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Economía / 6 de mayo de 2019

Trump, FMI y Macri, aliados electorales para controlar al dólar

Historia de cómo el Fondo archivó su oposición a que el Banco Central vendiera reservas. Riesgo país y encuestas a favor de CFK.

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

El jefe del FMI para el continente americano, Alejandro Werner, es un cordobés cuya familia se exilió en México en la dictadura y se doctoró en economía en el Massachusetts Institute of Techonology (MIT) en 1994. Ese año recibió allí el mismo título su compañero Gustavo Cañonero, actual vicepresidente del Banco Central que venía de hacer un master en el instituto IDES, fundado por Aldo Ferrer. Atrás quedaron aquellos tiempos, pero continúa la amistad. Werner fue uno de los que impulsó dentro del FMI la flexbilización del uso de las reservas del Central para controlar al dólar en el año electoral.

En septiembre pasado, cuando se firmó el último acuerdo con el Fondo, quien se resistía a que la autoridad monetaria vendiera reservas era el subdirector gerente del organismo internacional, el norteamericano David Lipton. Ex funcionario del gobierno de Bill Clinton y ex directivo del Citi, estaba empecinado en que la Argentina no dilapidara el mayor préstamo que ha dado el FMI en su historia para financiar la fuga de capitales. Ya habían quemado reservas los ex presidentes del Central Luis Caputo y Federico Sturzenegger.

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Caputo había explicado a Lipton que la Argentina era distinta y que la inflación no iba a caer sólo con apretón monetario sino con control del tipo de cambio. Pero el número dos del FMI, donde EE.UU. tiene poder de veto, se mantuvo firme. Dentro del Fondo prevalecía el dogma de que el dinero de los contribuyentes de los países que lo financian –los más ricos del planeta– no debe servir para rescatar a inversores especulativos que quieren desprenderse de los activos del país en riesgo de default. Lipton terminó provocando el despido de Caputo. En su reemplazo llegó un soldado del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne: Guido Sandleris. Quien permaneció fue Cañonero, que había llegado al Central de la mano de Caputo, ex compañero suyo en el Deutsche Bank.

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La directora gerente del FMI, la francesa Christine Lagarde; Mauricio Macri y el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne.

Cambio. Este 29 de abril, el FMI terminó cediendo: dio el permiso para que el Central venda sin restricción –por lo menos conocida– los dólares del préstamo. Es habitual que los argentinos se dolaricen los meses previos a los comicios, pero esta vez algunos temen que triunfe Cristina Fernández de Kirchner, creadora del cepo cambiario, y suspenda los pagos de una deuda que Mauricio Macri aumentó de forma exponencial. Cada vez más inversores financieros apuestan a una reestructuración de la deuda, aunque admiten que la ex presidenta sería más dura para negociar que el actual.

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La amistad de Werner y Cañonero puede haber contribuido al cambio de opinión del Fondo sobre el uso de las reservas, pero la razón principal abreva en el apoyo de los Estados Unidos de Donald Trump y las demás potencias occidentales a Macri y su rechazo a un regreso de lo que llaman populismo y que lo ven encarnado en el kirchnerismo. No sólo se preocupan por los negocios de sus empresas en la Argentina sino por el impacto que un giro en el país pueda tener en el resto de Latinoamérica, tierra codiciada por China y Rusia. Sólo Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua quedaron gobernadas por la izquierda, cada una con suerte diversa. Ya no impera en El Salvador, Honduras, Ecuador, Brasil, Chile o Paraguay. Sólo quedaron las moderadas versiones de México y Uruguay.

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Infografía: Fernando San Martín

“El apoyo de la comunidad internacional a Macri es inédito en la historia de la Argentina”, admite un alto funcionario de Cambiemos. “Dada la magnitud del préstamo del FMI (US$ 57.000 millones), si la Argentina cae, le pegará a la burocracia del organismo y a los países que apoyaron”, continúa el análisis. La directora gerenta del FMI, la francesa Christine Lagarde, cobija ambiciones de proseguir la carrera en su país o en instituciones europeas. Lipton, Werner y el encargado del caso argentino, el italiano Roberto Cardarelli, también deberían explicar por qué recomendaron al directorio del Fondo la aprobación de un megacrédito tan riesgoso.

No sólo Trump apoya a la Argentina: también Shinzo Abe, primer ministro de Japón; Angela Merkel, de Alemania; Theresa May, de Reino Unido, y Emmanuel Macron, presidente de Francia. Algunos diplomáticos de los países del G7 comentan en privado y sin tapujos que Macri es su candidato, mientras que otros se muestran menos entusiasmados tras la crisis que estalló en 2018. Mientras, la China de Xi Jinping sigue respaldando a la Argentina, más allá de los cambios de gobierno, e incluso se jacta de ayudarla más que Estados Unidos. Juegos de seducción en el patio trasero estadounidense.

