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Personajes / 21 de junio de 2018

Amelita Baltar: “Un cantante nunca se jubila”

La fe, la AFIP, los últimos días del tango y los primeros del rock, Troilo, Astor y Charly. Charla íntima con La Voz de Buenos Aires.

“Me gustaban los inviernos y los días nublados, pero me harté, me empecé a poner grande y quiero sol. Antes, un día nublado era bárbaro, me daba una paz. Ahora ya no soporto, me levanto y vengo acá”, cuenta Amelita Baltar. “Acá” es el último piso de un edificio antiguo de Recoleta. Lo que antes era la casita del portero ahora es la buhardilla y el depósito de recuerdos de una de las más grandes cantantes de tango de la historia. Aunque su departamento está en la planta baja, acá tiene el piano, el escritorio, la cafetera y a los “seres vivientes” que le tocan el alma: dos gatos veinteañeros de pelo largo, un perro y sus cactus. “Abajo voy a dormir nada más. Si abrís la heladera no hay nada, sólo una botella de gaseosa, la popular, porque abajo tomo el Malbec, y solito me cae pesado…”

Las paredes del cuarto hablan: hay retratos de sus dos hijos, tapas de diarios encuadradas, afiches de giras europeas y la foto en blanco y negro de cuando fue la voz de “María de Buenos Aires” –ópera de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer–, ella en el escenario y Astor atrás, con bandoneón y polera. A los 77 años, esta mujer que vio en pijama de seda a Aníbal Troilo, que despertó la admiración musical del Polaco Goyeneche y de Edmundo Rivero y que un buen día le colgó la galleta al propio Astor Piazzolla, acaba de ganar un premio Gardel por su álbum con la Orquesta Filarmónica de Montevideo, porque todavía sigue en el ruedo, sin melancolía ni piedad por el pasado, sin pelos en la lengua. “No puedo estar mucho tiempo haciendo lo mismo porque me rompo las pelotas, entonces salgo a la terraza, veo una ramita que creció, veo los cactus, saco unas hojas, corto otras, veo qué hay que fumigar y entro después de media hora. Todo lo que es vida te cambia la vida”, dice Baltar mirando por la ventana.

Noticias: ¿Qué cosas le preocupan a los 77?
Amelita Baltar: Me preocupa la gente, ver qué puedo hacer por ella, por todo lo viviente, por los animales. En Concordia hay un lugar donde ayudo, y si está lloviendo llamo y me preocupo. Como buena evangélica bautista que soy, oro mucho. Me preocupa el hambre de mi país. No puedo entender, por ejemplo, que un gobernador que hace 12 años que está en una provincia no agarre un auto una vez a la semana y vaya a ver los asentamientos de chapa, a las familias viviendo en el medio del campo sin nada que comer, y que agarre un camión y les lleve cosas. No puedo entender que no sepa qué está pasando. Agarrá un camión lleno de papas, cebollas, arroz, leche y te vas a ver un asentamiento.

Noticias: ¿Siempre fue bautista?
Baltar: Hace 23 años soy bautista. En el catolicismo vi cosas que no me gustaron, y lo digo con todo respeto, mucha hipocresía de gente que llenaba las iglesias, comulgaban y después salían y le pegaban a la mujer… Tengo unos 12 años de estudio de la Biblia, voy todos los domingos a las 11 al culto. Cantamos canciones maravillosas que te llenan el alma, después habla el pastor, que es un capo, recibido en seminario y enseña ética. Te limpia tanto el espíritu y a la vez te lo colma.

Noticias: Sigue tocando en teatros y otros escenarios, hace un programa de radio en La 2×4, hace yoga, da clases de interpretación…
Baltar: No tengo novio por eso (se ríe).

Noticias: ¿No piensa en novios?
Baltar: No pienso.

Noticias: ¿Por qué hace todo lo que hace, por placer, para mantenerse activa, para pagar cuentas?
Baltar: Cobro la mínima, no nos jubilamos los artistas, un cantante no se jubila. Yo era monotributista y me pasé por 20 lucas un año y a la mierda. Por 20 lucas de un concierto a fin de mes, me pasé y ahora tengo que hacer facturas. Me cagaron, pago IVA de todo lo que cobro. Por 20 lucas, imaginate todo lo que había ganado en el año, y por 20 lucas me pasé.

Noticias: ¿Escucha música?
Baltar: De tanto en tanto pongo algún disco de Charly García. Algunos amigos me decían: “¿Pero escuchaste cómo canta?”, y yo: “¿Agarraste alguna vez un librito de Charly? ¿Qué tanguero le escribió al proceso? Charly García le escribió a los dinosaurios. Los tangueros ya se habían terminado. Como una vez me dijo Astor: “El tango se terminó en el 50, negra, en estos chicos queda el futuro de la música y la poesía urbana de Buenos Aires”. Me lo dijo en el 72.

Noticias: Es decir que el rock toma la posta del tango…
Baltar: Agarra lo urbano. Troilo en los 60 ya se daba cuenta. Es que Troilo dormía hasta las 4 de la tarde, se comía un pucherito, se ponía el pijamita de seda… –ojo que lo adoraba al gordo, eh, tuve mucha relación–, después se iba a laburar hasta las 4 de la mañana, meta whisky, y no se dormía hasta las 6. Un día abrió la puerta de su casa y se encontró con que Buenos Aires era otra. Buenos Aires les cambió todo a los tangueros. La única que introdujo algo después de que se terminó eso fue Eladia Blázquez, pero no eran esos maravillosos tangos de amor que escribieron los grosos.

