba hasta Madrid Rodolfo Galimberti, que se sacara de encima al “gran caballo de Troya que representa la burocracia sindical” y que “dejara en claro que lo fundamental no era el juego de la política, sino la organización, el esclarecimiento y la acción de las bases del Movimiento”. En criollo, esa organización armada y aún en formación, le pedía al exiliado líder que endureciera el discurso y las actitudes, idea que nunca terminó de germinar en el General y que, con el tiempo, iría llevando las tensiones a un punto de quiebre. Y ahora, a pesar de que los tiempos son muy distintos, podría volver a ocurrir algo similar dentro del amplio espectro del movimiento peronista.

Está más que claro que el ala más dura del kirchnerismo está lejos de ser Montoneros, como el otro sector tampoco es la “burocracia sindical”, ni Alberto Fernández es Perón. Sin embargo, el proceso es similar: los primeros le piden al líder que endurezca el discurso, o al menos que mande a los suyos, a su Gabinete, a mostrarse más combativos. “Que pongan más sangre, que no saquen el pecho”, fue la metáfora que usó Aníbal Fernández, siempre poético. Es que el ex jefe de Gabinete, que ya en una entrevista con NOTICIAS en el verano anticipaba sus ganas de sumarse al Ejecutivo, es quizás quien lleva la bandera de un reclamo que algunos comparten pero pocos se animan a poner en palabras. “Nadie se ocupa salvo el Presidente de la comunicación. No puede ser que él se encargue de todo. Esto en el fútbol se ve con facilidad cuando los volantes se esconden y nadie pide la pelota”, repite Fernández en cada nota, y en una entrevista en C5N, en el programa de Juan Amorín y Sofía Caram, llegaría a blanquear sin vueltas que está para “cualquier cargo”. ¿Qué pensará el Presidente? La semana pasada, en pleno raid mediático del quilmeño, Alberto lo convocó a la Quinta de Olivos, donde almorzaron y compartieron ideas. Hace tiempo no se veían las caras.

Aníbal viene con ese espíritu desde hace varias semanas. “Pidan la pelota, loco, dale, ayuden un poco al Presidente”, había dicho antes en una entrevista con Daniel Tognetti. El periodista, hoy conductor diario en la AM 530, es otro que desde hace tiempo comparte la idea: “El Presidente es un tipo que tiene muy buena comunicación, pero su Gobierno no es bueno, el Gobierno Nacional comunica mal. Claramente comunica mal”. Luego redobló la apuesta: “Los del Gobierno tienen que salir a defender a Cristina, sin ella estarían paseando perros”.

No son los únicos. Junto con Tognetti hay otro periodista que tiene, en los papeles, simpatías oficiales pero que hace tiempo viene repartiendo dardos hacia el Gobierno, y especialmente hacia su área de comunicación. Es Roberto Navarro, director de “El Destape”, que en la mañana del miércoles 8 directamente tiró por la borda todo el protocolo: amenazó al secretario de Medios, Francisco Meritello, al decirle al aire que “tenga cuidado, porque quizás rompo la cuarentena”, luego de quejarse por una supuesta demora en el pago de la pauta publicitaria. Era una voltereta apenas elegante para intimidarlo con la violencia física con la que, hace no tanto, supo doblegar a Baby Etchecopar. ¿Navarro busca otro round?

En este bando también está, aunque en otro sentido, el todoterreno Sergio Berni. El ministro bonaerense pide, en público, que los funcionarios “aparezcan más en el territorio”, un dardo teledirigido a su par nacional, Sabina Frederic. Sin embargo, en su entorno cuentan que comparte las ideas de Aníbal. “Es fácil criticar y enojarse desde un escritorio, pero nosotros tenemos que poner la cara y arriesgar el cuerpo todos los días”, es una frase que circula en su círculo, en donde en los últimos días creció la tensión: luego del escándalo en el Puente La Noria los rumores de que el ministerio de Justicia bonarense, de Julio Alak, se fusionaría con la cartera que conduce Berni crecieron, y mucho. En esa simbiosis ya no habría lugar para el médico militar, muy resistido en el Gobierno nacional.

La mayoría de estas críticas apuntan a Santiago Cafiero y a la cartera que comanda, aún cuando un íntimo del Presidente se sincere ante NOTICIAS al decir: “Es la vieja táctica de intentar matar al mensajero para no pegarle a Alberto”. En la Quinta de Olivos -donde hace no tanto se repetía una maniobra similar en las críticas del macrismo hacia Marcos Peña- ponen la otra mejilla, como recomendaría el Papa Francisco, cuya sotana blanca suele asomarse por esos pagos. O, quizás, estén repitiendo la vieja estrategia de Winston Churchill, el británico que decía que “los que hablan mal de mí a mis espaldas sólo mi culo contemplan”.

Según la Jefatura, son todas críticas de “outsiders de la gestión, que están afuera de las decisiones políticas” un lujo que ellos, que “todos los días se levantan en medio de una flor de crisis” no se pueden dar. “Quieren radicalizar la situación y, en este momento no estamos de acuerdo. Quieren sangre, que nos vivamos enfrentando, y ahí tenés el riesgo de terminar quedando como Patricia Bullrich”, dicen, y reflexionan, con cierta razón, que con la impronta que están llevando “mal no va”: aunque los números de aprobación de Alberto Fernández bajaron desde abril, siguen siendo tan altos que, en palabras del periodista Carlos Pagni, “más de un presidente se cortaría una mano para tener la imagen que tiene hoy Alberto”. “La sociedad pide bajar los enfrentamientos y que cada gobernante se concentre en cuidar a su gente, que es lo que estamos haciendo. Para lo otro ya va a haber tiempo, ya va a llegar la campaña, y para eso tenemos al gente y tenemos los fierros, pero ellos no lo saben porque la ven de afuera”, cuentan en la Quinta.

En general, los especialistas coinciden con el ala menos confrontativa. Es el caso de Augusto Reina y de Juan Courel. El primero, polítólogo y director de Doserre y de Asacop, dice: “Desde el punto de vista de la opinión pública no hay demanda de nuevas caras, ni de más tensión, sino que hay un llamado a la paz, y a que el Gobierno ponga el foco en cuidar a los argentinos, antes que discutir. De hecho el Presidente, que mantiene un alto nivel de aprobación, tiene caídas cuando vuelve al clima de discusión política. El moderado, el que habla con la oposición, el que pida permiso y perdón, es el que mantiene más alta la vara”.

Para Courel, el consultor político que el año pasado fue una pieza clave en la campaña del Frente de Todos, “el Gobierno se está dando un trabajo de encapsular los conflictos. El debate ocasionalmente puede subir un poco de tono, pero después se vuelve a bajar. Conviven, como en todos los gobiernos, distintas alas y eso se ve y siempre ahí aparecen personajes reclamando más belicosidad, pero ninguno de los altos funcionarios del Gobierno están en esa línea”. Tampoco cree, como sostienen algunos de los que piden más protagonismo, que el Presidente salga afectado de ser la cara más visible del Gobierno. “Hay que relativizar el desgaste de la figura, sobre todo en esta crisis: es muy de manual pretender que el Presidente use voceros para los anuncios, una idea un poco simplista de comunicación y menos en pandemia, donde todos los mandatarios del mundo centralizan la comunicación”.

Por ahora el debate sigue abierto, aunque está claro que el Presidente, que acaba de tildar de “amigo” a Horacio Rodríguez Larreta en el acto por el 9 de julio, se apoya en el ala dialoguista. A futuro, cuando se acerca la campaña, quizás las olas cambien. ¿Podrá el Frente de Todos doblarse sin romperse?

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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