Viernes 19 de agosto, 2022

POLíTICA | 30-07-2022 00:45

Sergio Massa: trastienda del nombramiento del superministro

Lobby, desafíos y el peligro de terminar siendo un placebo. La profecía de Néstor Kirchner.

“Quiero que salga un tuit de la cuenta oficial de la Cámara de Diputados, al que yo después voy a retuitear, que diga el día que viene Manzur a presentar el informe de la Jefatura de Gabinete”. En este nivel de detalle estaba Sergio Massa el pasado miércoles 27 de julio cuando los rumores sobre su desembarco en el Ministerio de Economía habían llegado al pico máximo. Fiel a su estilo, pretendía pasar un mensaje, pero no lo quería decir de manera directa: Juan Luis Manzur va a seguir siendo jefe de Gabinete. 

¿Por qué hizo énfasis en Manzur? Para ese momento, al rumor de Massa ministro de Economía se sumaba que el gobernador de Chaco Jorge “Coqui” Capitanich podría ser el jefe de Gabinete. Massa no quería esa compañía inesperada y además ya sabía que su ingreso al Gabinete no sería vía la Jefatura, sino el Ministerio de Economía.

Por la tarde del jueves 28, el panorama se aclaró: Massa será una suerte de superministro que tendrá dentro de la órbita de su cartera las áreas de Economía, Producción y Agricultura. El último ministro que tuvo esa triple función fue Martín Lousteau, pero duró apenas cuatro meses. El mejor antecedente es el de Roberto Lavagna, que duró tres años y medio. Este es el espejo en el que se mira Massa. La diferencia es que el tigrense tendrá solo “nueve meses”, como aclaran los suyos, para generar algún tipo de expectativa de cara a las elecciones del 2023. En mayo comenzará a girar la rueda electoral y ya no habrá tiempo para la gestión. Una sola cosa le inquieta. Cuando renunció Martín Guzmán y Massa le ofreció a Marco Lavagna ser ministro de Economía, acompañándolo en su posible desembarco en el Gabinete en aquel entonces, su colaborador le respondió que prefería mantenerse lejos del Ministerio porque su padre le había dicho que la última chance para que el Gobierno se recupere se había perdido hacía tres meses. Es decir que un hombre experimentado como Lavagna no ve oportunidades de mejoría para esta administración. Pero Massa se tiene fe.

La decisión de sumar al tigrense al Gabinete se tomó el sábado 23 en la comida que compartieron Alberto Fernández y Cristina Kirchner. A partir del lunes 25 se comenzó a trabajar en el diseño del desembarco: cómo, cuándo y con quién lo haría. Las opciones se discutieron entre el ministro del Interior Eduardo “Wado” De Pedro, el jefe de asesores Juan Manuel Olmos y el propio Massa. Era un secreto gubernamental que casi no sufrió fisuras hasta el miércoles 27 por la noche, cuando se filtró en el diario Clarín la decisión de nombrarlo ministro de Economía. La sospecha principal de la filtración recae sobre Manzur, quien, excitado por haber sobrevivido a la guadaña, habría hablado de más con algún periodista. El martes, el tucumano estaba desahuciado y se veía fuera del Gabinete. El miércoles recuperó el color. Suspicacias.

De los casilleros que se liberaron para que Massa los complete con su gente, al cierre de esta edición, tenía a disposición la secretaría de Producción, porque Daniel Scioli volverá de capa caída a la embajada de Brasil; la secretaría de Agricultura, porque Julián Domínguez renunció; y las secretarías de Hacienda y Finanzas, porque el equipo de Silvina Batakis quedó en duda tras el traslado de la ahora ex ministra al Banco Nación. Massa no podrá ocupar el casillero de la AFIP porque ya lo colonizó Cristina Kirchner con Carlos Castagnetto. De todos modos allí tiene, en la Aduana, a Guillermo Michel. Mercedes Marcó Del Pont fue trasladada a la Secretaría de Asuntos Estratégicos que hasta el jueves era ocupada por Gustavo Beliz. 

Las salidas de Beliz y Scioli son victorias de Massa porque con ambos funcionarios mantenía un fuerte enfrentamiento. Con Beliz nunca tuvo química y con Scioli el vínculo se quebró el 22 de junio de 2013. Aquel día cerraban las listas para las elecciones legislativas de ese año y Scioli coqueteaba con Massa para abandonar el kirchnerismo. En el último minuto, el ex motonauta lo llamó por teléfono y se bajó, y Massa jamás perdonó el desaire.

La previa

La ambición por erigirse en un salvador es constante. Antes de su actual desembarco en Economía, Massa tuvo otros intentos importantes que quedaron en nada. El primero fue cuando se perdieron las PASO del 2021 y Juan Manzur reemplazó a Santiago Cafiero en la Jefatura de Gabinete, luego cuando renunció Matías Kulfas, y por último, cuando se fue Guzmán. En las tres instancias, Massa sonaba como superministro, pero ejerciendo su poder desde la Jefatura de Gabinete. En todos esos casos, quedó a mitad de camino. ¿Qué cambió ahora? En esos diferentes momentos, el único que empujaba la situación era Massa. Alberto y Cristina tenían sus reparos. Esta vez, urgidos por la severa corrida cambiaria, el Presidente y la vice estuvieron de acuerdo en darle luz verde al tigrense, que hizo un fuerte lobby mediático –con operativo clamor de gobernadores amigos incluido– para llegar al Gobierno. 

Expectativa

Massa quería esperar al fin de semana para anunciar su desembarco y tener una salida triunfal de la Cámara de Diputados, pero el Presidente no podía seguir estirando los tiempos, por lo que decidió apurar los cambios al mismo jueves 28. La corrida cambiaria está haciendo mucho daño a la administración del Frente de Todos.

En el Gobierno se habla de un “efecto Massa”. Ya se puede vislumbrar un mejor trato de los mercados al flamante ministro –sobre todo en comparación con la saliente Batakis–, pero es cierto también que en estos días hubo una suba generalizada de los mercados y la Argentina está en mínimos históricos de sus cotizaciones, por lo que el único camino que tienen las acciones para moverse es hacia arriba. Massa suma, pero no es lo único, ni lo más importante, porque aún no presentó ningún programa económico. 

Es amigo de los empresarios, tiene buenas conexiones en Estados Unidos y también ostenta un vínculo amigable con los medios más importantes del país. Pero su principal problema sigue siendo el mismo: su mala imagen, que supera el 60 por ciento según algunas mediciones y que se asocia al despectivo mote de “Ventajita” que en los años recientes le colgó el macrismo, y que, con la inventiva de Jaime Durán Barba, lo retrató como un político inescrupuloso y capaz de traicionar a sus pares. “¿Alguien le compraría un auto usado?”, llegó a aguijonearlo el antiguo gurú ecuatoriano del PRO. 

Ahora, Massa tiene la oportunidad de redimirse. Se juega a todo o nada. Si las cosas le salen, se convertirá en un salvador con lustre de presidenciable. Si no, terminará siendo apenas un placebo inservible. 

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Rodis Recalt

Rodis Recalt

Periodista de política y columnista de Radio Perfil.

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