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Política / 2 de mayo de 2019

La trastienda del regreso de Alberto Fernández

Cómo reconquistó a Cristina Kirchner tras diez años de peleas. Campaña y visita a El Calafate. Su sueño: volver a ser jefe de Gabinete.

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Alberto Fernandez
Confiado. Si Cristina se presenta, y si gana, el ex jefe de Gabinete se imagina volviendo a ocupar su cargo.

Conseguir que se volvieran a sentar frente a frente no fue tarea sencilla. Varios integrantes del círculo íntimo de ella lo habían intentado en el transcurso del 2017, cuando soñaban lograr, dicen, que Florencio Randazzo y la líder de la oposición formaran un mismo frente. Sin embargo, lo único que los pudo unir fue el espanto ante la derrota. En febrero del 2018, luego de la victoria del PRO en Buenos Aires, Alberto Fernández subió, por primera vez, los escalones del Instituto Patria. Juan Cabandié, el diputado camporista que había sido el impulsor del reencuentro, lo acompañó hasta el despacho de la ex presidenta y luego lo encomendó a su suerte.

Pero Alberto, hábil en la política y aún más hábil con su lengua, no depende de la suerte para hacer y deshacer alianzas políticas, y al salir de la primera reunión en diez años con Cristina Kirchner estaba contento. Volvía a ser el armador oficial del kirchnerismo. Y esa alegría, con el transcurso del tiempo, se transformó en un sueño: volver a ser jefe de Gabinete en un eventual gobierno de Cristina Kirchner. El amor vence al odio.

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El regreso. Hoy Fernández, en palabras de un camporista que entra y sale del Patria todos los días, es un “rockstar” del espacio. “Si vas a ver a Cristina, él te abre la puerta. Y te la cierra también”. Es que el ex jefe de Gabinete de Néstor y luego de su esposa logró una hazaña de proporciones bíblicas. Primero logró seducir políticamente a CFK, de la que, desde que se había peleado intempestivamente en el 2008, había dicho barbaridades, como que “dejó una Argentina enferma”, “representó una etapa patética del peronismo”, “tiró por la borda todo lo que logró Néstor”, o que vive en un “mundo dual”, jugando con la idea de la bipolaridad de CFK, a lo que ella había devuelto con gentilezas como asegurar que era un “vocero” de Clarín. Pero ese regreso no fue lo único que logró el gran impulsor de la discriminación que sufrieron NOTICIAS y Editorial Perfil en el reparto de pauta oficial durante el gobierno K: se ganó el respeto de La Cámpora.

“Con Alberto tenemos eso que nos faltó en el 2017, un jefe de campaña que se pueda sentar de igual a igual con los gobernadores, con referentes de otros espacios de la oposición, que se banque entrevistas en los medios”, cuenta un referente camporista. Alberto se ganó la confianza de Máximo, con el que supieron entenderse para el armado de las elecciones provinciales: el hijo de CFK se enfoca en Buenos Aires, y al ex jefe de Gabinete le toca el resto de los distritos.

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De hecho, Fernández viene acumulando millas: viajó a Córdoba, San Juan, Tucumán, Salta, Chubut -donde tiene gran llegada con el hombre fuerte K, Martín Soria- y Entre Ríos, a reunirse con los candidatos y, en algunos casos, como en Córdoba, instar a los miembros de su espacio a que declinen su postulación para sumarse a la de los oficialismos locales. También viajó a Tierra del Fuego, donde tuvo un encuentro con Walter Vouto, candidato a intendente K de Ushuaia, y dio una charla para militantes. Alberto para todos.

Fernández también es el arma predilecta de Cristina para llegar adonde ella no puede ir. Es, por ejemplo, el canal más aceitado del kirchnerismo para tender puentes con Sergio Massa, con quien están cada vez más cerca. Tiene lógica: en su largo periplo político, desde que se fue del gobierno K, fue clave en la construcción del Frente Renovador y fue el jefe de campaña del tigrense en las elecciones nacionales del 2015. Con el senador Miguel Ángel Pichetto también tiene diálogo, y en marzo se reunió con Marcelo Tinelli.

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Ella y él. Con Cristina las diferencias del pasado parecen superadas. Hace un mes y medio viajó a visitarla a su casa en El Calafate, donde se sumó también Enrique Albistur, que estaba vacacionando en el sur. “Ya está con cama adentro”, bromean. Unos días antes de eso, por orden de la ex presidenta, Fernández había sido incorporado al comité del PJ nacional. “Cristina lo respeta mucho. Alberto es el único que no se guarda lo que piensa y se lo dice de frente, no como los alcahuetes”, cuenta uno de sus voceros.

Diferencias que ha tenido: no cree en la idea de “Cristina eterna”, siente que hay que darle lugar a otros referentes de la oposición, asegura que al espacio le falta autocrítica, y se diferenció en público del video que el director Tristán Bauer, ex funcionario cristinista, realizó con el audio de CFK donde contaba que viajaba a Cuba a ver a Florencia. Esa crítica, cuentan, trajo repercusiones puertas para adentro. “Tampoco es que nos perdonamos todo y somos los Pimpinela”, aclaró Axel Kicillof sobre su relación con Fernández.

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Por ahora, con 60 años recién cumplidos, Alberto, que se negó a hablar para esta nota, sigue firme junto a Cristina. Si todo le sale bien, y si ella se presenta y gana, en diciembre van a seguir juntos, pero en la Rosada.