Wednesday 19 de June, 2024

COSTUMBRES | 28-12-2023 18:46

Cómo resistir sin desbordarse este fin de año tan estresante

El cierre de un ciclo siempre plantea incertidumbre. Los cambios que vive el país suman desconcierto y angustia. Cómo desconectarse para sentirse mejor.

El fin del año debería ser un tiempo de alegría, pero suele ser un momento de gran estrés. Las razones para sentirse ansioso y hasta frustrado son muchas. La sensación del fin de un ciclo y la incertidumbre por el que comienza; el balance personal que no siempre da positivo, la ausencia de seres queridos que se nota especialmente en las mesas familiares y el trajín por preparar los festejos y las vacaciones son las principales razones para desbordarse.

Eso pasa siempre cada fin de año. Pero a estas fechas, este vez, se le suman factores singulares: los cambios políticos en el país, con su enorme cuota de incertidumbre, más el pronóstico de que 2024 será uno de los años más difíciles de los que tengamos memoria, suman angustia y desazón a una época que debería ser de felicidad. ¿Cómo manejamos tanta presión sin dejar de disfrutar los momentos gratos? Los especialistas nos dan una respuesta.

Brindis

Festejos y fin de ciclo

“Los aniversarios y las fiestas suelen ser disparadores de situaciones que precipitan ciertas experiencias traumáticas”; define Cinthia García Fiorillo, terapeuta especialista en psicotraumatología, que explica que los cierres de año siempre activan el sistema nervioso central. “Empezás a sentirte ansioso, a querer iniciar actividades. A preguntarte por el año que comienza. Pero también a hacer balances. Suele incrementarse una sensación de frustración, de hiperexigencia. Te hacés cargo de decisiones que tomaste, de los vínculos que cortaste”, explica.

Las reuniones familiares de la época son un tema en sí mismo. El aumento del contacto, los desacuerdos (especialmente si se toca la tríada de la polémica: política, sexo y religión), las heridas del pasado o verse en la obligación de compartir la mesa con alguien que no nos simpatiza, puede ser motivo de mucho enojo y displacer. Fiorillo aconseja “aprender a regularse”. “Regularse es la capacidad de reconectarse con poder elegir. En términos conductuales significa preguntarse qué siento, dónde lo siento y que me puedo brindar en términos de conducta, en cada situación. Cuánto vincularse con el otro y cuánto no. Cuánto permanecer en un lugar y cuánto no. A fin de año aumentan mucho los sentimientos de soledad en algunas personas. Si estoy triste, es clave buscar hablar con alguien, pedir ayuda o contención. Y al mismo tiempo tener en claro que es importante mantener vínculos, pero no a costa de lo que sea”, opina.

Gente

Diana Sahovaler de Litvinoff, psicoanalista de APA (Asociación Psicoanalítica Argentina) pone el acento en la necesidad de crear el momento perfecto. “El humano es insatisfecho por naturaleza, nunca logra materializar todos sus proyectos. El fin de año nos enfrenta a esa relación entre nuestros ideales y la realidad, y es habitual la frustración, la culpa, los reproches. Es bueno encontrarse con la aceptación de lo que se pudo y lo que no, y pensar que uno hizo lo mejor”, explica la especialista.

A propósito del estrés, el psicólogo Walter Ghedin explica: “se trata de un estado de tensión, de alarma frente a lo incierto, la sensación de que algo amenaza y que tenemos que estar preparados. El fin del año provoca sentimientos encontrados: queremos disfrutar, pero al mismo tiempo estamos a la defensiva. En esta época uno extraña ser un niño, que no se daba cuenta de las tensiones familiares ni de la incertidumbre”.

La política como conflicto

Los cambios vertiginosos que impulsa el nuevo gobierno, a pocas semanas de asumir, están produciendo un gran desconcierto que afecta especialmente la economía personal y familiar. En esta época del año, esto se asocia a dos factores fundamentales: las compras y gastos típicos de la época y el inicio de las vacaciones. El clima de conflictividad social creciente, además, eleva el grado de tensión que vivimos todos.

Dinero

“A los factores tradicionales de estrés se suman una incertidumbre por el rumbo del país y la sensación de que nos esperan tiempos difíciles. De hecho, más que incertidumbre, para mucha gente es una certeza”, explica Sahovaler, quien recomienda apoyarse en la contención que dan los vínculos. Fiorillo se suma al consejo y llama a, en la medida en que el tiempo y el bolsillo lo permita, no dejar de frecuentar lugares y personas que transmitan calma y seguridad, y preservarse de situaciones de conflictividad.

“No huir, pero si ejercer el derecho a elegir. Buscar la sensación de control, no en un sentido obsesivo, sino en el sentido de que ‘tengo opciones’. La sensación de no controlabilidad dispara el sistema nervioso central, porque se percibe una situación de peligro. No saber qué va a pasar con las medidas económicas, a cuánto van a aumentar las cosas. Eso puede generar trastornos de ansiedad pero también de depresión y estrés postraumático”, explica Fiorillo.

En la misma línea, Ghedin recomienda no anticiparse a lo que se cree que va a suceder. “La mente construye escenarios posibles para defendernos vislumbrando situaciones críticas que podrían no ser tan graves”, explica el especialista, quien también piensa que “no es saludable guardarse las emociones” y recomienda “compartir con los seres queridos lo que nos pasa”. Y si las discusiones por política en los encuentros son inevitables, pensar antes de reaccionar: “¿Vale la pena que me angustie o me irrite de esta manera?”, es una buena pregunta-guía para evitar que la situación se desmadre y la ansiedad arruine una situación social que, más allá de la crisis, es una oportunidad para reconectar con los otros.

Pareja

Y si todo eso falla, para eso están las vacaciones. Despejarse es una buena forma de comenzar el nuevo año y una meta concreta que reconcilia con el futuro cercano. Tal vez no será tan fácil en 2024, serán menos días, o en algún lugar más cercano; pero como sugiere Fiorillo, es importante preguntarnos “qué me puedo brindar para estar mejor”.

“En una pausa podemos cuestionar maneras de actuar ya existentes, se nos pueden ocurrir nuevas ideas o podemos simplemente apreciar la vida que tenemos. Sin parar un momento a observarnos a nosotros mismos, ¿cómo podemos analizar qué otras cosas podríamos hacer o en quién nos podríamos convertir? Si avanzamos siempre sin descanso, ¿dónde queda el espacio para el corazón?”, propone Robert Poynton, educador, fanático del estilo de vida “slow” y autor del libro “Pausa” (Koan).

Cuando los problemas parecen no tener solución, alejarse, desprenderse, desenchufarse, pueden ser un primer paso para encontrar la salida. Para eso es importante la pausa que marcan las vacaciones.

 

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Tomás Rodríguez

Tomás Rodríguez

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