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Infografía: Fernando San Martin

Pese al apoyo político claro de la superpotencia a Macri, que ya venía de tiempos de Barack Obama, había resistencia a flexibilizar el uso de reservas. También en 2001, el FMI dio un préstamo a la Argentina que sólo sirvió para financiar la fuga de capitales a un tipo de cambio de un peso por dólar. “Hoy, los fundamentals, como resultados fiscal y de cuenta corriente (sobre todo, la comercial), están más alineados que en aquella época o que cuando Sturzenegger reventaba reservas para mantener el dólar a 20 pesos”, evalúa el alto funcionario del Gobierno. “El peso no está apreciado como en 2001 o 2018”, prosigue. Si se toma un tipo de cambio real (ajustado por inflación) multilateral (en relación con las monedas con las que comercia la Argentina, no sólo el dólar), con base en 100 al 17 de diciembre de 2015 (cuando se eliminó el cepo), en 2001 estaba a 69; el 10 de diciembre de 2015 (cuando cambió el Gobierno), a 74; el 23 de abril de 2018 (cuando se escapó el dólar), a 90 y el 26 de abril pasado, a 124. Claro que en septiembre pasado el peso ya estaba bien devaluado y el Fondo se resistía. ¿Qué cambió? El crecimiento de Cristina Kirchner en las encuestas y la suba del riesgo país.

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No sólo Lipton se oponía al cambio sino todo el staff, aunque Werner y Cardarelli se mostraban más comprensivos. Lagarde, más política, también lo entendía, pero nadie ponía la firma para reformar el dogma. Dujovne y Sandleris viajaron del 12 al 14 abril pasado a la última asamblea del FMI para convencerlos, pero no pudieron. El 17 de abril, como parte del lobby argentino, los economistas Eduardo Levy-Yeyati, Miguel Kiguel y Marcos Buscaglia publicaron un artículo en el Financial Times que se titulaba “El régimen cambiario de la Argentina está quebrado”. Levy-Yeyati llegó a hablar con Werner, que se mostró dispuesto al cambio. Ese mismo día se conoció el paquete de medidas K de Macri para revertir la caída de imagen y una encuesta que pronosticaba una victoria contudente de Cristina Kirchner en segunda vuelta, con lo que el riesgo país empezó a galopar hasta cruzar el 25 de abril la barrera de los 1.000 puntos básicos, señal de peligro de default.

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Burócratas del fmi. El subdirector gerente, David Lipton, y el jefe para América, Alejandro Werner, divididos por la Argentina.

Motivos. La combinación del riesgo país y los sondeos terminó de persuadir a Estados Unidos de que el FMI debía relajar su postura, según fuentes cercanas a Macri. Son las mismas que aseguran que el propio Presidente llamó a Trump para rogarle el cambio. El vocero de Macri lo desmiente. Lo concreto es que el Fondo terminó aceptando lo que rechazaba dos semanas antes.

“Lo que no quieren es que vuelva Cristina, la ven como disruptiva para la Argentina y la región, temen que las haga más impredecibles”, opina el alto cargo de Cambiemos. “El apoyo de Estados Unidos a Macri desde 2016 es porque había que pasar página. Él supo vincularse con los líderes del mundo, viajó mucho, organizó el G20 y cosecha sus frutos”, continúa. Eran tiempos en que aún no había vencido Jair Bolsonaro en Brasil y Macri lideraba el cambio regional. “Pero, además, el Fondo sabe que está jugándose la devolución del mayor préstamo que dio en su historia y entiende que las reservas a esta altura ya no se usarán para financiar una paridad de cambio ficticia”, completa el funcionario.

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Infografía: Fernando San Martín

Un poderoso hombre de negocios con fuertes vínculos entre la Argentina y Estados Unidos reconoce que allá se observa la elección como binaria, entre Macri y Cristina Kirchner: “Cristina es game over para los inversionistas nuevos y financieros. Si gana Macri, algunos creen que hará las reformas necesarias y otros que no”. Atribuye el cambio del FMI a la “política estratégica de Macri en la región, la relación personal que mantiene con Trump desde los tiempos en que eran empresarios y el riesgo para el futuro político de Lagarde si la Argentina fracasa”.

Héctor Torres, que fue representante argentino ante el FMI entre 2004 y 2008 y entre 2016 y 2017, formula un análisis tajante: “El FMI tiene la obligación de apoyar a la Argentina, no a un gobierno en particular. Concentrar el 90% del desembolso de un programa de tres años en el último año y medio del gobierno de Macri deja vulnerable al próximo gobierno. Es evidente que en el FMI hay una fuerte influencia de la relación personal entre Trump y Macri”.

Actual asociado emérito del canadiense Centre for International Governance Innovation, no se atreve a asegurar que sea un apoyo antikirchnerista, pero sostiene: “Usamos el término populismo en forma muy vaga. Cualquier política diferente de lo que esperan los mercados es calificada de populista. Y le aclaro que yo difiero de las políticas del gobierno anterior”. Torres critica la nueva politica del Central: “Usar los dólares del FMI para comprar pesos es financiar la salida de capitales. Los dólares del FMI son de uso alternativo: si los usamos para comprar pesos, no podremos usarlos para saldar deuda pública en dólares”.