En el complejo ecosistema de vínculos que forjó Javier Milei antes de su irrupción volcánica en la política, su paso por el sector privado dejó huellas que hoy resultan irreconocibles para quienes compartieron oficina con él. Rafael Bielsa, quien fuera su jefe en Aeropuertos Argentina 2000, rescató del archivo personal la imagen de un hombre que dista años luz del actual "León" de la Casa Rosada.
Para el ex canciller, el Milei que trabajaba bajo su ala como asesor técnico era un perfil definido por la introspección y la eficiencia técnica, una versión que hoy choca de frente con la estética del agravio y la confrontación permanente.
El asesor silencioso
Bielsa recuerda a Milei como un profesional extremadamente dedicado a su área específica. "Era un tipo muy capaz en lo suyo", reconoce, destacando que su labor con los números y las proyecciones era impecable. Sin embargo, lo que más resalta de aquel entonces era su comportamiento social: "Era un tipo más bien solitario, callado".
Según el relato de Bielsa, el Milei de aquellos años no buscaba el centro del escenario ni protagonizaba escándalos de pasillo. Por el contrario, se caracterizaba por una convivencia pacífica con su entorno laboral: "No tenía roces con nadie", afirma el ex funcionario, pintando el cuadro de un empleado técnico que pasaba casi desapercibido fuera de sus informes.
La metamorfosis de la "repugnancia"
La sorpresa de Bielsa no radica solo en el cambio de estilo, sino en lo que él define como una degradación de la fibra humana. Al comparar a aquel asesor silencioso con el actual mandatario, el diagnóstico del ex canciller es tajante y cargado de rechazo: "Me repugna", disparó sin filtros.
El motivo de este sentimiento no es ideológico, sino ético y conductual. Bielsa critica lo que considera una "ausencia absoluta de compasión" por parte del Presidente y denuncia una "falta de respeto por el dolor del otro". Para su antiguo jefe, el exceso de adjetivación violenta y el lenguaje de "barbarie" que utiliza Milei hoy son elementos que no existían en el hombre que él conoció.
"No es el mismo"
La conclusión de Bielsa sugiere una transformación tan profunda que bordea lo irreconocible. La mutación del economista disciplinado que no generaba conflictos al líder que utiliza el insulto como herramienta de gestión política es, para el ex canciller, una señal de alarma.
En su visión, el actual Presidente ha dejado atrás cualquier rastro de aquel "tipo solitario" para convertirse en alguien que, según sus palabras, carece de la empatía más básica necesaria para el ejercicio del poder. Un archivo que, en manos de quien supo darle órdenes, se convierte hoy en una de las críticas más feroces a la personalidad del jefe de Estado.















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