Noticias: ¿Podrá resurgir?
Baltar: No, no, “forget it”. Olvidate. No vuelve más. Hay unos cuantos poetas, ¿pero sabés lo que faltan? Melodistas. No hablo de músicos que arreglen, de melodistas. No hay un Mariano Mores, un Cobián (Juan Carlos). Entonces estos poetas le dan a otra gente los temas, y las músicas que les ponen, salvo honrosas excepciones, son horribles, desabridas, y poesías maravillosas quedan en la nada.

Noticias: ¿Le molesta que en todas las entrevistas le pregunten por Astor Piazzolla?
Baltar: No me jode. No quiero hablar más de él, siempre lo mismo, “¿cómo fue lo del Luna Park?”. Basta. Te conté porque me caíste bien.

Noticias: En 2012 grabó un disco, “El nuevo rumbo”, con la plana mayor del rock. ¿Por qué?
Baltar: Me gusta el rock casi más que el tango. Más que el tango no, pero la gente del rock es más piola de lo que somos los tangueros. Los rockeros me quieren, me ven dúctil, “open mind”, como dicen los norteamericanos. El día que llamé a Spinetta (Luis Alberto), creí que le agarraba un ataque, fue hace 6 o 7 años. Me dieron su celular, lo llamé y le dije: “¿Con Luis Alberto Spinetta, por favor?”. “Sí, soy yo, ¿quién habla?”. “Amelita Baltar”… “Ah sí, ¿qué tal? ¡Quién!”… No sé a quién le gritaba: “¡Me llama Amelita Baltar, me llama Amelita Baltar! Pero diosa, diosa mayor”. Y le digo: “No te pongas tan contento que te llamo para un pechazo”. “Ya te digo que sí, pedime lo que quieras que ya tenés el sí”. Y así fue. No quiso ni que fuera el remís a buscarlo, “pero voy en bicicleta, de rodillas el día que tenga que grabar”… Fue tanto el cariño y el amor. Y grabó “Laura va”.

Noticias: ¿El tango era territorio de machos cuando usted empezó?
Baltar: No te olvides que desde el año 30 estaban Azucena Maizani, Libertad Lamarque, Mercedes Simone. Eran más minas. Nunca le di bola a eso porque los más allegados a nosotros eran el Polaco Goyeneche y Edmundo Rivero, que era un señorito inglés. Un día llegó El Polaco mientras ensayábamos “Balada para un loco” y nos dijo: “¿Ustedes se dieron cuenta de que acaban de escribir la segunda ´Cumparsita´?” Y tenía razón. A donde voy en el mundo, Japón, Finlandia o cualquier otro lugar, si no canto “Balada para un loco” me tiran con los asientos. Al tercer tema ya alguien la pide.

Noticias: ¿Qué hace tan grande a ese tema?
Baltar: Es el público el que hace grande al cantante, es el público el que hace o no grande a un artista, y los buenos periodistas que saben apreciar qué es bueno y qué es malo. Cuando empezás a cantar, sentís una cosa que sale de la platea tan inmensa, se te mete adentro y te hace cantar mejor. A la segunda o tercera canción, soy Gardel. Hace unos meses, en un café concert termino de cantar y un hombre me dice: “Amelita, usted cada día canta mejor”, y le digo: “Soy como Gardel”. “No, no”, dice el tipo, “Gardel se murió a los 30 y pico de años, no sé si Gardel a los 76 cantaría cada día mejor como está cantando usted, así que no diga más eso”.

Noticias: ¿Hay algo de lo que se arrepienta?
Baltar: De no haberme cuidado más. En una época, cuando era joven, salía a bailar en vez de ocuparme de mi carrera, de buscar trabajo. En eso fue importante mi momento con Piazzolla, porque Piazzolla era derechito y eso me hizo bien. Yo hacía folklore, la estaba rompiendo en el folklore antes de que me llamara para “María de Buenos Aires”. Salía a recorrer el país con la guitarra y ganaba más guita que con Piazzolla, que no me pagaron el último mes de la ópera porque no tenían guita, siempre lo cuento.

Noticias: ¿A qué época de su vida le gustaría volver por un rato si pudiera?
Baltar: Volvería a cuando tenía cinco años y vivía en un campo. Me crié en el campo, con cuatro perros, un caballo, una cabra y un pato. Soy hija única, más sola que un perro solo… No estoy sola como un perro, estoy sola con un perro (se ríe). Esa fue la mejor época de mi vida. Ahora si me voy al campo, me tienen que enlazar para traerme porque no hay nada que me guste más que la naturaleza, los animales y eso. Amo mirar la vida desde la copa de un árbol. Me gusta mirar la vida desde afuera. Me gusta mirar una ventana de enfrente, no para chusmear, sino para ver cómo vive la gente, cómo reacciona, cómo unos salen corriendo si llueve y otros salen y se mojan. Me gusta observar la vida.

Noticias: ¿Qué es lo más lindo que le dejó la música?
Baltar: Puede parecer una estupidez lo que voy a decirte: lo siento en el aplauso del escenario, al final, esa ovación; se paran en el teatro y se paran en el café concert. Ese momento es como que no terminara nunca. Eso es lo que más disfruto. Después no me gusta ensayar, detesto ensayar, no tengo ganas de aprenderme las letras.

Damián Richarte
@DamianRicharte
Fotos: Marcelo Escayola